Sabra y Chatila, una gota en un mar de sangre

Rinden tributo a las víctimas de la matanza en los campos de refugiados palestinos, acaecida hace 25 años

Autor:

Luis Luque Álvarez

Un homenaje a los más de 3 000 civiles palestinos asesinados arteramente por la Falange libanesa con la complicidad del ejército israelí, en los campamentos de refugiados de Sabra y Chatila hace ya 25 años, fue tributado ayer en la sede de la Embajada del Estado de Palestina en Cuba.

El embajador palestino, Ibrahim Al Zeben, y su homólogo de Qatar, Alí Bin Saad al Kharji, así como el encargado de negocios del Líbano, Jean Makaron, colocaron una ofrenda floral ante el monumento que honra la memoria de las víctimas, ubicado en el jardín de la sede diplomática.

La de Sabra y Chatila, «no fue la única ni la primera masacre contra el pueblo palestino. Lamentablemente, tampoco sería la única», expresó el señor Al Zeben. «El genocidio ha sido una práctica constante del enemigo para intentar poner de rodillas a nuestro pueblo».

«Es —añadió— el resultado del egoísmo y la intolerancia, de las ganas de matar. Y mañana las víctimas pueden ser Irán, el Líbano, Nicaragua, Bolivia, muchos otros...».

Por su parte, el cónsul palestino en Cuba, Abdullah Younes, quien perdió a cinco miembros de su familia en aquella orgía del crimen, señaló que «la vida del pueblo palestino ha sido siempre roja, como la sangre. El episodio de Sabra y Chatila es una gota en un mar de sangre».

«Cualquier palestino podría estar aquí. Todos los millones de palestinos dispersos por el mundo han perdido a alguien y algo», aseguró.

En la ceremonia estuvieron presentes el coordinador del Departamento de Relaciones Internacionales del Comité Central, Juan Valdés; el jefe de la Dirección de África del Norte y Medio Oriente del MINREX, Enrique Enríquez, y miembros del cuerpo diplomático acreditado en Cuba.

Manos libres para arrancar vidas

Entre el 16 y el 18 de septiembre de 1982, mientras Ariel Sharon era ministro de Defensa de Israel, las tropas sionistas que ocupaban Beirut permitieron que la reaccionaria Falange libanesa —armada con fusiles, hachas, machetes, granadas de mano y otros instrumentos de muerte— ingresara a los campamentos de refugiados de Sabra y Chatila, en un momento en que los combatientes palestinos estaban fuera del área.

La masacre comenzó a las seis de la tarde del jueves 16 de septiembre de 1982 y se extendió hasta el 18 de septiembre. Niños, mujeres —algunas embarazadas— y ancianos, fueron vejados de las peores maneras, pasados por las bayonetas y destrozados antes o después de ser asesinados.

Un testigo directo, el periodista Thomas Fredman, del The New York Times, dijo: «He visto frecuentemente grupos de jóvenes, de entre 20 y 30 años, que fueron alineados junto a las paredes, atados de manos y pies y exterminados a posteriori con ráfagas de ametralladoras al estilo de las bandas profesionales de gangsters».

La consternación mundial provocada por la noticia, obligó a Israel a crear una comisión investigadora, encabezada por el presidente del Tribunal Supremo, Isaac Kahan.

En febrero de 1983, la comisión atribuyó «responsabilidad personal» en la carnicería al ministro de Defensa Ariel Sharon —quien había coordinado la operación directamente con jefes falangistas—, y recomendó su destitución.

Años después, sin embargo, Sharon tendría la oportunidad de reeditar nuevas masacres, al convertirse en primer ministro de Israel en 2001 y tratar de sofocar la rebeldía palestina. Desde enero de 2006, permanece inconsciente a causa de un infarto cerebral.

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