Otro «jonrón» en su patio

Ariel Pestano, el hombre que dignificó el beisbol cubano con actuaciones memorables, vivió la víspera un momento grande e inolvidable en el acto de su retiro

Autor:

Nelson García Santos

CAIBARIÉN, Villa Clara.— Ariel Pestano, el hombre que dignificó el beisbol cubano con actuaciones memorables, estremeció aquí las graderías del estadio cuando entró, risueño y seguro, como si se encaminara a la caja de bateo para dar un jonrón decisivo. Pero en esta ocasión fue un público eufórico, puesto de pie, quien le regaló el batazo de los batazos devenido en una atronadora y prolongada ovación.

Este, su pueblo natal, de pescadores y cangrejeros, vivió la víspera un momento grande e inolvidable en el acto de su retiro, efectuado antes del inicio del choque de los equipos de Villa Clara y Sancti Spíritus. Allí estaban quienes lo vieron nacer y crecer para homenajear a quien hilvanó una extraordinaria trayectoria deportiva, con su conducta ejemplar, su consagración, amor y voluntad.

Los aplausos, los gestos, las sonrisas, las exclamaciones desde las graderías también demostraron cómo disfrutó la gente el repaso, en apretada síntesis, de sus éxitos, en 22 series nacionales, y su contribución destacada para que Cuba ganara tres veces la Copa Mundial de Béisbol (IBAF) en 2001, 2003 y 2005, fuese multicampeona en copas intercontinentales, juegos panamericanos, centroamericanos y la plata del Clásico Mundial.

A Ariel Pestano lo envolvió, de manera especial, la emoción cuando por el audio se escuchó la narración de su inolvidable jonrón contra Matanzas, que le dio el campeonato a Villa Clara en el 2013. Levantó los brazos y vibró de alegría, junto al público, como si hubiera acabado de ocurrir.

El famoso número 13 villaclareño, acompañado de su abuela, esposa e hijos, recibió el reconocimiento de la dirección del Partido, el Gobierno y las autoridades del Inder en el municipio. La próxima semana será el homenaje de toda la provincia, y de Cuba también, en el estadio Sandino, de Santa Clara.

Luego de que abrazara a cada uno de los peloteros de los equipos villaclareño y espirituano, aproveché, a sabiendas de que no era el momento más aportuno, para tras estrecharle la mano, pedirle que me respondiera una sola pregunta. «Que va. Ahora no», dijo tajante. Pero seguí insistiendo, mientras caminaba junto a él hacia las gradas.

Entonces, ladeó el rostro hacia mí y enfatizó: «A los grandes se les respeta». Una gran verdad y pienso que fue en referencia, como se recordó allí, a su exclusión del equipo nacional cuando era, sin discusión, la primera mascota detrás de home en Cuba.

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