El otro extremo de la adrenalina

Aunque en Cuba abundan los jóvenes que practican modalidades deportivas no muy convencionales y escasamente conocidas, ellos han debido tener suficiente persistencia para sobreponerse a escaseces e incomprensiones

Autor:

Lianet Escobar Hernández

Hay amores que matan, y excesos también. La necesidad de experimentar la subida de la adrenalina en el cuerpo puede ser uno de ellos, y hay quienes recurren a prácticas muy atrevidas en la búsqueda de ese fin.

Desde luego, no se trata de quienes se sujetan de la parte trasera de carros y ómnibus montados en bicicletas y en medio del escabroso tránsito, de los que patinan sobre el asfalto mojado por la lluvia aguantándose de vehículos en marcha, o de los que realizan clavados desde el muro del malecón habanero, no pocas veces desafiando la muerte.

Existe un modo mucho más seguro de dar rienda suelta a ese espíritu aventurero, versátil e inquietante que caracteriza a no muchos jóvenes: los deportes extremos.

Antes, después y ¿ahora?

En Cuba, estas prácticas deportivas se acercan a cumplir las cuatro décadas, aunque en los primeros momentos se realizaban de forma aislada e individual. No es hasta los años 80 del siglo pasado, que el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (Inder) comienza a fomentar modalidades recreativas como las acrobacias, los saltos, el cross y otras disciplinas que ya habían alcanzado auge a nivel internacional, como el skate, el escalamiento y el surf.

A diferencia de otros países, en Cuba se han practicado, mayoritariamente, bajo el concepto de deportes alternativos, pues son especialidades que requieren de un elevado financiamiento para su práctica.

El skate o patineta califica entre los deportes extremos más seguidos y practicados por la juventud cubana. Foto: Cortesía de la Dirección Nacional de Recreación del Inder.

El alto costo de los implementos necesarios no ha impedido que en la actualidad se promuevan en Cuba modalidades con reconocimiento mundial y olímpico, como las de estilo libre: surf, windsurf, kitesurf, escaladas, paracaidismo, caída libre o puenting y parapentismo, y las de rampa o pista: patinajes, patinetas o skate, y BMX, que significa Bike Moto Cross, por sus siglas en inglés. Estos últimos son los más populares.

El licenciado en Cultura Física Fidel Bonilla Machín, metodólogo nacional de Recreación del Inder, comentó que los deportes extremos se practican en ocho provincias del país, aunque hay zonas, como la capital, donde alcanzan un mayor auge debido a que existe un gran número de atletas.

«Por ejemplo, en el caso del skate, una de las modalidades más seguidas por los jóvenes, contamos hace unos años con el único parque temático del país, ubicado dentro del Parque Metropolitano, el cual posee implementos y estructuras de nivel mundial y donde se ha entrenado sistemáticamente en determinados períodos», refirió.

Pero ahora ese lugar es casi un potrero, con rampas oxidadas e incompletas, a causa del vandalismo de personas que sustrajeron las tuberías que servían de soporte a muchas estructuras y las planchas metálicas de las pendientes de deslizamiento.

A falta de cuidador, bienvenidas las indisciplinas, podría decir cualquiera parafraseando un dicho popular. Quienes practican skate y aquellos que gustan de las acrobacias logradas con una BMX, demandan que se cerque el sitio para solucionar el problema.

Lázaro Rivera Hernández, director general del Parque Metropolitano, no comparte esa opinión: «El área no cumpliría ningún objetivo si se cierra, porque esta es una instalación de ciudad, creada con el fin de que los visitantes transiten libremente por ella. Aquí la filosofía es que las personas también vivan dentro de estos contornos».

Cuidar el espacio deportivo y al mismo tiempo la disciplina deben ser alternativas compartidas. «No se trata de que la zona no tenga cuidadores. Sí los hay, pero cubren un terreno bastante amplio. Soy del criterio de que lo que necesita el parque del skate cubano es la unión entre nosotros, que somos los responsables del terreno donde se encuentra, el Inder y los atletas, que en definitiva son los más interesados», consideró Rivera Hernández.

Cuando visitamos el Metropolitano, un tupido hierbazal cubría los alrededores del patinódromo y había grandes charcos de agua. Interrogado por las razones de esa situación, el directivo aseguró que los trabajadores del bosque habanero le daban mantenimiento. Poco más de tres veces lo han limpiado en un período de seis meses. Pero, ¿será ese un gran average? Y si lo fuese, ¿qué valor tendría si no logra mantener en forma el terreno?

Por supuesto, los escollos que enfrentan estas disciplinas deportivas en el país no se reducen solamente al hecho de no tener un espacio ideal para practicarlas.

Sobre ruedas en la cuerda floja

Adquirir medios tales como patinetas y todos sus componentes —entiéndase tablas, ruedas o lijas—, hacerse de una bicicleta acorde o encontrar un rocódromo —muro de concreto o de madera con piedras o tacos incrustados del que los alpinistas se agarran para escalar— es por su costo un verdadero dolor de cabeza para las autoridades deportivas y las personas que practican estos deportes extremos.

