Una feria que apuesta por la maestría artesanal - Cultura

Una feria que apuesta por la maestría artesanal

A Santiago de Cuba y al vitral como manifestación artesanal está dedicada Fiart 2017, que hoy cierra sus puertas en Pabexpo

Autor:

Aracelys Bedevia

En un espacio para la cultura, independientemente de que lo ofertado sea un objeto de uso en la vida cotidiana, se convirtió la Feria Internacional de Artesanía Fiart 2017 en su 21ra. edición. Luego de muchos años de intenso trabajo, en pos de que esta fiesta de los pueblos promoviera una artesanía de calidad con precios asequibles al bolsillo del cubano, esta edición ofreció la posibilidad de que muchas personas pudieran llevarse a casa al menos una pieza entre las muchas que en ella se ofertan.

Artesanos de todas las provincias de Cuba y de 17 naciones con una rica tradición artesanal, como Argentina, Colombia, Chile, España, China, Guatemala, India, México, Brasil y Uruguay, esta vez trajeron muestras de sus creaciones.

Un salto importante en la diversidad y rigor de las piezas se evidencia en el evento, donde se impuso el uso de la técnica y las habilidades artesanales como expresión de la identidad y diversidad de los pueblos.

Bien rigurosos fueron sus organizadores al seleccionar los productos que se expondrían o comercializarían. En materia de bisutería, por ejemplo, se logró dejar fuera el carnaval de baratijas de pésima calidad que nos llegaba de otras regiones del mundo, aun cuando todavía se nos «cuelan» objetos demasiado comerciales que están en cualquier feria (los mismos bolsos y bufandas, como si fueran esos los únicos elementos identitarios de esas culturas).

La presencia del diseño contemporáneo aplicado a la obra artesanal, vehículo integrador de tradición y modernidad, distingue también a esta fiesta de los artesanos, que hoy cierra sus puertas al público en el recinto ferial Pabexpo, bajo el lema Arte, utilidad y oficio.

Vitrales, calzados, lencería, esculturas, muebles, tallas, cerámicas y accesorios, ocuparon los espacios habilitados para la ocasión, muchos de ellos liderados por profesionales devenidos artesanos (diseñadores de formación, arquitectos, ingenieros y otros especialistas).

La presencia cada vez mayor de esos profesionales enaltece esta fiesta de la artesanía y es muestra de que emerge con fuerzas un pequeño grupo de productores independientes, con propuestas capaces de sustituir las importaciones.

Sin embargo, ¿hasta qué punto podría pensarse en esas y otras ofertas de producción nacional, para sustituir importaciones, o ser exportadas cuando la escasez de materia prima sigue siendo la mayor dificultad que enfrentan los productores?

Productos ecológicos y de buena factura

El buen gusto y la calidad se impuso en la mayoría de los stands. Entre los más destacados estuvieron los de la filial de Santiago de Cuba, provincia a la que está dedicada la feria. Con materiales ecológicos elaboraron los santiagueros muchas de sus piezas. Haciendo uso de la fibra de malangueta (planta invasora que abunda en esa región), la familia Bello, de Contramaestre, (proyecto Fusión Bello Arte y Cubanía) elabora bolsos tejidos a mano, con aplicaciones de tela y accesorios de coco; chalecos, sandalias… También usan el guaniquiqui, el mimbre y el yarey para hacer jabas, cestos y espirales decorativas.

«Fusionamos varias técnicas. El tejido en fibra con el crochet y el entintado», explicó a Juventud Rebelde Enrique Bello, quien declaró que en su casa todos son artesanos. «Mi madre, Victoria Rodríguez Águila, fue quien nos enseñó. Con 88 años trabaja el crochet. Los vestidos entintados con el busto tejido pertenecen a mi hermana (Mercedes Bello). Así logramos un producto artístico y utilitario».

De la malangueta crea, igualmente, Gloria Nápoles (profesora de Educación Laboral y Dibujo Técnico) muñecas de diversos tamaños con vestidos coloniales y sombrilla, mariposas, cintillos, aretes. Gloria es Premio Iberoarte en los años 2000 y 2007, Premio Unesco a la Maestría Artesanal 2006, y Premio Fiart 2009.

