El futuro está en las urnas

Estas parlamentarias se desarrollan en medio de una crisis económica en Venezuela, ocasionada por el acelerado descenso en el último año de los precios del barril de petróleo y la guerra económica que le hace al pueblo bolivariano la oposición interna vinculada con el Gobierno estadounidense

Autor:

Wilmer Rodríguez Fernández

CARACAS.— Venezuela está hoy en las urnas para determinar la composición legislativa en el suceso político más importante del año en esta nación sudamericana: candidatos de partidos de izquierda, independientes y de derecha se enfrentarán para conquistar la mayoría de los 167 asientos de la Asamblea Nacional.

Mientras en las semanas de campaña electoral el Gran Polo Patriótico Simón Bolívar —la coalición de partidos de izquierda fundada por Hugo Chávez, simpatizantes todos del Gobierno nacional— se volcó a las calles movilizando a los votantes, visitando casa por casa a los venezolanos, realizando ensayos y simulacros para perfeccionar su maquinaria electoral y alcanzar lo que han llamado «la victoria rotunda del seis de diciembre», la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) desarrolló una estrategia en la que aparentó estar enmudecida y desmovilizada.

Sin embargo, sabemos que no fue así, porque no dejaron de atacar al Gobierno y lo han hecho en lo que se conoce como guerra de cuarta generación: han desplegado una artillería comunicacional emitiendo mensajes en los que llamaron a votar por «una Venezuela mejor», por «un cambio».

Los representantes de la MUD fueron visibles en los medios de comunicación durante los últimos días solo para felicitar al recién electo presidente argentino Mauricio Macri, y también para decir que no firmarían el acuerdo de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), acompañante internacional en estas elecciones que propuso tanto a la izquierda como a la derecha la realización de unas elecciones en paz, así como respetar los resultados electorales.

La oposición expresó que solo los reconocerán si ellos alcanzan la mayoría en la Asamblea; de lo contrario no darán fe al anuncio del Consejo Nacional Electoral.

Como es tradición, si pierden, la derecha dirá que es un fraude, y entonces desencadenarían una nueva ola de violencia. Estas manifestaciones pueden comenzar desde la tarde o la noche y continuar los días siguientes.

Lo que se pretende es la desestabilización que pueda ser utilizada desde el exterior como pretexto para una injerencia directa. Por ello preocupa la decisión del imperio norteamericano de movilizar fuerzas militares cerca de las fronteras terrestres y marítimas de Venezuela. No debe perderse de vista que Estados Unidos recientemente violó el espacio aéreo bolivariano y cuestionó a través de la OEA, en la voz de su secretario general Luis Almagro, la transparencia del sistema electoral venezolano.

Estas parlamentarias, a diferencia de las últimas celebradas en octubre de 2010, se desarrollan en medio de una crisis económica en Venezuela, ocasionada por el acelerado descenso en el último año de los precios del barril de petróleo y la guerra económica que le hace al pueblo bolivariano la oposición interna vinculada con el Gobierno estadounidense.

Todo ello ha generado que sectores sociales, fundamentalmente las clases medias y pobres culpen al chavismo de ser incapaz de solucionar la escasez de alimentos y otros bienes indispensables para vivir. Esa ha sido la gran estrategia de la derecha para desalojar a la izquierda del poder, maniobra que tiene como fin estremecer la principal base que sustenta al Gobierno democrático venezolano: el pueblo.

Pero lo que no dijeron ni dice los spots publicitarios de la MUD, los tuits o la prensa escrita de derecha, es que el Gobierno y pueblo venezolanos han resistido la arremetida violenta en las calles, los intentos de golpe de Estado, el sabotaje eléctrico y las continuas campañas de desmoralización y desprestigio de la que han sido víctimas en los últimos tiempos.

