Bulgaria y Rumania: dilemas para los nuevos miembros de la Unión Europea

A partir de enero próximo, Bulgaria y Rumania serán miembros de la Unión Europea, aunque Bruselas les ha puesto alto el listón

Autor:

Luis Luque Álvarez

«Puedes pasar, sí; ¡pero a la primera, te vas!», advierte el vecino hosco al niño que ha venido a jugar a su patio. O sea: si cumples mis reglas, te quedas. Yo te vigilo, tú obedeces. No somos iguales. Yo arriba, tú abajo.

También la Unión Europea quiere tranquilidad en sus predios, y aunque ha abierto sus puertas a dos nuevos miembros, tal parece que lo hace a regañadientes, como el que acepta sin más remedio al chiquillo retozón.

El pasado 26 de septiembre, la Comisión Europea dio su consentimiento a que, desde el 1ro. de enero de 2007, Bulgaria y Rumania pasen a integrar el bloque comunitario, que quedará formado entonces por 27 países. Dos más, para un gigante que se plantea si no ha ido demasiado rápido en su ampliación —la última, en 2004, de 15 a 25 países—, máxime cuando los nuevos han sido mayormente naciones con notables diferencias de desarrollo respecto a los veteranos industrializados. Y necesitan más que unas monedas...

El presidente de la Comisión, Durao Barroso, fue claro: hay que hacer una pausa, no aceptar a ningún otro miembro hasta tanto Europa no se dote de una Constitución, a saber, un instrumento que mejor guarde los intereses del gran capital. Hasta el momento, dicho proyecto de «carta magna europea» ha vivido en cada país sus aventuras y desventuras: aprobada por los Parlamentos en Bélgica, Alemania, Italia, Malta, Chipre, Grecia, Austria, Eslovaquia, Eslovenia, Hungría, Lituania, Letonia y Estonia, para evadir la consulta popular; o con exiguas victorias en Luxemburgo y España, o con serios varapalos en Holanda y Francia.

En este último país, por cierto, uno de los miedos agitados por los partidarios del NO fue el del «fontanero polaco», el trabajador inmigrante del Este europeo que, gracias a las «bondades» de la Euroconstitución, invadiría el mercado laboral francés y haría temblar el modelo de bienestar de las sociedades occidentales.

Algo de esto también hay ahora, aunque sin nombrarlo tan directamente. Y si bien ni Bulgaria ni Rumania se irán «a la primera que hagan», sí es real que Bruselas ha impuesto un grupo de medidas a estos nuevos más pobres, para que ni plomeros búlgaros ni enfermeras rumanas, ni mucho menos las temibles redes mafiosas que pululan en esos países, intoxiquen el cada vez menor sosiego existente a la izquierda del mapa europeo.

¿LISTOS DE VERDAD?

Bulgaria y Rumania iniciaron sus negociaciones de adhesión a la UE en febrero de 2000, y dos años después esta anunció como objetivo la entrada de ambos países en 2007. Así, en 2005 suscribieron el Tratado de Adhesión, y hace unos días la Comisión Europea ratificó que están lo «suficientemente preparados» para satisfacer los criterios políticos, económicos y de otro orden para integrarse en el bloque.

Sin embargo, paradójicamente, Bruselas no está conforme con unos cuantos asuntos. Entre ellos aparecen la todavía insuficiente lucha contra la corrupción y el crimen organizado, la reforma judicial, y la escasa garantía de que los fondos europeos destinados a «levantar» económicamente a los nuevos socios para atenuar sus abismales diferencias con el resto, sean manejados con transparencia y sentido de la oportunidad.

Vayamos al reporte de la Comisión del 26 de septiembre. En un caso como el de los fondos, si estos fueran empleados ilícitamente, se podrían retener o reducir nuevos pagos, además de reclamar la retribución del dinero desviado. Igualmente, ambos países han de establecer agencias que manejen con claridad las sumas destinadas a la agricultura.

El alerta no es gratuito. El texto señala que la corrupción es un fenómeno preocupante en ambos países, aunque se refiere con mayor énfasis al caso búlgaro. «La administración pública, en especial las agencias recaudadoras de impuestos (...) son particularmente vulnerables», apunta.

Por ello, cada seis meses, Sofía y Bucarest tendrán que entregar un informe sobre sus esfuerzos en el combate contra el fraude. Esto, según entiendo, no se le había pedido anteriormente a ningún otro candidato. La situación es, al parecer, crítica...

De igual modo, ambos países deberán enfrentar prohibiciones a la exportación —hacia otros miembros del bloque— de ciertos rubros del agro, como por ejemplo, la carne de cerdo, dada la existencia de fiebre porcina en los dos territorios.

Otro silbatazo va dirigido específicamente a Bulgaria: «En vista de las serias deficiencias detectadas por la Agencia Europea de Seguridad Aérea y las Autoridades Conjuntas de Aviación (JAA) en el área de la seguridad aérea», queda prohibido que las aeronaves búlgaras surquen los cielos de la UE, a menos que Sofía «tome las acciones correctivas necesarias», etcétera, etcétera.

