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Solos no se puede

Lo político y lo social deben andar juntos, afirma en La Habana el ex candidato presidencial chileno por Juntos Podemos, Tomás Hirsch

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Foto: Cortesía de Rafael de la Rubia Juntos Podemos es el nombre, pero también la divisa que ha propiciado la alianza más amplia lograda por la izquierda política y social chilena desde la Unidad Popular de Salvador Allende.

Su irrupción fue una grata sorpresa bien reciprocada por el pueblo, que premió los esfuerzos integradores otorgándoles la mejor votación de los últimos 30 años; primero, en elecciones municipales donde obtuvieron más de cien concejales y varios alcaldes en distintos puntos del país; luego, en las presidenciales de 2005-2006, donde Juntos Podemos se dio a conocer al mundo luego de registrar la mejor puntuación de la izquierda.

Si bien fue un porcentaje todavía bajo en virtud de las trabas impuestas por el criticado sistema de votación binominal, resultó lo suficientemente importante para el desempate entre la candidata de la Concertación de partidos por la Democracia, Michelle Bachelet, y el aspirante de la derecha, Joaquín Piñera, perdedor en la segunda vuelta... Pero más que eso, aquella votación corroboró que los esfuerzos unitarios estaban en lo cierto. Les mostró que aquel movimiento debía seguir adelante.

Posiblemente, tales logros se deban a que no estamos ante una alianza fraguada por la urgencia del encuentro con las urnas, ni siquiera nacida para el mero acto electoral.

Un acuerdo entre los partidos Comunista y Humanista, únicos legalizados dentro de la izquierda y con representación nacional, fue el punto de partida e hizo de estos los ejes, junto a un grueso manojo de organizaciones políticas y populares chilenas.

Y Juntos Podemos se erigió sobre la base de un proyecto de acción política que cumplió, además, la premisa de abarcar no solo el terreno político sino también el social, donde la denuncia y la movilización se dieron la mano con las propuestas concretas.

A fin de cuentas, la chispa que animó los primeros pasos fue la convicción acerca de una verdad capital, encerrada en una frase antagónica, desde la semántica, al nombre de la coalición: «Solos no se puede».

UNIDAD NECESARIA

Esa conciencia enciende los ojos y anima el diálogo con Tomás Hirsch cuando este se remonta a los años 2001-2002, y detalla cada uno de los pasos previos a la forja de una unidad que sigue siendo necesaria.

«Tenemos que aprender a trabajar juntos los partidos políticos y las organizaciones sociales», afirma. «No puede ser que las organizaciones políticas estén como dejando de lado a las sociales, ni que las organizaciones sociales sigan desconfiando de las organizaciones políticas».

Su paso por La Habana y la oportunidad de escucharle desencartona la imagen, siempre adusta en la imaginación, de quien fuera elegido por Juntos Podemos como su candidato a la presidencia en 2006, luego del largo fogueo que tiene que haber representado para Hirsch su presencia en las filas del Partido Humanista de Chile, desde su fundación hasta hoy.

Fue embajador durante los tres primeros años de gobierno de la Concertación por la Democracia en representación de los humanistas, agrupación que al término de la dictadura formó parte de esa alianza, aunque no sería larga su presencia allí.

«Ya en 1993 se nos hizo evidente que las cúpulas políticas de la Concertación estaban traicionando lo que había sido la lucha y las esperanzas de un pueblo, y que se estaba decidiendo consolidar y profundizar el modelo neoliberal sin responder a las demandas de lucha; demandas que tenían que ver con recuperar la democracia pero recuperar, sobre todo, la justicia social», afirma.

Locuaz y desenfadado, desgrana los acontecimientos de la historia reciente de su país con el mismo calor con que comenta acerca de la actualidad en América Latina.

Acaba casi de concluir una gira que lo llevó por unas 16 naciones de la región, en cada una de las cuales se reunió con distintos sectores.

Está persuadido de que el continente vive lo que denomina «un nuevo momento». Y tiene la seguridad de que también en ese contexto hacen falta el concurso amplio y los propósitos comunes: «Ningún país solo podrá resolver los problemas que tiene».

Un rehilete girando a toda velocidad preside los impresos de Juntos Podemos, a manera de alegoría: sí, los vientos están soplando distinto en América Latina.

PODEMOS VIVE

Las movilizaciones de los secundaristas ya han estremecido en dos ocasiones a Chile. Posiblemente la noticia de este encuentro en La Habana sea que Poder Democrático y Social (PODEMOS), se mantiene vigente, a pesar de lo que Tomás Hirsch denomina un momento de conflicto dado por la decisión de algunas agrupaciones dentro de la alianza de votar nulo en la segunda ronda electoral de enero de 2006, en tanto otros entendieron mejor votar por la Concertación por la Democracia, de modo de cerrar el paso a la derecha.

«Sin embargo, más allá del voto nulo o no, se evidencia otra cuestión: que es necesario reflexionar en cuál es el rol de la izquierda en Chile y, tengo que agregar, en Latinoamérica. Cuál es el rol de los partidos políticos de izquierda, y cuáles deben ser las prioridades en que se trabaje hacia adelante. Y en ese proceso de reflexión es en el que estamos inmersos hoy día».

