Con la fuerza de los de Chicharrones

«Los récords no se planifican, salen y ya. Uno entrena, y puede saber que en un momento determinado está en buena forma, pero de ahí a decir yo voy a hacer tal récord en tal evento, eso es impredecible». Conozca la historia de la campeona paralímpica Omara Durán

Autor:

Odalis Riquenes Cutiño

SANTIAGO DE CUBA.— A los tres meses de vida se confirmaron los malos pronósticos. La niña había nacido con una catarata congénita, enfermedad visual degenerativa, que también aqueja a muchos otros de sus parientes por la vía materna. Por si fuera poco, a eso se sumó en poco tiempo una miopía elevada.

Los horizontes parecían cerrarse para la pequeña Omara Durand Elías, la hija más pequeña de Adis y Omar, nacida en un humilde hogar del reparto Dessy, en la barriada santiaguera de Chicharrones.

Quizá se impuso entonces la fuerza de los nacidos en el populoso reparto, con fama de gente enérgica; o triunfó el coraje de su madre, a quien la hija define como la Mariana Grajales de sus 24 años de existencia. Lo cierto es que la pequeña, por demás enfermiza durante la infancia, salió adelante.

Sus pasos iniciales fueron cobijados por la Educación Especial, primero en un círculo infantil para niños ciegos o débiles visuales, y más tarde, en la escuela para niños ciegos Antonio Fernández León, en la que permaneció hasta el séptimo grado.

Fue justamente en las clases de Educación Física de la cálida escuelita del poblado de Boniato, donde el profesor Reynaldo Cascaret descubrió las aptitudes como velocista de quien hoy es la paralímpica más rápida del mundo.

Cascaret le propuso practicar el atletismo en serio y Omara, resuelta a pesar de sus siete años, aceptó. Adis, la madre, necesitaría en cambio más tiempo para aceptar aquella idea.

Puestos todos de acuerdo, la pequeña Omara empezaría entonces su tránsito por los Juegos Escolares para niños con discapacidad y llegaron sus triunfos en las competencias zonales, siempre de la mano de los distintos eventos de la velocidad.

«Cuando empecé el 8vo. grado se decidió mi paso para la ESPA Israel Reyes y con ello mi inserción en la educación general. Ahí entrenaba con la profesora Marbelis primero, y luego con el profe Félix Manuel Hernández Duharte, quien fue mi preparador una parte importante de mi vida, y tuvo un peso decisivo en mis primeros resultados internacionales

Para la joven Omara, la ESPA santiaguera no solo fue la base de su vida deportiva y el sostén de los resultados que vendrían después, sino el tránsito de la educación especial a la general, que tuvo su clímax con su incorporación, al concluir el 11no. grado, a la preselección nacional y a la vida en la escuela para la preparación nacional de atletas con discapacidad ESPA Giraldo Córdova Cardín.

«En la ESPA santiaguera hice 8vo., 9no. y 10mo. grados y el choque fue fuerte. La educación especial es más moderada, los profesores saben tus limitaciones y todo te lo dan por dictados; en un aula normal el profesor, que tiene una mayor cantidad de alumnos, no solo tiene que trabajar contigo y usa mucho la pizarra, de manera que el choque fue fuerte.

«No obstante, siempre he sido muy preocupada con la escuela, me acercaba a los profesores, le planteaba mi situación y nunca nadie se negó a apoyarme. Si me quedaba atrás, al final de la clase me ponía al día y conté con la solidaridad de compañeras que me ayudaron muchísimo. Una de ellas, Jessica, se quedó aquí en Santiago; la otra, Yaimeisy Borlot Simón (la Tuta), integrante de la preselección nacional de atletismo, estuvo conmigo hasta la Universidad; hacíamos juntas los trabajos y siempre buscaba sentarse a mi lado, los profesores le decían: “niña, cállate”, y ella les respondía: profesor, permiso, le estoy dictando a ella que no ve».

—A partir del 2007 empezó tu carrera en grande…

—Ese año fui al Mundial en Sao Paulo, cogí dos medallas de oro en 100 y 200 metros, pues no se corrió 400. Después participé en los Parapanamericanos de Río de Janeiro y gané medallas de oro en 100, 200 y 400 metros.

«Después vino la Paraolimpiada de Beijing 2008, donde todo el mundo sabe que tuve una lesión, por la que me quedé sin medallas. En lo adelante llegaron más triunfos en Panaparamericanos, Campeonatos Mundiales y Paraolimpiadas, junto a varios récords en todas esas competencias».

—Parece que tu carrera deportiva es un ejercicio de superación constante. ¿Hasta dónde piensas llegar?

—No sé, esas son cosas impredecibles. Los récords no se planifican, salen y ya. Uno entrena, y puede saber que en un momento determinado está en buena forma, pero de ahí a decir yo voy a hacer tal récord en tal evento, eso es impredecible.

—Hoy por hoy no solo eres la paralímpica más rápida del mundo, eres la cubana más rápida.

—Así dicen.

—¿Has pensado alguna vez en insertarte en las competencias para atletas convencionales?

—Como parte de la preparación nuestra entrenadora trata de insertarnos en competencias que se hacen aquí, ya que no tenemos tanto fogueo internacional. He competido en esos eventos, pero de ahí a dedicarme a competir como atleta convencional, no.

