Tortura y canto en una celda de confinamiento solitario

Otro récord mundial de Estados Unidos en su expediente de violaciones de derechos humanos: 25 000 personas presas están en confinamiento solitario. El padre jesuita Bill, «Bix», Bichsel y su segunda semana en huelga de hambre…

Autor:

Juana Carrasco Martín

El informe de ONU es preciso: el castigo puede constituir tortura. Y ejemplos van y vienen en el documento, donde se denuncia que Estados Unidos tiene en su amargo prontuario el récord mundial de mantener a cerca de 25 000 personas en confinamiento solitario.

Esa práctica de aislamiento en una pequeñísima celda durante 23 o las 24 horas del día, durante semanas, meses y hasta años o décadas, es prácticamente una norma en las prisiones de máxima seguridad, que se aplica como tortura psicológica, cruel en extremo porque además de privar al reo de otro contacto humano los confunde sensorialmente en cuanto al tiempo que transcurre, y deja generalmente un impacto negativo en el estado mental del prisionero.

Coloquialmente, entre los reclusos de las cárceles estadounidenses, esas dos palabras: confinamiento en solitario, que constituyen un castigo adicional, porque impide todo contacto humano a excepción de carceleros indiferentes al sufrimiento del recluso, ya sea mental o físico, se transforman en no pocos términos: «hole» o el hueco», «AdSeg» (por Segregación Administrativa), «hotbox» o la caja caliente, «lockdown» o en bloqueo, «SHU» el acrónimo de Security Housing Unit (Unidad de Seguridad), o «pound», esa palabra que describe el recinto donde se guardan los perros callejeros…

Dice el documento de Naciones Unidas que el tiempo más prolongado en una celda, sin contacto con otros prisioneros, es compartido por dos hombres en Louisiana que llevan 40 años, y no es errado el lapso recogido en una información reciente de Prensa Latina.

Se habla también de Stephen Slevin, en Nuevo México, quien tras ser detenido por conducir en estado de ebriedad pasó 22 meses en esas condiciones de encierro tras las rejas, donde su salud se deterioró al punto de padecer una depresión clínica que afectó seriamente su estado mental, pero no recibió tratamiento psquiátrico en su momento.

La demanda que hicieran su abogado Matthew Coyte ante un tribunal federal de distrito en Santa Fe, tuvo un fallo a su favor y las autoridades deben pagarle una indemnización de 22 millones de dólares.

No sabemos si Stephen Slevin podrá «disfrutar» de ese beneficio que le dio casi dos años de infortunio. Quizá poco si nos atenemos a la descripción que del confinamiento solitario da Sandra Schank, psiquiatra de la Prisión de Mule Creek: «Es un concepto psiquiátrico estandar, si usted pone a una persona en aislamiento, ella se tornará insana… Ese es un gran problema en el sistema de California, poner a un gran número en el SHUs…». Y es que desde 1970 los estudios muestran indicaciones claras de cómo altera neurológicamente y los índices de patologías generadas en esas circunstancias son mayores que en la población penal general (28 por ciento frente a 15 por ciento).

No hace mucho, en las cárceles de California, exactamente en la Pelican Bay State Prison, se inició una huelga de hambre generalizada contra el trato inhumano y las violaciones a los derechos de los encarcelados; en breve tiempo se prendió la acción como una chispa en la pradera, pero muy pocos medios de prensa en EE.UU., escasísimos, abordaron los hechos.

Lo que para algunos podría ser una situación nueva, era lamentablemente una reiteración de otros acontecimientos similares.

La prisión de Pelican Bay, la supermax del norte de California, en 1993 también fue objeto de una denuncia judicial por parte de sus 3 600 reclusos que alegaron violaciones de sus derechos y abusos cometidos en su contra. Entonces, el doctor Stuart Grassian recogió testimonios que inducían a concluir que el confinamiento solitario provocaba desórdenes psiquiátricos específicos como hipersensibilidad a los estímulos externos, alucinaciones, ataques de pánico, déficit cognoscitivos, pensamientos obsesivos, paranoia y problemas en el control impulsivo.

Y nada ha cambiado desde entonces.

Una historia de estos momentos

Pero no son estas circunstancias las únicas que queremos resaltar. Hay otro caso probablemente no citado en el documento del organismo internacional y sus connotaciones saltan los límites del recluso común, porque Bill ,«Bix», Bichsel no es un hombre peligroso, tampoco un delincuente, narcotraficante, homicida, aberrado sexual o terrorista.

Tampoco está en crisis emocional, ni a punto de perder sus facultades mentales, pero sí peligra su vida y sobre todo, está lleno de razones para levantarse con dignidad frente a sus guardianes, que no son solo los celadores del Centro de Detención Federal SeaTac, al sur de la ciudad de Seattle, en el norteño estado de Washington.

