Vuelve el sueño mundialista

Para fomentar el desarrollo balompédico en Cuba necesitamos más balones, mejores canchas y elevar el nivel de los entrenadores

Autor:

José Luis López

Por estos días, la euforia y los gritos de ¡goool! inundan las calles, parques y terrenos de todo nuestro país. Foto: Franklin Reyes Vivimos las emociones de otra Copa Mundial de Fútbol, y nuevamente la euforia y los gritos de ¡goool! inundan las calles, parques y terrenos de todo nuestro país.

Una pelota y dos piedras simulando la portería es lo que se necesita apenas para practicar este deporte, que en nuestra Isla es el segundo de mayor masividad, detrás del béisbol, pero delante del voleibol y el baloncesto.

Mas la «epidemia» futbolística que nos contagia mientras dura un Mundial, disminuye día tras día hasta diluirse totalmente, una vez que se escucha el pitazo final, en espera de otro cuatrienio. Y mientras tanto, nuestras selecciones nacionales ganan, empatan y pierden en lides eliminatorias del área de CONCACAF, de cualquier categoría, contra sus similares de Trinidad y Tobago o Costa Rica, países que vimos en la actual Copa.

Y Léster Moré no es mucho menos goleador que Paulo Wanchope, ni Alain Cervantes menos habilidoso con el balón que el trinitario Dwight York. Si ellos llegaron, Cuba también puede alimentar el sueño mundialista. Tradición nos sobra, aunque algunos digan que no. Se los pruebo con unas pinceladas: según reza en los archivos, en fecha tan lejana ya como 1911, se efectuó oficialmente el primer juego de fútbol en nuestro país, entre los equipos Rovers y Hatuey. Se dice, además, que alrededor del año 1890 un barco yanqui recaló en la bahía de Santiago de Cuba y sus marineros, al bajar a tierra, solicitaron a los nativos jugar... al fútbol, no al béisbol. Y consta en estadísticas de la época, que durante las décadas de 1920-30, el fútbol llegó a ser la disciplina más practicada en la Isla.

¿QUÉ HACER PARA AVANZAR?

Víctor Aragón, vicepresidente de la Asociación de Fútbol de Cuba (AFC), es categórico: «Para fomentar nuestro desarrollo balompédico, necesitamos más balones, mejores canchas y elevar el nivel de los entrenadores. El número de practicantes no organizados en la Isla, supera ampliamente el de aquellos que se enrolan en la pirámide del alto rendimiento. Además, muchos de los talentos que matriculan en las escuelas deportivas (EIDE o ESPA), luego se pierden».

Aragón se refirió también a la necesidad de producir más balones, rentables y económicos, para la práctica masiva del fútbol. Y ya se dan los primeros pasos. Recientemente, la localidad española de Getafe donó mil pelotas a Cuba y ya se comenzó a repartir tres por cada municipio. El resto irá hacia las escuelas deportivas y a los equipos nacionales.

En cuanto a las canchas, se aspira a tener una en buen estado en cada provincia. Sí, porque los africanos juegan tanto en el desierto como en la pradera, pero tienen al menos un estadio impecable. ¡Y cuatro de sus países debutaron este año en una Copa del Mundo!

Juan Antonio Lotina (hijo), miembro de la comisión técnica de la AFC, aporta otro matiz: «Nuestro fútbol necesita competitividad al más alto nivel. Y sería muy bueno contar con un técnico de reconocido aval para que ayude a quienes conducen nuestros equipos nacionales».

En fin, que el reto se resume así: mantener «en pie de fútbol» a toda la Isla durante el año completo. Contamos con jugadores talentosos y tenemos condiciones para el entrenamiento, pues la selección nacional puede reunirse cuando quiera y practicar el tiempo que sea necesario para cualquier competencia, ventaja que no tiene casi nadie en el mundo. Yo soy optimista, ¿y usted?

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