Más piezas de «repuesto»

La precoz clasificación de los Cocodrilos a la postemporada casi se celebra con una barrida, pero llegó la lluvia a los predios matanceros y salvó a los Alazanes granmenses

Autor:

Raiko Martín

La precoz clasificación de los Cocodrilos a la postemporada casi se celebra con una barrida, pero llegó la lluvia a los predios matanceros y salvó a los Alazanes granmenses. Más que por ahuyentar la escoba, el triunfo fue un bálsamo para el equipo dirigido por Carlos Martí, enfrascado en la pelea para esquivar en el cruce semifinal al que sigue siendo, a pesar de tropiezos como este, el mejor equipo de la temporada.

En las dos últimas jornadas los orientales han dado muestras de flaquezas en su pitcheo de segunda línea, pues el jueves sus relevistas dilapidaron una ventaja de seis carreras, y la víspera casi ven evaporarse otra diferencia de cinco anotaciones.

De tal forma, su alto mando debe haber tomado nota del detalle con la vista puesta en el momento de elegir las piezas que blindarían su estructura de cara a la postemporada. Tal como van las cosas, los granmenses deben ser terceros o cuartos en pedir durante la ronda inicial —tendrán tres posibilidades— de selección de los refuerzos cuando concluya la actual fase, y para ellos estarían disponibles las mejores figuras que hoy visten las casacas de Camagüey y Holguín.

No obstante, la Comisión Técnica de béisbol acaba de divulgar un listado de 19 jugadores que, aun sin participar en la segunda etapa del certamen, son elegibles para reforzar las nóminas semifinalistas. Y entre ellos aparecen siete lanzadores.

Son ellos el pinareño Frank Medina, el habanero Eddy Abel García, el mayabequense Luis M. Castro, el tunero Alejandro Meneses, los santiagueros Ulfrido García y Alberto Bicet, así como el guantanamero Luis E. Castillo.

Asimismo, se incluyen en la «bolsa» disponible los receptores Olber Peña (PRI) y Jordanys Acebal (IJV), los jugadores de cuadro Yosbel Sánchez (IND), Dainer Gálvez (IJV), Michel Enríquez (IJV), Yariel Duque (ART), Jorge L. Barcelán (MAY), Daviel Gómez (SSP) y los jardineros Leonardo G. Urgellés (IJV), Juan M. Soriano (CFG), Frederich Cepeda (SSP) y Jorge A. Jhonson (LTU).

Por lógica, cuando se bajó de ocho a seis los equipos sobrevivientes al primer corte en aras de ganar calidad, se sacrificó la posibilidad de desarrollo de un grupo de jugadores con buen margen de crecimiento, y ese es un lujo que no se puede dar en este momento el béisbol cubano.

Si hoy podemos disfrutar del talento de jóvenes como Rafael Viñales, Ariel Martínez, Jefferson Delgado o Aníbal Medina —por solo citar algunos— es porque, de una forma u otra, se les abrió un espacio para jugar y lo han sabido aprovechar muy bien.

La oportunidad de ampliar el espectro de selección ahora más que una buena idea sostenible en el tiempo, emerge apenas como un paliativo para una creciente deuda que sigue arrastrando el béisbol cubano. Y para ser saldada hace falta, en la medida de las posibilidades, algo más que un campeonato corto y por zonas para peloteros menores de 23 años.

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