Cubanos en el Real Madrid

A juzgar por los anales del célebre club, nuestra Isla se halla en la sexta posición entre las naciones que más futbolistas han aportado a la caverna blanca

Autor:

Juan Morales Agüero

Los encantos del fútbol han seducido a los cubanos. Basta echar una mirada en torno nuestro —o aguzar el oído— para confirmar esa realidad. «El Madrid volverá a ganar la Champions», asegura un joven al amigo que lo escucha. «Y el Barça debe levantar si quiere ganar algún título este año», comenta el otro. Para el primero, Cristiano Ronaldo será el próximo Balón de Oro. El segundo cree que lo merecerá Lionel Messi. Ambos razonan con un alud de cifras. Luego refutan, objetan, polemizan, disienten…

A quienes atribuyen a un esnobismo pasajero este inusitado entusiasmo de los cubanos por el más universal de los deportes, les advierto que la carismática disciplina irrumpió en nuestros afectos con carácter irreversible. Y no amenaza con desbancar al béisbol, a cuya sombra estuvo hasta que la TV comenzó a transmitir partidos de las mejores ligas europeas. No. La pelota continuará adosada al ADN del criollo legítimo. Pero las emociones del reino de los goles son también una tentación.

Toque criollo en la cancha

La inclusión de futbolistas nacidos allende sus fronteras es una antigua práctica en muchos clubes del mundo. En las nóminas holandesas algunos, como Rijkaard y Kluiver, ni siquiera nacieron en el país de los tulipanes, sino en posesiones de ultramar, como la excolonia Surinam. Portugal fascinó otrora con un goleador mozambicano: Eusebio da Silva. Y Francia jugó la última Eurocopa con diez nacionalizados de casta africana, entre ellos Evra (Senegal) y Pogba (Guinea).

Cuba es el país natal de ocho jugadores que, en diferentes épocas, integraron la plantilla del Real Madrid. A juzgar por los anales del célebre club, esa cifra la coloca en la sexta posición entre las naciones que más futbolistas han aportado a la caverna blanca. Fueron ellos los hermanos Armando, José y Mario Giralt, Antonio Sánchez Neyra, Fernando López Quesada, Enrique Ferrer, Mario Inchausti y Jesús «Chus» Alonso.

De los hermanos Giralt hay escasa información biográfica. Según la enciclopedia Wikipedia, nacieron en La Habana de padres españoles y en cuna burguesa. Mario, el mayor, vino al mundo en 1882 e hizo su carrera en la península. Jugó en el Real Madrid desde 1902 hasta 1904, aunque solamente intervino en dos partidos. José nació en 1883. El club blanco lo contrató casi desde su fundación y le resultó uno de sus principales pilares defensivos. En la temporada 1905-06 jugó diez partidos y marcó dos goles. Armando Giralt, el menor de todos y el mejor ranqueado, vino al mundo en 1885. Por el nivel mostrado en equipos chicos, los merengues lo contrataron en 1902 y en su vestuario permaneció hasta 1907. Al ataque apenas anotó cuatro veces.

Pero los Giralt tuvieron méritos adicionales. Cuando el Real Madrid disputó su primer partido de la historia (por entonces su nombre oficial era Madrid Foot-Ball Club), celebrado en la capital española el 9 de marzo de 1902 entre dos equipos del propio club, los tres hermanos alinearon en uno de los «once».

Hay más. El primer partido entre el Barcelona y el Madrid se jugó el 13 de mayo de 1902, dos meses después de la fundación del emporio merengue. Solo unas 2 000 personas presenciaron el desafío, que fue visto «como un espectáculo poco menos que exótico, encuadrado en un deporte minoritario importado de Inglaterra», como escribió una publicación de la época.

Lo interesante del caso es que en ese desafío, que inició la era de la rivalidad entre los dos popularísimos clubes, pactado en el contexto de la Copa de la Coronación (luego Copa del Rey) y ganado por los catalanes con marcador de 3-1, alinearon en el Madrid… ¡los tres hermanos Giralt! Un cuarto compatriota (al menos de cuna) también tomó parte: Antonio Sánchez Neyra.

José y Armando tomaron parte en las cuatro Copas del Rey que obtuvo consecutivamente el Real Madrid entre los años 1905 y 1908. En una de ellas, Armando se proclamó líder goleador.

Antonio, verdugo del barça

El lunes 5 de abril de 1909 se enfrentaban en semifinales por la Copa del Rey los eternos rivales Madrid Foot-Ball Club y F.C. Barcelona. A la hora fijada, el colegiado actuante, el pontevedrino Vázquez Lescaille, ordenó echar a rodar el balón. Alrededor de 8 000 aficionados ocupaban las gradas del céntrico estadio madrileño para vitorear frenéticamente a sus equipos.

