Leones detrás de Irma

Los «azules» de Industriales se suman a las jornadas de recuperación en la capital cubana

Autor:

Norland Rosendo

«¡¿Aquel es Víctor Mesa?!... Sí, ese mismo es él, y vino con todo el equipo. Aquí va a haber trabajo, pero también se va a hablar de pelota».

Me cuentan que un muchacho se gastó los últimos centavos que le quedaban en el móvil escribiéndole un SMS a la novia: «Me voy a demorar un poco, porque los Industriales están en el parque del Quijote, ayudando a recoger escombros y la gente se está sumando…».

Era media tarde del lunes último, y en La Habana, en la céntrica calle 23 del Vedado, la gente estaba absorta con los cuentos de lo que había pasado en el Malecón. Pocos habían podido ver imágenes en la televisión y los periódicos. Cada quien traía una historia más espeluznante. Uno dijo que un pez grande se le había colado en la casa a una señora que casi se muere del susto; otro, que una familia como de siete integrantes se salvó subida en el segundo piso de una litera en la barbacoa…

Y en eso «se soltaron» los leones con Víctor Mesa al frente. «Dejen los cuentos para la noche, que si siguen sin corriente, van a tener tiempo para esas historias mientras espantan los mosquitos y el calor», dijo alguien que ahora ninguno de mis entrevistados reconoce; debe ser un vecino del lugar.

Un rato antes, los peloteros de la capital habían entrenado. Después fueron a un «juego» inusual, contra las huellas de una mujer de pelo torcido que tenía el bate más encendido que Yordanis Samón.

—¿Y Samón?, ¿no vino?, preguntó una joven.

—Está en Granma. Solo están ausentes él y Alexander Rodríguez, que también está fuera de la capital. Los demás estamos todos, respondió Víctor Mesa.

—Hasta su hijo…

—Sí, todos. Víctor Víctor ya está restablecido de su lesión, ayuda aquí y vuelve a la alineación cuando se reanude la Serie. Parece que será el viernes y vamos para Ciego de Ávila, carretera otra vez. Pero dejemos eso para después, que hay mucho que hacer.

Poco a poco, la gente fue bajando de los edificios; otros que caminaban por el lugar se sumaron. Era una gran brigada mixta, con músculos, reflejos y voluntad para hacer de este otro partido vencido. Tenía de todo para atrapar y lanzar, pero también para saltar y correr: junto a los peloteros estaban, entre otras glorias del deporte cubano, Javier Sotomayor y Alberto Juantorena.

«Óigame Víctor, ese huracán nos “peló al moñito”; hay mucha gente afectada, pero yo, que soy habanero de pura cepa, sé que si ustedes siguen ganando, nos vamos a recuperar más rápido», le dijo un señor al mentor de los Azules.

Dicen que Víctor se rió. «Estamos en eso; primero vamos a clasificar y después, por los play off. Si de nosotros depende, la recuperación no se va a parar, porque vamos a seguir jugando para que el pueblo disfrute y abarrote el Latino».

Entre charlas, algunas fotos, promesas y las bocas abiertas por los cuentos de lo visto «allá abajo», en el Malecón, los escombros iban desapareciendo de aquel parque, uno a uno, como el público que deja un estadio en una mala jornada de su equipo. A esa hora, Irma sabía que perdía el juego contra Cuba.

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