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Con tres que se quieran basta

Desde el Centro de Alto Rendimiento de Madrid, el gimnasta Rayderley Zapata, medallista de bronce mundial y campeón europeo en ejercicios a manos libres, narra sus vivencias con atletas cubanos

Autor:

Julieta García Ríos

Glasgow, Gran Bretaña. Campeonato Mundial de Gimnasia Artística. Es 31 de octubre de 2015. En el Arena Hydro se disputa la final de suelo. El cubano Manrique Larduet, desde hace un día, salió del anonimato para ser famoso. Apenas lo conocían en la élite mundial, y ahora todos preguntan quién es ese que escoltó al legendario japonés Kohei Uchimura en el all around.

Que el  monarca olímpico se adueñara por sexta ocasión consecutiva de la corona, no sorprende a nadie. Pero que el recién llegado, de 19 años, desplazara a otros grandes y se ubicara como el segundo gimnasta del mundo, sí era noticia.

Hoy es su siguiente final en el Mundial, está obligado a conseguir medalla para asegurar su participación en los Juegos Olímpicos de Río y así dar a su amigo Randy Lerú la posibilidad de buscar boleto en el preolímpico del deporte.

No es 14.800 una mala calificación, pero a estos niveles es insuficiente para colarse en el podio. Pese al revés está tranquilo. La competencia terminó hoy para él. Para mañana le quedan dos oportunidades más: en paralelas y barra fija, y está seguro de que al menos en una de ellas será medallista.

Aún quedan competidores en la prueba de suelo. Manrique los sigue con detenimiento. Le agrada el desempeño del mulato Rayderley «Ray» Zapata, quien concursa por España. Recién se conocen, mas eso no importa. Lo espera para saludarlo. Todavía el concurso no finaliza: faltan tres gimnastas por competir.

—¡Felicidades!, ya tienes una medalla.

—No, hasta que no terminen todos no celebro, le responde el campeón europeo de Bakú 2015 en ejercicios a manos libres, quien ahora disputa medalla en su aparato más fuerte.

—Tú no tienes nada que esperar, ya has ganado, insiste el cubano multimedallista panamericano y titular en salto a ese nivel.

Poco después Ray supo que Manrique tenía razón. Quedó tercero con 15.200 de calificación y así ganó el pasaje para sus primeros Juegos Olímpicos. Por delante de él solo estuvieron el japonés Kenzo Shirai (16.233) y el británico Max Whitlock (15.566).

Al día siguiente, Manrique aseguraba su participación en Río 2016, al subir al tercer escaño  del podio de premiación de la barra fija.

De vuelta al presente

Madrid, España. Entrenamiento de la selección nacional de gimnasia artística masculina.

Es 6 de abril de 2017. La profesora Maca Martínez, quien ha dedicado más de 40 años de su vida a la enseñanza del hockey en las aulas de la Facultad de Ciencias de las Actividad Física y del Deporte (INEF), es mi guía en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid. Con ella recorro las modernas instalaciones, donde imagino por unos segundos a los atletas cubanos. Ojalá y algún día pudieran beneficiarse con salas tan bien dotadas; aquí parece más fácil llegar a ser campeón. Pienso.

Una de las paradas la hacemos en el salón de Gimnasia Artística; desde las áreas exteriores un grupo de estudiantes observa el entrenamiento. Allí Ray Zapata narró a JR su anécdota con Manrique.

Manrrique Larduet. Foto: Getty Images

Es corpulento este dominicano, que pronto cumplirá 24 años y llegó de niño a España, país donde ha desarrollado su talento deportivo. Ahora se me antoja su fisonomía similar a la del santiaguero  para quien el muchacho tiene palabras de elogio: «Manrique es un gimnasta muy bueno, que ha salido de la nada», lo dice porque lo conoció justo en el Mundial en que el cubano, un desconocido, se estrenó en esos lares con dos preseas.

«El tío es increíble, hace la gimnasia de manera alucinante. Es potente, explosivo y, además de excelente atleta, es muy buena gente. La primera vez que nos vimos fue en el Mundial de Glasgow, y me impactó. Prácticamente no lo conocía y fue muy generoso conmigo.

«Randy también es muy buen chico. Apoya un montón a su compañero de equipo, sabe que la gimnasia que hace Manrique también depende de la suya. Esto es un deporte individual, pero los resultados se logran en equipo. Ellos son muy unidos. Recuerdo que él y yo terminamos juntos la competencia, y lo invité a tomar algo y dar una vuelta. Su respuesta me sorprendió: «Te lo agradezco, pero tengo que estar aquí por si Manrique me necesita».

«Esas son frases que llegan hondo. Generalmente cuando tu compañero termina de competir, se va por ahí a conocer. Solo el que tiene finales al día siguiente se queda para descansar y estar más tranquilo. Es lindo saber que hay alguien ahí apoyándote», dice como quien desea  que le sucediera lo mismo.

Randy Lerú. Foto: Roberto Morejón

Ahora, cada vez que Ray, Manrique y Randy coinciden en competencias, conversan y ríen juntos, porque los une la pasión por la gimnasia y el Caribe y quién sabe si un día también compartan podio.

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