Lo mismo no siempre es igual

La delegación cubana igualó este sábado la cosecha de cetros firmada en Londres 2012, y aunque hoy tendrá posibilidades matemáticas de sumar más premios, la lógica indica que debe quedar por debajo de lo conseguido hace cuatro años

Autor:

Raiko Martín

RÍO DE JANEIRO.— Bajan aquí esta noche las cortinas de los primeros Juegos Olímpicos con sabor latinoamericano, pistoletazo siempre de partida para pasar revista a todo lo sucedido durante las dos últimas semanas en las que el deporte fue la gran noticia en el planeta.

Quiso el calendario que la delegación que nos representa en la cita guardara tres balas para los finales y, aunque siempre somos optimistas, las perspectivas apuntan hacia la posibilidad de que terminemos con los mismos cinco títulos ganados en Londres hace cuatro años, y por debajo del total de medallas.

Salvo que los luchadores Alejandro Váldes e Ismael Cortina, o el maratonista Richer Pérez rompan todos los pronósticos, el desempeño colectivo del deporte cubano en esta cita olímpica no alcanzará para cumplir el propósito traído. Y aun cuando estos muchachos nos regalen alegrías impensables, se imponen análisis —algunos no esperados— sobre todo lo visto en las bellas instalaciones cariocas.

Si nada cambia, los números indicarán que además de los mencionados cetros, los atletas cubanos lograron acumular dos metales plateados y cuatro bronceados para un total de 11, tres menos que lo conquistado en la capital británica.

Si ahora las cifras están en rojo es porque no se pudo cumplir con lo planificado en deportes importantes como el judo o el atletismo —aunque el remo y el canotaje pudieran caber en el mismo saco—, en los que el déficit es más notable. Por simple cuestión aritmética, cuesta asimilar que una armada inicialmente de 43 miembros haya facturado apenas un metal bronceado, pero no es la ausencia de premios lo que más ha preocupado.

Se sabía que las posibilidades recaían en solo cuatro atletas y todas las proyecciones hicieron aguas cuando el triplista Pedro Pablo Pichardo llegó a la cita sin recuperarse de las «heridas» y después que la discóbola Yaimé Pérez —impresionante en el tramo clasificatorio— se despidió sin hacer un lanzamiento válido en la final.

Solo la monarca universal del disco Denia Caballero resalta con su tercer puesto, aunque la pertiguista Yarisley Silva nunca podrá ser señalada por todo lo que tuvo que sobreponerse para llegar hasta el certamen y luchar por un título. Del resto, muy pocos llegaron para exhibir aquí lo mejor de su repertorio, y eso será siempre lo más cuestionable.

Del tatami también esperábamos más, pero si unas veces el sorteo resultó desafortunado al fijar estrenos frente a favoritos, en otras nuestras principales figuras, como Asley González, no pudieron completar la ruta hacia un trono posible. Por fortuna, pudo Idalis Ortiz conseguir su tercera medalla en estas lides que, si bien no fue el oro soñado y que batalló hasta el último momento, terminó salvando al deporte de un total naufragio.

Como contrapartida, el boxeo mejoró notablemente su faena en comparación con lo hecho en la cita londinense, donde rescató cuatro medallas, solo dos bañadas en oro. Ahora el desempeño de nuestros púgiles alcanzó para acaparar seis, entre ellas las coronas de Julio César La Cruz, el debutante Arlen López y Robeisy Ramírez, este último el único repitente de ocasión.

Pero además de aportar al medallero con más de la mitad de su nómina, otro de los datos relevantes del buque insignia del deporte cubano está relacionado con la efectividad, pues sus tres finalistas terminaron en lo más alto del podio.

Si algún deporte salió de la Ciudad Maravillosa con la frente bien en alto, ese fue la lucha grecorromana, que venía de un discreto papel a nivel continental. Los gladiadores clásicos no marcaron solo con la tercera corona olímpica consecutiva con la que el abanderado Mijaín López entró a la historia del deporte universal. Por fortuna, el vigente campeón mundial Ismael Borrero extendió su reinado a estos predios, mientras Yasmani Lugo sorprendió con un subtítulo que apuntaló el triunfo cubano por naciones en esta disciplina.

Otras notas destacables las entonaron los voleibolistas de playa Sergio González y Nivaldo Díaz, quienes a pesar de su inexperiencia al máximo nivel enamoraron a todos en las arenas de Copacabana, donde alcanzaron un inédito quinto lugar.

También sin precedentes fue el lugar 28 de la ciclista Arlenis Sierra en la ruta femenina, y algo similar hubiese sucedido —y no peco de triunfalista— con el gimnasta Manrique Larduet si competía en plenitud de facultades.

Para el joven arquero Adrián Puentes, la cita carioca estará siempre en su mente porque aquí estampó la que de momento clasifica como su mejor tirada, y algo similar le ocurrió a Marina de la Caridad Rodríguez, la primera pesista cubana enrolada en un certamen de esta magnitud, quien implantó una marca nacional.

El resto de los miembros de la delegación se comportó a la altura de sus posibilidades, excepto Alba; incluso, algunos como el tirador Leuris Pupo, aunque no pudo defender con éxito el pergamino conseguido en la pasada edición, puede regresar con la satisfacción de haber asistido nuevamente a una final de una modalidad sumamente competitiva.

A partir de ahora, se impone el análisis puntual para otra vez identificar errores y aciertos, y corregir lo que necesita de una revisión cada vez más urgente, para volver a la carga en Tokio 2020, y con la menor cantidad de lastres posibles.

La ciclista Arlenis Sierra y la dupla de voleibol de playa no ganaron medallas, pero lograron los mejores resultados históricos de Cuba en sus respectivas disciplinas.

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