Boxeo cubano debe redoblar preparación para compromisos del año

El renovado equipo cubano de boxeo demostró en la recién concluida Copa Independencia que debe prepararse mejor para futuras contiendas

Autor:

Raiko Martín

El supercompleto Robert Alfonso quedó en deuda esta vez. Foto: Juan Moreno

A lo lejos, resulta imposible valorar en su justa medida cualquier resultado deportivo. Mas, confieso que, sin dejar de reconocer las circunstancias que rodean al renovado equipo cubano de boxeo, nuestra cosecha de siete coronas en la recién concluida Copa Independencia me dejó un poco insatisfecho.

¿Estoy siendo extremadamente exigente? Puede ser. No obstante, mantengo la opinión de que en el certamen quisqueyano se pudo extender la cadena de triunfos sucesivos que comenzó con la actuación perfecta en el torneo clasificatorio panamericano de Barquisimeto.

Aunque sorprendente, menos preocupante me resultó ahora la derrota de Ugás en comparación con los tropiezos de Yampier, Idel y Robert Alfonso, las más recientes incorporaciones al equipo «grande».

No por cómo y contra quién perdieron, y mucho menos porque dude de sus cualidades boxísticas. Más bien porque, a tan poco tiempo de los principales compromisos del año, la inexperiencia hace a este trío más vulnerable a ciertas tácticas que ya van siendo familiares.

Comentarios de prensa al estilo de «Ugás no pudo con la escurridiza defensa de su rival» o las declaraciones de «sabía que para ganarle tenía que golpear y alejarme por todo el ring», hechas a los medios por el dominicano Winston Montero después de derrotar a Yampier en la final, me hacen pensar en que el «agarra, forcejea, tírate y corre» se arraiga como la estrategia predilecta para derrotar a los boxeadores cubanos.

Han sido varias las ocasiones en que estas «artes», combinadas con malas actuaciones arbitrales y la inevitable presión de combatir en un escenario adverso, han descontrolado a probados peleadores. Y además de maestría, nuestra principal escuadra necesita como antídoto muchos minutos sobre exigentes cuadriláteros, rodeados de un público presto a disfrutar nuestras derrotas frente a sus representantes. Les recuerdo que, salvo Rigondeaux, el resto de nuestra escuadra no ha probado suerte en un torneo olímpico, y cinco de sus miembros nunca han concursado a nivel mundial.

Es esta una tarea impostergable antes de llegar a Río de Janeiro —donde por lo visto los anfitriones no serán un fácil manjar— y al Mundial de septiembre en Rusia, una «valla» siempre difícil para los fajadores foráneos, por «gallos» que sean.

La más cercana prueba de ello fue nuestra reciente incursión en el Torneo Internacional juvenil de Volgogrado, donde —según el sitio web consultado— el subtítulo en los pesos gallo del campeón nacional Yasniel Toledo y la presea de bronce del ligero Juan Alberto García fueron los resultados más sobresalientes de nuestros 11 representantes.

Seis triunfos y 11 fracasos —todos frente a exponentes locales— fue el pálido balance de nuestros jovencitos en el certamen, al que asistieron después de efectuar una base de entrenamiento en esa nación como preparación para los torneos Panamericano y Mundial de la categoría sub-17.

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