Salvador Romero (Premio Fiart 2009, y Premio por la Obra de la Vida 2012) también hace lo que quiere con el yarey y el guaniquiqui (planta del monte que se da en cualquier lugar y se corta en la fase lunar de cuarto menguante). Hizo sus primeros muebles al concluir el servicio militar y, participa en Fiart desde la primera edición.

En papel maché, Ernar Rosales y Miladis Cedeño, otros de los santiagueros participantes, han puesto a disposición del público una amplia gama de juguetes: flautas, maracas, títeres, máscaras de superhéroes, autos antiguos, así como objetos para ambientar el hogar: mariposas, fruteros…

Con lámparas y estantes en madera, se presentó el Grupo Sámago, que se destacó por lo novedoso de sus diseños. Los vitrales traídos por el Estudio Dávila sobresalieron entre las propuestas de este año. Premio Unesco, Sello a la Excelencia 2016 y Premio Fiart 2010 y 2017, el estudio Dávila trajo, además, mamparas y espejos. Mientras que Humberto Gómez optó por la orfebrería, el papel maché, la bisutería; y el Grupo Cobo puso a disposición del público sus espejos grabados con arena silice tirada a presión. «Lo hacemos igualmente en lámparas, vasos, logotipos de compañías. Trajimos solo esta pequeña muestra porque es la primera vez que venimos y estamos experimentando», dijo Roxana Rodríguez.

Premios Fiart 2017

Organizada por el Fondo de Bienes Culturales, esta fiesta del arte y la creatividad de los pueblos también ofreció un homenaje a la obra de Rosa María de la Terga, una de las más prestigiosas vitralistas de la Mayor de las Antillas.

El encuentro tuvo entre sus principales atractivos, además de la expoventa, la presentación del proyecto Ecos Luminaria, resultado de un taller de formación en técnica de vitral, en colaboración con el Instituto Superior de Diseño, la Oficina Nacional de Diseño y la Oficina Regional de Cultura para América Latina y el Caribe de la Unesco. 

Otro momento importante fue la participación de músicos que trabajan con instrumentos realizados de manera artesanal, así como las presentaciones de libros, revistas, y la conferencia magistral impartida por Ulf Brunne, rector de la Universidad del mueble de Suecia.

El afán renovador, calidad, originalidad y aplicación utilitaria de los objetos presentados, primaron en esta feria. Uno de los premios lo obtuvo el santiaguero Sergio Dávila, en reconocimiento a su manera de reflejar la influencia de la abstracción geométrica y el ajuste que logra entre los diseños y las propiedades del material. También resultaron premiados el taller El Piolín, de Uruguay, por la juguetería; el villaclareño Gregorio Duménigo del Castillo, por su imaginería sincrética a base de conchas y caracoles, y el grupo Mosaicos Habana, por las composiciones ornamentales y utilitarias.

En materia de muebles los laureados fueron el Sillón Betico; el conjunto de mesas y sillas, de Roberto Ripoll, y el multimueble del proyecto Aldecoa, liderado por Adrián Fernández y Lourdes Milanés. En stands el Premio Fiart 2017 fue para Almacenes Mata y Roberto Ripoll.

El arquitecto Gonzalo Córdova se alzó con el Premio Crecemos, que concede la Fundación Caguayo, por sus aportes a la integración de las disciplinas artesanales con el diseño de ambientes interiores.

Justicia hacen estos lauros a quienes con su ingenio y habilidades manuales contribuyeron a realzar la calidad de la feria, pese a que en términos generales faltó creatividad en el diseño y presentación de algunos de los stands, tanto nacionales como foráneos. Preocupante resultó la escasa participación de artesanos extranjeros de reconocido prestigio.

No obstante, el saldo en general fue muy positivo. Fiart 2017 mostró los nuevos caminos por los que transita la artesanía, al tiempo que permitió fortalecer el intercambio y multiplicar, a través del arte, la idiosincrasia y tradiciones de los pueblos. La próxima feria estará dedicada a Villa Clara y al mueble artesanal.

El jurado otorgó mención a las muñecas de Gloria Nápoles.

El Estudio Dávila recibió uno de los premios. Fotos: Laura Borges

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