Aunque el trabajo de Juntos Podemos «se enlenteció» durante el año pasado, dado que algunas de sus organizaciones miembros entraron en distintos procesos internos, «recién ahora recobra su capacidad de acción y de diálogo», asegura Hirsh, quien no estima que 2006 pueda considerarse para la alianza como «un año malo».

Considera que, como en otras naciones latinoamericanas, también en su país los movimientos sociales muestran una mayor beligerancia, si bien tienen muchos elementos en contra.

«Chile ha sido la punta de lanza del neoliberalismo no solo a nivel del continente latinoamericano, sino para el planeta, con una tremenda maquinaria publicitaria y económica a su servicio, con un control tremendo de los medios de comunicación, y evidentemente eso le ha significado estar bastante más atrás en todo el proceso que se está viviendo en América Latina».

Coincide, no obstante, en que la lucha social empieza a verse con más fuerza durante los últimos tiempos en su país, una aseveración sustentada en la beligerancia de los estudiantes secundarios y de la universidad, en la lucha de los mineros del cobre, en las demandas de los pobladores por el derecho a la salud o a la jubilación.

«Yo diría que el pueblo chileno está comenzando a creer que ha vivido en una gran ficción, que ha vivido sometido al gran cuento de que ‘el éxito ya va a llegar’. Eso se está cayendo, eso finalmente está empezando a caerse como ilusión óptica. Creo que también ha habido una Operación Milagro en ese aspecto».

DEFINIR QUÉ ES IZQUIERDA

Hombre interesado en el acontecer regional tanto casi como en su propio país, Tomás Hirsch elude calificar el momento que vive América Latina como revolucionario.

«Creo que sería un error; pero sí denominaría lo que ocurre como un intento de los pueblos por encontrar nuevos caminos.

«Digo que estamos en un momento de búsqueda, de intentos, que tiene algunas expresiones más vistosas en aquellos países en que se ha ganado la presidencia: entonces uno mira a Venezuela, mira a Bolivia, ahora mira a Ecuador, pero en otros países donde esto no ha sucedido, también yo veo este proceso en marcha. El año pasado recorrí casi todos los países de América Latina, largamente. En todos los puntos me pareció notar la existencia de este nuevo momento.

«Usted podrá decir: ‘en México ganó la derecha’. Pero hay un nuevo momento. En Colombia, es verdad que sigue Álvaro Uribe; pero uno ve al Polo Democrático como una fuerza que encierra una gran riqueza y diversidad...».

Sin embargo, considera que no es cosa de estar satisfechos ya. Y si bien están en marcha proyectos de claras reformas estructurales, entre los que sigue con particular interés al que lideran Evo y el MAS en Bolivia, «no todo lo que se llama de izquierda lo es», asevera.

«En América Latina se puso de moda hablar de izquierda, hablar de progresismo. Pero para mí no puede ser izquierda un gobierno que mantiene y profundiza el modelo neoliberal, que continúa el camino de las privatizaciones, que hace de la salud y la educación un negocio, que firma tratados de libre comercio con EE.UU., que lleva las jubilaciones a ser otro gran negocio de las multinacionales. Ese gobierno se podrá decir de izquierda para el mundo, pero eso no tiene nada que ver con la realidad que está aplicando en su propio país.

«Y el caso más paradigmático es Chile. Michelle Bachelet me parece una excelente persona a quien quiero mucho y con la cual tengo un vínculo personal de mucha cercanía, pero no tiene nada de izquierda el gobierno que preside, más allá de su propia intención personal o su voluntarismo».

Por eso, insiste en la necesidad de un ejercicio de análisis y debate a nivel continental.

«Creemos que hoy día es necesaria a nivel latinoamericano una reflexión acerca de qué es ser de izquierda, cuál es el rol de los partidos de izquierda y cuál es el proyecto que nos corresponde trabajar».

 No violencia activa

El movimiento humanista nació en plena dictadura chilena a partir del pensamiento de Silo —seudónimo de Mario Luis Rodríguez Cobos (1938), calificado por algunos como ideólogo del llamado Nuevo Humanismo— y a quien Hirsch describe como un pensador, escritor y luchador argentino que «a fines de los años 60 dio sus primeras charlas públicas en torno a la violencia que estaban viviendo los pueblos latinoamericanos y la necesidad de transformar esa situación personal y social».

La convocatoria caló entre los jóvenes chilenos, y hacia 1984 «decidimos también que era importante actuar en el campo de lo político.

Así, precisa, Chile es uno de los primeros países donde se forma el Partido Humanista «y nuestra primera tarea fue luchar por la recuperación de la democracia».

La no violencia activa es la concepción y metodología que pone en marcha el Partido; «pero se trata de una no violencia activa» —reitera— que denuncia la violencia y la rechaza.

«Es una acción concreta de lucha contra la violencia, tomando en cuenta que esa violencia es no solo física, sino económica, racial, sicológica, sexual, cultural, generacional... en todos los campos del quehacer».

 

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