Puerto Rico es una colonia, la independencia no es utopía

Gricel Surillo, presidenta de la Federación de Universitarios Pro Independencia de Puerto Rico (FUPI), conversa con Juventud Rebelde

Autor:

Luis Luque Álvarez

  Gricel Surillo. Foto: Albert Perera Castro Que a quienes desean la independencia de su tierra, los poderosos los llamen «terroristas», es cosa común en estos tiempos. Así les pasa a los miembros de la Federación de Universitarios Pro Independencia de Puerto Rico (FUPI).

Su presidenta, Gricel Surillo —a quien acompañan otros seis compañeros en este viaje a Cuba—, nos amplía: «Para muchos, nuestra organización está estigmatizada. Se dice que somos los “muchachos terroristas”, los que buscan “problemas”, pero antes que todo, lo que luchamos es por la independencia y el socialismo. Puerto Rico no es libre, es un territorio de los EE.UU., una colonia. Y batallamos por captar el apoyo del estudiantado universitario, para que el estudiante sepa que Puerto Rico es una colonia, que es feo serlo, y que conozcan que la independencia no es un sueño utópico ni romántico, sino perfectamente realizable. Lamentablemente, para muchos jóvenes la realidad es como es, y si cambia, es para que seamos estado de EE.UU., no para ser una república independiente».

—¿En qué momento nace la FUPI?

—En 1956. Y se funda en la clandestinidad, porque si hacías política, te expulsaban. Somos herederos de una organización que tiene mucha historia, lo que representa mucha responsabilidad para nosotros.

«Además, hemos sufrido embates muy grandes, de los que hemos salido debilitados, como una huelga de estudiantes hace dos años contra el alza de las matrículas. Duró 30 días.

«El movimiento estudiantil en general está pasando por un momento de mucha debilidad. No solo lo está atravesando la FUPI, sino otros movimientos de izquierda en la universidad.

«Ahora, por ejemplo, viene un aumento en las matrículas. Antes era de 30 dólares cada crédito, después subió a 45. Un estudiante regular tiene un mínimo de 12 créditos. Multiplica entonces todo esto, más una cuota de construcción, más otra de tecnología, y cuando vienes a ver, la cosa se dispara. Puedes coger prórroga, dividir los pagos, pero si no los pagas a tiempo, te cobran intereses. Es complicado.

«El alza será escalonada. Yo, que ya estoy dentro, no tengo alza, no pago más; pero el que entra nuevo, sí se afecta. Entonces crean diferencias entre los estudiantes. El que siga atrás, que se las arregle. El que llega nuevo, da por hecho que le cobren esto. Para él es normal, pero es erróneo. La jugada es muy lista. Se las ingenian para desmovilizar a la gente de una manera muy sutil.

«Lo que tenemos que inventar nosotros es qué hacemos para mover al que no le afecta el alza, y al que sí la va a pagar. La vez pasada, cerramos los portones, cerramos la universidad, y después no pudimos sostener ese cierre por mucho tiempo. Hay que ver bien qué vamos a hacer».

—¿Algunos de ustedes han sufrido persecución o cárcel?

—Los últimos presos que hubo de nosotros, fueron a prisión durante las protestas por las maniobras militares yanquis en Vieques. Tres importantes miembros fueron encarcelados por la desobediencia civil en la isla.

«Pero la represión siempre ha estado ahí. Se han pagado agentes encubiertos, introducidos por la policía como supuestos “miembros” de la FUPI. Cuando se acababan las reuniones internas, informaban a la policía y al FBI.

«Eso es ilegal. Se supone que en EE.UU., si te organizas pacíficamente, tienes libertad. Eso es lo que dice la Constitución. Pero en Puerto Rico se ha perseguido a los independentistas. Si uno de ellos pide un empleo, un agente viene y dice: “Ese es un terrorista, no le den trabajo”. Y nosotros partimos de la premisa de que esa práctica de espías sigue dándose, aunque no tenemos pruebas concretas».

—Con la omnipresencia del colonialismo allí, ¿en qué lugar quedan las ideas independentistas?

—Plantearse la independencia per se no es imposible. Toda América Latina es independiente. Son países capitalistas, pero libres. ¿Por qué nosotros no podemos serlo? Si me preguntas qué tipo de república quisiera, te diría: una república socialista. Y el referente es Cuba.

«Nosotros podemos tener una economía nacional. Poseemos recursos y capital humano para sacarlo adelante; sin embargo, todo lo que se hace allí, se saca del país. En Puerto Rico, por ejemplo, hay farmacéuticas, pero sus ganancias se sacan de la isla. Otra sería la historia si se quedaran...

«Dentro de la izquierda hay desarrolladores, economistas, personas con proyectos concretos sobre cosas que se pudieran hacer, y que no se quieren hacer, porque obviamente lo que desea EE.UU. es que creamos que sin ellos nos morimos, que se hunde la isla. Y lo cierto es que han sido bastante exitosos con el cuentecillo».

—¿Cuál es el objetivo de la FUPI con esta visita a nuestra Isla?

—Lo que queremos, y por eso vinimos a Cuba, es seguir formando cuadros. Era importante venir a ver con nuestros propios ojos a Cuba, que es nuestro referente en América Latina. Lo que se dice de Cuba allá es todo muy sesgado y filtrado con un visor muy específico.

«Como independentista, cuando le planteo a un joven nuestras ideas, te dice: “¿Tú quieres que Puerto Rico sea como Cuba?”. Y le contesto: “Bueno, si ser como Cuba significa tener educación gratuita y buena, medicina gratuita, pues sí. Y lo sé porque estuve en Cuba”. No me lo están contando. Es importante aprender de esta experiencia y llevármela a Puerto Rico.

«Nuestra organización va a salir más fortalecida de este viaje. Va a ser muy positivo para aumentar nuestra membresía. Hoy tenemos un capítulo en la ciudad de Río Piedras y otro en Mayagüez, y tenemos contactos en Ponce para abrir un capítulo allí».

—¿Y cómo califica su experiencia aquí hasta el momento?

—La de nuestra reunión con la FEU y con la OCLAE fue maravillosa. En el intercambio con la FEU nos hemos asombrado, porque pensábamos que no habría mucha similitud de problemas entre nosotros. Pero sí, hay elementos que compartimos, por ejemplo, cómo llegar a un joven que es apático. Ellos me decían: “Aquí también tenemos jóvenes apáticos, y hay que buscar la manera de llegar a ellos”.

«En Puerto Rico la apatía es gigantesca. Es un individualismo. Voy a la universidad, hago mi carrera y me voy. Todo el mundo tiene carro. Llegan, cogen la clase y se van. Nadie se queda en el recinto. ¿Para qué?

«En cuanto a Cuba, te digo que vine en 1997, al Festival de la Juventud y los Estudiantes. El cambio es muy visible. Cuba da pasos hacia delante. Y con mayor espíritu crítico».

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