Y algo que no se puede pasar por alto: ya que la UE estipula «el libre tránsito de personas y mercancías», no debe asombrar la potencial aspiración de trabajadores búlgaros o rumanos de irse a probar suerte al oeste. A fin de cuentas, sería su derecho como ciudadanos de la «Europa de las libertades». Para ellos, una nota del informe de la Comisión: «El libre movimiento de trabajadores desde los nuevos Estados miembros pudiera ser restringido por los Estados miembros hasta por siete años después de la adhesión». Nada menos que siete años para alcanzar El Dorado...

Pudiera pensarse que ya son demasiados los requerimientos pendientes para dos países que, en definitiva, han sido declarados «listos». Pero falta. Falta...

¡BANG! ¡BANG!

El periodista Matthew Brunwasser, del International Herald Tribune, narra el caso de Emil Kyulev, uno de los hombres más ricos de Bulgaria, que el 26 de octubre de 2005, mientras se trasladaba en su BMW deportivo por las calles de Sofía, fue asesinado de un disparo por un sujeto escondido tras unos arbustos. Ese mismo día, a escasos kilómetros de donde ocurrió el incidente, el ministro de Justicia e Interior expresaba su «seria preocupación» por el auge del crimen organizado, un tema que «durante mucho tiempo no fue una prioridad de la agenda política».

Ciertamente, la criminalidad no es exclusiva de los países del Este europeo, pero no cabe duda de que la debilidad institucional y los altísimos niveles de pobreza y desigualdad tras el colapso del socialismo, abonaron el terreno para los amantes del delito de gran escala.

Y el dato no se le ha escapado a Bruselas. Varias acciones exitosas, según el informe, se han registrado contra las redes delictivas, en algunos casos con la colaboración de la UE; sin embargo, «todavía es insuficiente la cooperación entre las fuerzas involucradas en la lucha contra el crimen organizado, y no hay una confiscación sistemática de las propiedades de los criminales».

En tal sentido, la Comisión aconseja a Bulgaria «implementar una estrategia» para combatir el flagelo, en especial delitos graves, como el lavado de dinero, y proceder a incautar los bienes de los capos.

Y bien, quienes tienen la sartén por el mango han ubicado el listón donde desean. Pero hay reacciones curiosas, como las del diario Sega, de Sofía, citado por La Voz de Alemania: «Los búlgaros promedio debemos alegrarnos de que alguien supervise a nuestros gobernantes, los intimide y los fuerce a empezar de una vez por todas a hacer su trabajo. En este caso, debemos ser aliados de Bruselas y no de nuestros políticos. Las cláusulas de protección y la estricta observación son un azote para el gobierno, no para la ciudadanía. (...) Para cada ciudadano, los tranquilizadores informes sobre éxitos en el combate a la delincuencia son malas falsificaciones, porque la vida cotidiana no tiene nada en común con los reportes que se envían a Bruselas».

De modo que, aunque el primer ministro búlgaro, Sergei Stanishev, ha calificado eufóricamente el anuncio de la nueva membresía como «la genuina y final caída del Muro de Berlín», otro punto de vista, el de su homólogo rumano Calin Tariceanu, parece más cercano a la realidad: la gente no debe cometer el error de pensar que la adhesión significa que todos los problemas del país se resolverán.

Quien tenga alguna duda, mire por estos días a la vecina Hungría, una de los diez que el 1ro. de mayo de 2004 entraron al club comunitario al son de la Novena Sinfonía de Beethoven y bajo el destello de los fuegos artificiales. También allí ha llovido el maná de los fondos comunitarios, pero hoy, con un déficit en las finanzas públicas del 10,1 por ciento (el límite en la UE debe ser del tres por ciento), los magiares se aprestan a ajustarse el cinturón ante la previsible subida de impuestos, el aumento en el precio de los alimentos y los servicios públicos, y la reducción de las ayudas sociales. Entretanto, alguna que otra protesta ante el Parlamento en Budapest exige la dimisión de un Primer Ministro que, para reelegirse, anunciaba engañosamente que la economía iba «viento en popa».

No, no hay que esperar abundancias automáticas. Y para quienes creen que una Europa de 27 miembros será más sólida y, en consecuencia, más «contrapeso» a la hegemonía de EE.UU., válgales recordar la labor de zapa que algunos de los ex socialistas han venido efectuando en nombre de Washington, con un ejemplo rampante en la ilegal ocupación de Iraq. No es raro que el embajador estadounidense ante Bruselas, Boyden Gray, haya asegurado que «estos ingresos ayudarán mucho a las relaciones internacionales, generarán estabilidad y fortalecerán económicamente a la UE. Deseamos para nuestros socios que sean lo más fuertes posible».

Si el todopoderoso aplaude...

Rumania

Área: 238,391 km²Población: 21,7 millones de habitantesPerfil poblacional: Rumanos (89,5 por ciento), húngaros (6,6 por ciento), gitanos (2,5 por ciento)Expectativa de vida: 71.1 añosPIB: 7 000 euros per cápita (31,4 por ciento del promedio de la UE-25)Desempleo: 6,8 por cientoMiembro de la OTAN desde 2004

Bulgaria

Área: 110,993.6 km²Población: 7,9 millones de habitantes (2005)Perfil poblacional: Búlgaros (86 por ciento), turcos (9,4 por ciento), gitanos (4,6 por ciento)Expectativa de vida: 71.4 añosPIB: 6 324 euros per cápita (30,8 por ciento del promedio de la UE-25)Desempleo: 11,9 por cientoMiembro de la OTAN desde 2004Fuente: europa.eu

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