Tampoco han hablado de los tres millones de ancianos pensionados, de las casi un millón de viviendas construidas en menos de cuatro años por el chavismo, de la llegada de los misioneros cubanos a ofrecer servicios de salud, educación, cultura y deporte a cientos de comunidades pobres, de los que ya se benefician millones de venezolanos.

Todo ello bien lo conoce la oposición, pero también sabe que como único puede hacerle perder popularidad al Gobierno es jugando con las necesidades del pueblo, ya que controlan gran parte de la producción, almacenamiento y abastecimiento de alimentos, medicinas y otros bienes. Y eso es lo que han hecho desde hace dos años, y ahora utilizan la problemática socioeconómica que ellos mismos generaron, como el principal argumento para convencer al electorado para que vote por sus candidatos.

Aunque no se les vea en las calles, como al Gran Polo Patriótico, la MUD inició su campaña desde hace mucho tiempo. Recuerden los ataques a personalidades políticas revolucionarias, las críticas a la gestión del mandatario Nicolás Maduro, las operaciones de propaganda para desprestigiar a las misiones sociales y para culpar a los ministros chavistas por la crisis, y todo ello como intento de desconectar al Gobierno bolivariano del pueblo, ese que en las urnas decide.

Por eso ahora, después de tanta maldad, se presentaron como los salvadores del país, como los diputados que les devolverán a los venezolanos lo que les niega el «oficialismo». Y es esta su estratagema.

Recordemos que el discurso del «necesario cambio», fue el más utilizado por el derechista Mauricio Macri en su campaña por la presidencia de Argentina, y todos vimos que surtió efecto, porque al final inclinó a su favor al electorado, ese que es víctima de manipulación y engaños por parte de la guerra psicológica y mediática que se diseña desde laboratorios ideológicos en Estados Unidos con el fin de desestabilizar los movimientos sociales y políticos de izquierda en América Latina y el Caribe.

A todo ello se enfrenta el Gran Polo Patriótico Simón Bolívar este  seis de diciembre. El escenario no le resulta para nada fácil al chavismo, una fuerza revolucionaria que por vez primera acude a unas parlamentarias sin la presencia física de su líder histórico y en medio de una crisis que puede elevar el índice de abstencionismo.

El triunfo de la izquierda depende la capacidad y efectividad movilizativa de la vanguardia política en cada una de las 87 zonas electorales y del buen funcionamiento de toda su maquinaria, que incluye transporte, comunicaciones, etc.

Hoy se pone a prueba la conciencia del pueblo, y el respaldo o no al chavismo más allá de las limitaciones económicas. Serán 12 horas, en las que 19 millones de electores eligirán de forma secreta a los 167 diputados que en los próximos cinco años decidirán desde el poder legislativo, el futuro de una República en Revolución y asediada.

La garantía de los comicios parlamentarios

Tibisay Lucena, presidenta del Consejo Nacional Electoral, informaba el día del cierre de la campaña, que el 99,7 por ciento del material electoral se entregó en los 14 515 centros de votación de todo el país sudamericano.

Ratificó que «las garantías están dadas, todo está     dispuesto para el beneficio de los electores y electoras. Los resultados serán el fiel reflejo de la soberanía».

De acuerdo con el protocolo electoral, se tiene previsto que a las 6H00 hora local se abran las mesas de votación este domingo y se cerrarán a las seis de la tarde, horario que se extenderá si hay electores en cola.

Igualmente la Rectora electoral recordó a los partidos políticos que deben colocar sus puntos de información a 200 metros de los centros de votación, límite que deben cumplir rigurosamente.

Reiteró que el Plan República, los operadores y técnicos del CNE deben permitir el acceso de los ciudadanos, observadores nacionales y acompañantes debidamente acreditados a los centros de votación.

Además, reiteró el llamado a los electores para acudir a los centros de votación a ejercer su derecho al voto.

Sobre el acompañamiento de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), indicó Tibisay Lucena que cada vez más «hemos perfeccionado, practicado y compartido los protocolos para mejorar la calidad del proceso».

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