Por solo poner un ejemplo, un equipo para entrenar kitesurf puede costar alrededor de 1 800 dólares en el mercado mundial. Además, en Cuba no existe ningún centro comercial que expenda estos productos.

De igual manera, atenta contra los cultivadores de estas prácticas la falta de competencias nacionales que los incentiven y la imposibilidad de los atletas de asistir a eventos internacionales, pese a que muchos cuentan con la calidad requerida para participar en esos torneos.

Como es lógico, por la situación económica del país, el Inder consagra sus mayores esfuerzos y recursos para el mantenimiento e impulso de los deportes olímpicos, lo que no quiere decir que los extremos no sean importantes, explicó Bonilla Machín. De hecho, la Dirección Nacional de Recreación está impulsando un proyecto para mejorar las condiciones actuales para la práctica de estos, aseguró.

No obstante, para jóvenes practicantes como Johanis Pérez, un capitalino que lleva casi diez años encima de una patineta, evitar obstáculos para no abandonar este deporte no ha sido una tarea fácil.

«Lo más difícil es adquirir el skate. A veces hay que vender tu ropa, un par de zapatos o el celular para conseguir la tabla, un par de sistemas o unas ruedas, porque en Cuba no los venden», confesó el joven.

«Es cierto que en ocasiones vienen extranjeros que se ponen a patinar con nosotros y cuando se van nos dejan sus cosas. Pero esa no puede ser la alternativa», agregó.

Por amor al vértigo

Las escaladas también están entre las especialidades que más entusiasmo despiertan. Foto: Cortesía de la Dirección Nacional de Recreación del Inder.

Otras modalidades como el puentismo o puenting y el escalamiento, también conocido como alpinismo, enfrentan dificultades mayores, sobre todo por lo costoso de los implementos necesarios para su práctica.

La especialidad del puenting, por ejemplo, consiste en amarrar un extremo de correas o bandas elásticas a un puente elevado o a una grúa. Luego el saltador se sujeta de la otra punta del arnés y se tira, por lo que, según los especialistas, es sumamente necesario el conocimiento y la técnica para realizar los saltos. Si no se cuenta con todos estos materiales y no se cumplen los requisitos básicos, es muy peligroso arriesgarse al vacío.

Desafortunadamente, alertó el Metodólogo Nacional del Inder, hay jóvenes que hacen caso omiso a estas exigencias y se lanzan con sogas desde puentes altos, como el de Cumanayagua, en Cienfuegos.

En relación con el alpinismo, los amantes de la especialidad tienen que acudir a zonas montañosas como Viñales, en Pinar del Río, u otras más alejadas, como San Antonio del Sur, en Guantánamo. Hasta ahora, quienes no pueden viajar hasta esos parajes no tienen dónde saciar su «sed» de adrenalina.

Romper más que una ola

La historia de limitaciones se repite con el surf, disciplina que no cuenta con condiciones climáticas ideales durante todo el año, pues solo los meses de septiembre a diciembre son los más apropiados para su práctica.

Desde luego, los surfistas cubanos no andan holgados en cuestiones materiales y carecen de objetos básicos, como la tabla y la cera que esta necesita. Los amantes del windsurf, estilo consistente en surfear con una vela, muchas veces no saben cómo encontrar esta pieza, y quienes gustan de montar olas impulsados por un parapente, también sufren parecidos dilemas.

El otro escollo está en la falta de apoyo institucional, aun cuando hace unos años la Asociación Panamericana de Surf (APAS) se mostró interesada en desarrollar la especialidad en Cuba. En aquel entonces, se impartieron talleres y conferencias sobre el tema, y hasta se realizó una competencia entre representantes cubanos, jamaicanos, barbadenses y dominicanos.

En la actualidad, solo en muy pocos sitios del país y con fines turísticos, se practican algunas de estas modalidades. En Cayo Guillermo se fomenta el kitesurf, gracias a las excelentes condiciones naturales, las corrientes de aire idóneas y el apoyo de escuelas internacionales de Rusia y Canadá. También hay quienes se dedican a impartir clases particulares, fundamentalmente en Varadero.

Al fin, una escalada

En medio del panorama ya esbozado, la buena noticia es que existe la intención de la Dirección Nacional de Recreación del Inder, de rescatar la práctica masiva de los deportes extremos, y se están dando pasos para conseguirlo.

Fidel Bonilla Machín, metodólogo nacional de Recreación del Inder, muestra las rampas del único parque temático para la práctica del skate. Foto: Lianet Escobar Hernández.

«Aunque el interés está centrado en desarrollar especialmente el skate y las escaladas, se tiene pensado presentar un proyecto que, de hacerse efectivo, podría suponer la habilitación de áreas destinadas a algunas de estas modalidades en escenarios citadinos», informó en su diálogo con este diario Fidel Bonilla Machín.