Bill, «Bix», Bichsel tiene 83 años, es un hombre religioso, padre jesuita para ser más exacta, y un consciente activista por la paz, miembro de Disarm Now Plowshares, que ahora canta para sí mismo en su celda de confinamiento solitario y lleva ya dos semanas en huelga de hambre, precisamente para protestar por ese procedimiento de reclusión donde además debe llevar grilletes cuando lo llevan a la corte o a los interrogatorios. Castigo por su más reciente acción contra las armas nucleares y otras políticas de Estados Unidos, realizadas el 20 de julio de 2010 en el Y-12 Complejo de Seguridad Nacional de Oak Ridge, en Tennessee, que albergará una nueva planta de armas nucleares.

No es la primera vez que Bichsel ha sido arrestado por su actividad de desobediencia civil no violenta frente a bases militares, instalaciones de armas nucleares, o la Escuela de las Américas formadora de torturadores y dictadores en América Latina, aunque se haya cambiado el nombre y la ubicación geográfica.

Antes había servido una sentencia de tres meses en la primavera del año pasado por otro acto de resistencia civil en una base de armas nucleares de la marina estadounidense en Bangor, Washington en noviembre de 2009. Durante aquel encarcelamiento fue transferido al menos por seis diferentes instalaciones penitenciarias diseminadas por todo el país.

Por supuesto, que el confinamiento en solitario de ahora es un castigo desmedido pero así fueron los hechos y la enfermiza actuación de las autoridades de Estados Unidos: el 10 de enero lo trasladaron transitoriamente a una casa-prisión en Tacoma con la expresa advertencia de que no podía recibir visita en las primeras 72 horas; pero esa tarde, dos monjes budistas y un pequeño grupo de sus seguidores pararon frente al lugar, tocaron sus tambores y rezaron por unos breves minutos en solidaridad con Bichsel.

Dice el blog de Disarm Now Plowshares que Bix se sintió feliz y que tuvo el fuerte sentimiento de que «eran ángeles que le daban esa intensa alegría», pero sus captores lo reprendieron, y fue reportado por «recibir una visita no autorizada». Bien temprano en la mañana siguiente, Bix fue despertado abruptamente, sacado de la cama y esposado para llevarlo de regreso a SeaTac, donde lo pusieron «en custodia protectiva en la unidad especial», es decir en SHU, en el hueco, en la caja caliente, en el hoyo, en el bloqueo, en la segregación administrativa.

Está rearrestado —exista o no esta palabra en el diccionario, así es—. Para nada tomaron en cuenta su edad, los problemas circulatorios que presenta, ni el estado de su corazón. Ahí está desde entonces las 24 horas del día, sin dormir, con el frío de Washington calándole los huesos, pidió un jacket, una almohada o una colchoneta y nadie le contestó hasta que comenzó en las afueras de la prisión una vigilia a la luz de las velas. Solo entonces recibió una colcha adicional.

Las bajas temperaturas no han helado, sin embargo, la decisión de lucha del padre Bichsel, firme en su propósito de hacer conciencia contra las armas nucleares, otros desmanes bélicos y esta inaudita violación de sus derechos humanos. Desde el 10 de junio, está en huelga de hambre…

Bichsel no es el único procesado y encarcelado por esas acciones contra las armas nucleares. Uno de ellos, el también fraile jesuita Steve Kelly, está en prisión desde el pasado abril sirviendo una sentencia de 15 meses. Dicen quienes apoyan su lucha que prácticamente casi todo ese tiempo ha estado en solitaria, según escribió Joshua J. McElwee en el sitio web Nacional Catholic Reporter.

Silenciosos y silenciados por la gran prensa y los adalides de la libertad de expresión, los activistas antibélicos compañeros de Bichsel han estado acompañando su lucha, y el viernes 27 de enero publicaban en el blog Disarm Now Plowshares que habían mejorado sus condiciones de encierro y anunciaba que concluía su huelga. «Sonaba optimista», dijo Theresa Power-Drutis, quien recibió una carta escrita por Bichsel el día 24.

¿Qué se dice en el Congreso sobre este cura católico? ¿Acaso en el Departamento de Estado se menciona su caso? ¿Estará organizando el Pentágono a alguno de sus teams de operaciones especiales para llevarle la libertad? ¿Será convocado el Consejo de Seguridad de la ONU? ¿Y el Consejo Interamericano de Derechos Humanos no va a protestar por el caso? ¿Se conocerá y hablará de esta situación en el Despacho Oval?

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