Según reseñó el periódico La Vanguardia, el club catalán se adelantó un par de veces. Pero otras tantas el cubano Antonio Sánchez Neyra, vestido de merengue, neutralizó la ventaja con sendos goles. A tres minutos del final, una mano culé provocó penalti. Sánchez Neyra lo anotó y remató una tríada memorable. «Fue un verdugo», reconoció el diario. En el partido también alinearon por el Madrid los hermanos Armando y José Giralt.

Según la Enciclopedia del Real Madrid, Antonio Sánchez Neyra nació en La Habana en 1884. Aún pequeño, viajó con sus padres españoles a la península, donde perfeccionó su juego. El club blanco lo fichó como delantero en 1902 y allí permaneció hasta 1909. Anotó cinco goles y alineó en ocho partidos de Copas del Rey, dos de las cuales ganó.

En 1902 formó parte de su primera junta directiva en calidad de vocal, cargo que también desempeñó, por cierto, Mario Giralt.

El gran «chus» alonso

De los ocho futbolistas nacidos en Cuba que integraron la nómina del Real Madrid, el mejor de todos fue, sin dudas, Jesús «Chus» Alonso, un hijo de asturianos que se asomó al mundo en La Habana el 24 de abril de 1917. Tenía solo 18 años cuando debutó en las categorías inferiores del club merengue. Llegó al primer equipo en 1939 y permaneció en sus filas hasta 1948.

En el currículo de «Chus» Alonso constan varios momentos de trascendencia. Uno es el haber marcado el primer gol oficial en el estadio Chamartín, luego bautizado como Santiago Bernabéu, su patrocinador, quien, por cierto, era hijo de doña Antonia de Yeste, nacida en Camagüey. Ocurrió el 28 de diciembre de 1947, en un partido entre el Real Madrid y el Athletic Club, ganado por los blancos 5-1, con dos anotaciones de nuestro paisano.

Días antes, el 14 de diciembre, ese mítico terreno había acogido de forma extraoficial un encuentro entre el club blanco y el equipo portugués Os Belenenses. Ganaron los locales por 3-1, con un par de dianas a cargo de «Chus», a quien la prensa consideró como la gran estrella del partido no solo por sus goles, sino también por su cabeceo y su poderoso físico.

Durante más de siete décadas, «Chus» ostentó el récord del gol más tempranero anotado por un jugador del Real Madrid frente al Barcelona. En efecto, el 28 de enero de 1940, el ariete blanco vulneró la valla culé a los 40 segundos de iniciado el partido. La marca primó hasta el 10 de diciembre de 2011, cuando Karim Benzema anidó el balón en la red rival a los 23 segundos.

Durante su brillante carrera de nueve temporadas en el Real Madrid, «Chus» jugó en 121 partidos y anotó 56 goles, cifra que lo ubica, según Wikipedia, en el lugar 44 entre los mejores artilleros del club de todos los tiempos. Además, en 1942 fue tres veces convocado por la selección española para jugar partidos amistosos contra los equipos de Francia, Alemania e Italia. Antes de morir el 9 de octubre de 1979, fue directivo de las Federaciones Española y Castellana de Fútbol.

Fotos de carné

Entre el resto de los cubanos que formaron parte de la plantilla del Real Madrid, quizá el menos relevante fue Enrique Ferrer, quien llegó al club en 1935 y permaneció en sus filas, sin penas ni glorias, solo durante una temporada.

No fue el caso de Mario Inchausti, nacido el 3 de junio de 1915 en Caibarién. Aprendió a jugar fútbol en el habanero colegio de Belén, donde hizo méritos como guardameta. Tenía 15 años cuando sus padres se radicaron en España. Después de pasar por el Betis y el Zaragoza, y de jugar tres veces con la selección de España frente a Portugal, el Real Madrid lo fichó en 1941.

Una grave lesión sufrida durante un partido de copa contra el Córdoba de Andalucía le restó brillantez posterior a su carrera de cancerbero titular bajo los tres palos. Tanto le afectó que no pudo renovar con el club madrileño al culminar la temporada 1941-42. Pero eso no fue óbice para que dejara una huella en el equipo de Chamartín, donde llegó a ganar 50 000 pesetas en aquella, su única temporada, una cifra alta para la época.

Lo que el fútbol le quitó con lesiones su intelecto se lo retribuyó en saberes, pues Mario Inchausti se graduó de médico. Murió el 2 de mayo de 2006, a los casi 91 años de edad. El diario español El Mundo le dedicó una glosa, en la que se preguntaba hasta dónde pudo haber llegado de no ser por las lesiones.

Otro cubanito que se vistió de merengue, aunque sin resultados espectaculares, fue Fernando López-Quesada Bourbón. Nació el 30 de octubre de 1890 en Cárdenas, Matanzas. A los 20 años de edad fue fichado como defensor por el Real Madrid, y en su plantilla permaneció durante cinco temporadas, entre 1910 y 1915.

Aunque desde aquella lejana época ningún otro jugador de fútbol nacido en Cuba vistió la casaca del Real Madrid, lo cierto es que el club de la capital española tiene por acá muchos seguidores. Y, en especial, una peña radicada en La Habana.

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