Niña abandonada conduce programa televisivo

Angie, una niña venezolana rescatada de la marginalidad conduce una sección del programa que refleja la obra social de la Revolución Bolivariana

Autor:

Juventud Rebelde

Angie, durante la grabación del Noticiero de las Misiones, de Venezolana de Televisión. Foto: Alberto Borrego Ávila CARACAS.— Hoy Angie Laterza tiene 12 años y sueña con ser periodista. Once meses atrás, lo hacía con un techo donde dormir, un plato de comida y, sobre todo, con apartar a su mamá de la droga.

Durante dos años vivió en la calle. Primero en los parques de Maturín, estado de Monagas, y luego en las plazas de Caracas. Venezuela toda la conoce, porque durante la emisión 257 del programa Aló Presidente, le narró su historia a Hugo Chávez, y remató su aparición ante las cámaras tocando con el oboe el Himno de la alegría.

Y también porque desde hace algunas semanas conduce la sección infantil del Noticiero de las Misiones, que se transmite todos los viernes por Venezolana de Televisión y refleja la obra social de la Revolución Bolivariana.

La historia de su corta vida es tan triste que los psicólogos insisten en que no la recuerde más.

Junto a su mamá y tres hermanitos, fue desalojada de su casa natal, debido a un penoso conflicto familiar, y obligada a la más cruda supervivencia.

Antes de concluir el sexto grado, abandonó los estudios, vendió estampitas, durmió en parques y estacionamientos, pidió dinero. «Malandra no soy —aclara—, porque nunca robé ni tomé drogas», pero admite haber conocido de cerca a quienes lo hacían. «A veces la pobreza no te deja otra opción».

Su propia madre, en medio de la impotencia, comenzó a inyectarse estupefacientes, para «no sentir nada».

«La gente dice que yo debería estar traumatizada, pero soy una niña sanita», comenta Angie. En Maturín, mientras trataba de ganarse la vida, aprendió a jugar ajedrez, «porque no quería quedarme bruta», y en Caracas se colaba dentro del Polideportivo de esta ciudad, para participar en las clases de danza.

La primera vez que llegó a uno de los puntos de alimentación abiertos por el Gobierno para los indigentes, no la quisieron atender, pues no creían que viviera en la calle. «Me veían limpia y peinada, no como los demás niños».

En aquel lugar supo de la Misión Negra Hipólita, un programa social creado por el gobierno venezolano para luchar contra la extrema pobreza, «y allí se inicia la parte feliz», según ella misma dice.

Durante varios meses permaneció con su familia en el Instituto Nacional del Menor (INAM), en un proceso de rehabilitación. Luego recibieron una casa, y su mamá y uno de los hermanos comenzaron a trabajar en el Ministerio de Participación Popular y Desarrollo Social (MINPADES), como educadores de calle, para tratar que la gente no sufra lo que ellos.

Angie empezó a estudiar Música. En solo una semana aprendió a tocar el oboe e ingresó a la Orquesta Infantil de Venezuela, integrada por jóvenes de muy bajos recursos.

«Si no fuera por mi Presidente, que creó la Misión Negra Hipólita, todavía anduviera en la calle, y mi mamá seguiría trabajando hasta la noche. No tendría donde vivir ni estaría en la escuela, y no sabría nada de nada», afirma.

«Pero todavía quedan niños que andan por ahí, pidiendo moneditas. No conocen de Negra Hipólita. Por eso quiero ser periodista. Voy a estudiar y me voy a graduar de comunicadora social, para hablar de las misiones por la televisión».

Misión Negra Hipólita

La Misión Negra Hipólita, creada por el Gobierno bolivariano, funciona en todos los estados de Venezuela y tiene como objetivo luchar contra la extrema pobreza.

En poco más de un año, ha rescatado de la calle a decenas de miles de indigentes. Esas personas reciben atención médica, tratamientos de rehabilitación, y opciones de estudio o empleo.

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