Configurando el mundo del futuro

Aunque la última década ha sido testigo de una expansión en las relaciones de China con los países de América Latina, esta Cumbre de la Celac debe potenciar la relación y colocarla en un plano aún más beneficioso para las partes

Autor:

Nyliam Vázquez García

La ecuación parece simple: naciones que necesitan ampliar sus horizontes, cambiar modelos y lograr relaciones mutuamente beneficiosas. Sin embargo, desde la diversidad de los países latinoamericanos y caribeños y, sobre todo, desde sus dispares necesidades para el desarrollo, si bien las relaciones entre ellos y la República Popular China han avanzado notablemente, aún están muy lejos de sus potencialidades.

El fracaso del modelo neoliberal en América Latina, la concentración de EE.UU. en sus aventuras bélicas en Iraq y Afganistán, y la llegada al poder de Gobiernos progresistas a la región, propiciaron un acelerado acercamiento entre las partes, más allá de las distancia geográficas. Lo más interesante no es el modo en que han crecido los vínculos económicos y se han profundizado las relaciones políticas, sino la rapidez con que lo han hecho.

China se ha convertido en un importante socio para América Latina y el comercio de bienes ha sido uno de los más dinámicos en los últimos años. Si en los 90 el intercambio comercial era de apenas 2 000 millones, en 2012 superó los 200 000 millones de dólares. En este escenario, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) pretende avanzar en la implementación de un Foro de Cooperación China-Celac, parte del Plan de Acción aprobado en la I Cumbre celebrada en Chile en enero de 2013, que viabilice la concertación como unidad latinoamericana frente a una de las potencias mundiales, y profundice las relaciones estratégicas.

Se trata de un nuevo nivel de diálogo llamado a apoyar en la superación de uno de los escollos fundamentales de las relaciones a nivel bilateral: el modelo de exportadora que ha desempeñado, de manera prevaleciente, la región en el intercambio económico, hasta la fecha. No por casualidad, con anterioridad las partes han estudiado las áreas en las que el Foro podría ser de mayor utilidad.

Aunque no se trata solo de economía, no es menos cierto que el gigante asiático necesita materia prima e insumos para su desarrollo y la región es un excelente nicho de mercado. Por otra parte, los países latinoamericanos —principales productores y proveedores de acero, metal,  petróleo y otros productos primarios— necesitan sin condiciones las inversiones y créditos. En definitiva, el financiamiento para infraestructuras, así como el intercambio tecnológico para poner a funcionar diferentes proyectos.

Según un artículo del Doctor en Ciencias Políticas de la Universidad Católica Argentina, Jorge Eduardo Malena, solo en el período de 2009 a 2012, los bancos chinos prestaron unos 50 000 millones de dólares a América Latina, cifra que superó lo otorgado a la región por los EE.UU., el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial.

Aunque el esquema de importación de materias primas chinas, abundantes y baratas, no ha sido beneficioso para la pequeña y mediana empresa de algunos países latinoamericanos, lo cierto es que la intención ha sido corregir las desviaciones que ponen en peligro el intercambio.

«China tiende a convertirse en el segundo socio comercial de América Latina en los próximos cinco años… La buena noticia es que nos estamos conectando de manera cada vez más intensa con el motor de la economía mundial del siglo XXI. La mala es que lo estamos haciendo con un modelo exportador similar al del siglo XIX», explica el director de la División de Comercio Internacional e Integración de la Cepal, Osvaldo Rosales, citado por Jorge Eduardo Malena.

En aras de la corrección del modelo, el país asiático potencia la colaboración económica y tecnológica con casi todos los Estados con los que tiene relaciones diplomáticas; a la vez, ha firmado acuerdos de promoción y protección recíproca de inversiones y establecido comisiones mixtas de cooperación científica y tecnológica con un gran número de países de la región.

El Libro Blanco de las Relaciones con América Latina, publicado por la Cancillería china en noviembre de 2008, apunta al interés de China en diferentes áreas de las relaciones. Sin embargo, América Latina no ha logrado plantearse una proyección de esas dimensiones, lo cual podría comenzar a solucionarse en la Cumbre de La Habana. El Foro de Cooperación China-Celac está llamado a ser un paso de avance en ese sentido, en vistas a lograr un intercambio más fluido y beneficioso.

En un mundo que necesita avanzar hacia la multipolaridad, donde China desempeña ya un papel relevante como potencia emergente principal, las relaciones con la Celac trascienden como necesidad histórica. Por otra parte, no pocos reconocen que la ampliación de estos vínculos hace a la región más independiente del tutelaje de Washington.

«América Latina y el Caribe también es otra fuerza emergente y ambas (Celac y China) van configurando lo que va a ser el mundo del futuro», afirmó el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro en agosto de 2012, cuando tuvo lugar la primera reunión formal entre representantes de la Troika de la Celac y China para impulsar lo que se espera sea noticia en la II Cumbre de la Celac en La Habana.

Tanto para Beijing como para los países miembros del conglomerado regional, la Celac puede jugar un papel positivo como importante plataforma de la cooperación entre China y América Latina.

Desde la diversidad de esquemas políticos que conforman la unidad latinoamericana y caribeña, agrupada en este mecanismo de concertación y diálogo, la apuesta está en allanar el camino a beneficios comunes entre las partes.

Después de La Habana habrá que seguir trabajando —más allá de la distancia geográfica y del ascenso de los parámetros macroeconómicos— para lograr desde la cooperación Sur-Sur y adaptada a las realidades de cada país, la conformación del futuro. China y la Celac tienen un gran reto.

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