¿Una plata que no llena? - Deporte

¿Una plata que no llena?

La plata del triplista Pedro Pablo Pichardo fue lo más destacado por Cuba durante la sexta jornada del Campeonato Mundial de Atletismo

Autor:

Abdul Nasser Thabet

Se le veía inconforme, molesto consigo mismo, como indispuesto, con el cuerpo encaprichado en aguarle la fiesta. Cualquier otro se hubiese contentado con la medalla de plata, pero el triplista cubano Pedro Pablo Pichardo no cree en segundos lugares, ni en marcas buenas o buenísimas. Lo de él es el la cima y el cuño superlativo, o la mala cara. Por eso apenas festejó su presea ganada en el Campeonato Mundial de atletismo, con sede en la capital china, y ya debe estar pensando en la oportunidad de revancha que brindarán los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, el año entrante.

Fue una actuación harto satisfactoria. Mas sus 17,73 metros en el último intento no alcanzaron para lo que quería. La nota de la noche en Beijing la aportó su archirrival, un estadounidense de nombre Christian y apellido Taylor, que logró el segundo mejor estirón de todos los tiempos (18,21). El actual rey bajo los cinco aros agregó otra corona planetaria a su vitrina (Daegu 2011 y esta del jueves). Lo bueno es que calidad, juventud y talento le sobran al santiaguero. Lo malo es que otra vez un triplista cubano impresiona a inicios de temporada (18,08 y 18,06) y luego, en el certamen más importante, se queda por debajo de sus potencialidades. Claro, el muchacho no tiene culpa alguna. La culpa es de un tal Taylor.

Papá Bolt y bebé Gatlin

Después se sentó en el banco mientras la gente seguía gritando desaforadamente para estremecer aún más un Nido de Pájaros ya revuelto. El villano —o al menos el villano que le construimos para el espectáculo— se le posó al lado y hasta rieron juntos. Atrás la tensión y los comentarios. Usain Bolt y Justin Gatlin no son tan enemigos. Puede que hasta vayan esta noche a celebrar.

Los trapos de humano que se empecinó en vestir el extraterrestre con nacionalidad jamaicana se le «cayeron» cuando marcó 19.55 segundos en la final de los 200 metros planos, con 79,68 pasos de gigante (2,51 metros de promedio por zancada). Y Gatlin vio a ese monstruo del futuro entrar gateando a la línea de meta. Pero no se mostró molesto el norteamericano. En el fondo nunca creyó que pudiese vencer a un semidiós. La plata (19.74) es recompensa suficiente.

La verdad es que si el pobre Gatlin —que gana y gana cuando no está Bolt, como lo hacía Tyson Gay en similar circunstancia— no «cogió cajita» en el hectómetro, poco podía hacer en la prueba favorita de Papá Usain, mitad curva y mitad recta, inventada para que el orbe saltara con El fenómeno. Y los chinos lo rodearon como hormigas a una gota de miel, y la seguridad del estadio corría detrás de él como hacen los guardaespaldas con un presidente, y hasta tropezó con un camarógrafo —sin refugio en esta vida si lastima una de esas piernas mágicas.

Nada ayudó a Gatlin, a pesar de varios factores que prometían ayudarlo. La curva parecía dibujada para el estadounidense, según la lógica, pues arrancaba por el carril cuatro, lo que le aseguraba tener en la mirilla al marciano devenido terrícola que flotaba por el seis. Una especie de juego entre el guepardo y la gacela, con Bolt por delante en papel de señuelo, sin poder ver al demonio que pretendía tragárselo. Además, Gatlin es más bajito y más explosivo, lo que debía garantizar mayor velocidad en su puesta en marcha, que corriera mejor de lado justo a mitad de la película. Pero una cosa es la lógica, y otra competir con un rayo.

Después Bolt se sentó en el banco mientras la gente seguía gritando desaforadamente… Antes dijo: «One Don», mirando a las cámaras, que significa «one boss» (un jefe). Gatlin bajó la cabeza, como quien susurra «sí, mi maestro». Dios creó al mundo en ocho días. En los primeros siete hizo lo que dice la Biblia. En el último se divirtió cincelando a un ser increíble.

Pero lo más destacado de la jornada —no siempre lo más seguido, por desgracia— vino con firma polaca. Anita Wlodarczyk soltó dos disparos con firma de récord para los campeonatos mundiales (80,27 y 80,85) y se proclamó reina en Beijing. La fornida europea le picó bien cerquita a su propia plusmarca del orbe (81,08). Todos lo saben, la cosa está caliente allá en el Nido.

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