En ese empeño es necesaria una organización que agrupe las distintas disciplinas alternativas en el país. El joven de 21 años Rubens Ladrón de Guevara, aficionado a los deportes extremos, comentó que el intento de volver a unirlos los ayuda, pero alertó que ya una vez ocurrió una activación parecida y luego no funcionó. No obstante, es optimista y piensa que ahora sí va a dar resultados, porque tenemos ganas de desarrollar estos deportes y estamos motivados.

Los meses de septiembre a diciembre constituyen los más favorables para la práctica del surf. Foto: Cubadebate.

Toda acción que favorezca el desarrollo de los deportes extremos en el país será bienvenida por los jóvenes interesados por estas prácticas, quienes no dejarán de buscar el modo de satisfacer sus intenciones al borde del riesgo, bien sobre una patineta, en la cumbre de una montaña o bañados por las aguas del mar, encima de una tabla de surf. Y es que, según ellos, se hace importante seguir pensando cómo romper las inercias que limitan la adrenalina.

Los más osados

Son muchas las singularidades que rodean estas fenomenales disciplinas:

¿Sabes cuáles son las prácticas no convencionales que clasifican como las más peligrosas?

Entre las más comprometidas tiene su cumbre la escalada natural, una singular y difícil forma de trepar, en la que  no se usa cuerda, tampoco seguros y ningún elemento que pueda salvar la vida del escalador, en caso de que este cometa un error y caiga.

De acuerdo con el sitio web Listas10, le siguen a esa disciplina el espeleobuceo, que consiste en bucear por cuevas, grutas o cavernas, las cuales deben estar, al menos medianamente, cubiertas de agua.

No menos complejo es el salto base, proveniente del paracaidismo. Tiene como objetivo saltar de un punto fijo y no de un helicóptero o avioneta.

La monta de toros es otra de las especialidades que le para los pelos a cualquiera. Como su nombre lo indica, se trata de montar en el lomo de un toro salvaje que puede pesar más de media tonelada. El jinete debe permanecer sobre el animal durante ocho segundos.

El rafting extremo, también conocido como rafting de aguas blancas, impone no pocos desafíos. Su esencia radica en recorrer ríos de aguas muy turbulentas, muy poco predecibles, con olas que alcanzan más de dos metros y cascadas inoportunas.

Por su parte, el esquí extremo, mezcla de amenazadores saltos en trayectos de gran dificultad, con una gran inclinación y alturas que superan los 4 000 metros, es como para temer. Y el street luge o trineo de asfalto, en el que se desafía la inercia al moverse el practicante sobre un monopatín fabricado de aluminio, tiene su mayor escollo en las velocidades, que pueden superar los 130 km/h, por lo que cualquier colisión con algún objeto o pared puede tener consecuencias fatales.

El surf con olas gigantes tampoco es cosa de juego. La diferencia entre esta modalidad y la práctica común de la especialidad radica en el hecho de que en esta división, las olas van desde los dos hasta 24 metros de altura, e incluso más.

El alpinismo o montañismo y el motocross ocupan los puestos finales del registro, aunque no por ello son menos violentos. El motocross se realiza en circuitos de tierra. Se considera peligroso porque combina altas velocidades en superficies irregulares, múltiples curvas cerradas, montículos y cambios bruscos de movimiento.

El Tough Mudder, como para no tomarse el té

Se trata de un deporte sumamente extremo que está considerado como el evento más dificultoso del planeta. Ya cuenta con un millón de participantes desde su puesta en marcha en 2010 y ha logrado el crecimiento más grande de la historia en este tipo de competencias con carácter masivo, según explica la web DiscoveryDeportes.

Las reglas de este estilo, de origen británico, invitan a los participantes a ver la competencia, no como una carrera, sino como un desafío al que no hay que tomar muy en serio, pues la diversión debe ser parte del recorrido de hasta 20 kilómetros, un reto donde el premio al ganador consiste solamente en la música de una banda de rock en vivo y mucha cerveza fría para refrescar.

Que nadie piense que cruzar la meta es un juego de niños. Las pruebas pueden obligar a los valientes a introducirse en una piscina llena de hielo y cruzarla caminando de punta a punta, o atravesar un tubo estrecho de varios metros de largo ayudado solo con sus brazos, o correr a través de llamas de hasta un metro de altura, o atravesar un sector con cables con corriente, que pueden dar descargas de hasta diez mil voltios.

Quincy, la niña que surfea

Surfear en grandes olas puede causar temor hasta quienes se consideran muy atrevidos. Sin embargo, en Australia vive una niña de solo seis años que puede, sobre una tabla, reírse de la furia del mar, de acuerdo con la información del espacio virtual LocosdelDeporte, en una publicación del pasado mes de agosto.

Quincy Symonds es conocida como la «ardilla voladora» y posiblemente sea la mejor surfista de su edad en todo el orbe. Su padre, surfista, la introdujo en esa práctica desde los 18 meses de vida. La pequeña, que también es una excelente patinadora de skate, tiene que lidiar con una enfermedad congénita, la hiperplasia suprarrenal, en la que el organismo presenta dificultades para producir cortisona (hormona que actúa sobre el sistema inmunitario). Tiene monitores personales, está patrocinada y aspira a ser futura campeona universal de skate o de surf.

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