«Eso no quiere decir que si se me diera la posibilidad de participar en un evento internacional como una Olimpiada representando a Cuba, yo con mucho gusto lo haría, eso es un mérito para mí».

—De los tres eventos en los que participas, ¿hay alguno que prefieras?

—Yo entreno todos con amor, con perseverancia, para que me salgan bien, pero realmente el evento que más me gusta es el 200 metros. Me gusta correr la curva, siento que se me hace más amena…

—Empezaste corriendo en la categoría T13 y ahora estás en T12. ¿Eso quiere decir que tus limitaciones visuales se han incrementado?

—Sí, desde antes del parto de mi niña Erika, que fue en el 2013.

—Sin embargo, la maternidad parece haber favorecido tu carrera…

—El nacimiento de mi hija, que ahora tiene tres años, fue una bendición. Primero, por tenerla y luego porque me ha favorecido mucho en el deporte. Según estudios recientes la maternidad favorece a las mujeres deportistas, sobre todo en la parte aerobia, en la obtención de capacidad.

«Después del parto me fue difícil recuperar mi forma deportiva. Por suerte me ha sobrado ayuda con la niña: mi mamá, mi esposo Noleisys Vicet Juan —por mucho tiempo martillista en el equipo nacional—, el marido de mi mamá, mi hermano; toda mi familia me ha brindado tremendo apoyo, solo así ha sido posible».

—¿Cómo es Omara Durand?

—Soy tranquila, exigente, algunas personas dicen que muy seria. Yo diría que nada más en apariencia, porque el que me conoce sabe que no es así. Me llevo bien con todo el mundo. Cuando tengo tiempo libre me gusta dormir, pero no puedo hacerlo mucho porque tengo una niña pequeña.

«Me gusta conversar con mi pareja, de vez en vez salir a coger aire; adoro sentarme a la orilla del mar, no meterme dentro del agua. Cuando tengo tiempo me gusta jugar con mi bebé, compartir en familia; cocinar no, prefiero lavar, que es más rápido, más ameno».

—Desde el 2015 compites con un guía: Yuniol Quindelán. ¿Cómo es la compenetración para lograr los buenos resultados?

—Yuniol fue atleta del equipo nacional y ese mismo año causó baja. Miriam, mi entrenadora, se fijó en sus entrenamientos y vio que reunía las condiciones para entrenar conmigo cuando me bajaron de categoría, en la que se puede correr con o sin el guía. Nosotros decidimos que fuera así, porque en varias ocasiones me ha tocado correr de noche, que es cuando más se me dificulta la visión, o correr lloviendo, y ahí el guía ayuda mucho.

«Conseguir esa sincronización necesaria nos costó bastante trabajo. Al principio él iba solo al lado mío. Después Miriam tuvo la idea de unirnos con el cordón; yo dudé, pensaba que no iba a fluir, era una experiencia que nunca había vivido, ni él tampoco. Nos costó tremendo trabajo porque son dos personas saliendo de un bloque y corriendo a la misma vez, de la misma forma. Al final, lo logramos y hasta ahora nos ha ido superbién.

«Es un muchacho excepcional. Me ayuda muchísimo y en lo personal nos llevamos muy bien. Dicen los que nos conocen que tenemos caracteres similares, entonces no ha habido ni tiene por qué haber problemas».

—¿Qué significó para ti ser elegida como la abanderada cubana en Río de Janeiro?

—Para mí fue un orgullo muy grande que me hayan elegido como la abanderada cubana. Con la bandera en mis manos me sentía comprometida con la Revolución, con mi pueblo, y aunque nunca hice anuncios de lo que podía pasar, personalmente sabía que tenía que hacerlo bien porque me sentía muy comprometida.

«Cuando llegamos allá nos dimos cuenta de que yo competía al otro día de la inauguración y para preservarme se decidió que la llevara otra atleta, pero yo seguí sintiendo el compromiso de responder».

—Todo el mundo valoró mucho que cada uno de tus resultados se los dedicaste a Yunidis Castillo.

—Le dediqué la medalla a Yunidis porque realmente lo sentía. Ella y yo estamos juntas desde la ESPA en Santiago y me dolió mucho su lesión, porque todos sabemos el sacrifico que ella hizo para poder llegar y sabíamos que ella podía y tenía el deseo de hacerlo bien.

«Mis respetos para ella, quien es una figura insigne del deporte y se merece los aplausos del pueblo y también de los atletas».

—Chicharrones, Santiago, ¿qué significan para ti?

—Aquí nací, aquí me crié y estoy orgullosa de eso. Para todo el mundo este es un barrio fuerte, pero cuando uno quiere ser persona de bien, cuando uno quiere salir adelante, no importa de dónde venga, no importa de dónde sea. Aquí todo el mundo me conoce y todo el mundo me quiere.

— ¿El futuro?

—Cuando terminen mis vacaciones, que son bien corticas, comenzamos otra vez la preparación. En julio de 2017 tendremos un Mundial de IPC que se va a celebrar en Londres, y que es la competencia más fuerte e inmediata. De ahí para allá iniciará un nuevo ciclo olímpico para llegar a Tokio. Uno no debe decir yo voy a hacer. Primero, porque no se ve bien, se ve feo y luego porque pueden suceder muchas cosas en el camino, la vida da muchas vueltas. Yo quiero y me voy a preparar para seguir triunfando.

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