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Ahora se empieza a desandar el camino

Aunque, en efecto, lo más importante ha sido el silencio de las armas, formalizado de manera bilateral desde el pasado 29 de agosto, el peso real de los consensos alcanzados empezará a verse a partir de ahora: desde la desmovilización insurgente, pasando por la reparación de las víctimas, la sanción a los delitos más graves, hasta los compromisos asumidos por el Gobierno en materia de drogas ilícitas

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Todavía con el júbilo en el ambiente, Colombia se prepara para otra jornada importante en la materialización de una paz saludada desde todas partes del mundo y adoptada formalmente por el presidente Juan Manuel Santos y el líder de las FARC-EP, Timoleón Jiménez, cuando ambos suscribieron este lunes el Acuerdo Final, Integral y Definitivo para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, adoptado en La Habana el 24 de agosto luego de casi cuatro años de conversaciones.

El próximo domingo tendrá lugar el plebiscito que pondrá a consideración de todos los colombianos los postulados recogidos en el Acuerdo, en una consulta que debería servir de respaldo —y defensa— popular a compromisos que resultará imposible cumplir en su totalidad de la noche a la mañana, pues deben avanzar en varios derroteros e implican transformaciones no solo en materia política, sino también institucional.

Aunque, en efecto, lo más importante ha sido el silencio de las armas, formalizado de manera bilateral desde el pasado 29 de agosto, fecha a partir de la cual, según el presidente Santos, no ha habido ni un solo muerto, el peso real de los consensos alcanzados empezará a verse a partir de ahora: desde la desmovilización insurgente, que es uno de los aspectos más visibles para los colombianos amantes de la paz, pasando por la reparación de las víctimas, la sanción a los delitos más graves y que no se consideren de guerra —que quedarán fuera de una posible amnistía—, hasta los compromisos asumidos por el Gobierno en materia de drogas ilícitas —lo cual implica una nueva mirada al tema de los cultivos alternativos, entre otros retos—, y la Reforma Rural Integral que, se afirma, «contribuirá a la transformación estructural del campo», cerrando las brechas entre este y la ciudad y «creando condiciones de bienestar y buen vivir para la población rural».

En la profundidad de tales premisas radica también la trascendencia del Acuerdo que se someterá a la aprobación de los colombianos el domingo, y que cuenta ya con un saludable antecedente: el unánime respaldo concedido por la X Conferencia Nacional de las FARC-EP al documento, que propicia a la insurgencia la posibilidad esencial de cambiar las armas por la lucha política, al permitirle volver a la vida civil y participar en las decisiones del país como partido.

En la Declaración final del encuentro, que sesionó del 17 al 23 de septiembre pasados en las Sabanas del Yarí, la insurgencia refrenda su «compromiso irrestricto con el cumplimiento de todo lo convenido» que, considera, tiene un «gran potencial» para lo que llama «la apertura de una transición política hacia la transformación de la sociedad colombiana, por su real democratización y la materialización de sus derechos», y considera que el documento es contentivo de «los mínimos necesarios para dar continuidad por la vía política a nuestras aspiraciones históricas por la transformación del orden social vigente».

Por ello, anuncia la decisión de iniciar los preparativos para el tránsito de su estructura político-militar hacia un nuevo partido político, cuyo congreso fundacional se llevará a cabo «a más tardar en mayo de 2017, si se implementan los acuerdos, tal y como está convenido».

En cuanto al plebiscito, el Gobierno parece marchar a paso acelerado para su implementación y asegurar que el Sí triunfe. Los esfuerzos en tal sentido van desde la llamada «pedagogía» que anunció en conferencia de prensa en La Habana el jefe de la delegación gubernamental en las conversaciones, Humberto de la Calle, para dar a conocer a la ciudadanía el contenido de los acuerdos, hasta el traslado con tiempo del material necesario para la consulta que, según se ha reportado, desde hace días fue enviado a sus distintos destinos.

También se han dado todos los pasos para que funcione como se esperan los mecanismos de verificación donde tomará parte la ONU, y cuyo personal ya ha empezado también a llegar a la nación colombiana. Su labor será esencial en el complejo proceso de desmovilización y desarme.

Precisamente estaba previsto que este 27 de septiembre tuviera lugar el acto de instalación de la Comisión de Implementación, Seguimiento y Verificación en desarrollo del Acuerdo Final de Paz y de Resolución de Diferencias (CSVR), según precisó un comunicado de las partes emitido el 16 pasado, y que entre el 6 y el 10 de octubre se realice el despliegue del Mecanismo de Monitoreo y Verificación a sus sedes locales, detalló el propio documento.

Para entonces ya habrá comenzado el traslado de la insurgencia a las denominadas Zonas Veredales Transitorias de Normalización —que finalmente serán 20— y los siete Puntos Transitorios de Normalización (PTN), donde se procederá por la guerrilla a la entrega de las armas, las cuales deben estar en manos de la ONU en 180 días.

La fecha de arrancada de todo este proceso estaba marcada para el lunes de suscripción oficial del Acuerdo, bautizado por eso como el Día D.

Fiesta por el sí frente a los enemigos de la paz……

Una buena muestra del apoyo a los postulados de paz fueron las más de 15 000 personas que se reunieron este lunes en la céntrica plaza de Bolívar, de Bogotá, para celebrar con un concierto la firma del acuerdo por los líderes del Gobierno y las FARC-EP.

El hecho se festejó en verdad en toda Colombia mientras en Cartagena de Indias tenía lugar la ceremonia, pero en la capital fueron cientos o tal vez miles los asistentes a la denominada Fiesta por el Sí, quienes acudieron a la concentración vestidos de blanco y con globos en las manos, que luego dejaron volar al cielo, reportaron despachos cablegráficos.

En medio del respaldo que el Acuerdo de paz suscita entre la mayoría de una ciudadanía hastiada de la guerra, sus enemigos trataron de hacerse sentir esa propia histórica jornada con manifestaciones de las que dio cuenta el diario colombiano El Tiempo en su página web, al hablar de 2 000 personas en torno a la figura ultraderechista del expresidente Álvaro Uribe, cabeza hoy del partido Centro Democrático; un hombre que falló en su propósito de darle a la confrontación un fin que significase el aplastamiento militar de la guerrilla. Quizá, el único de los más recientes mandatarios colombianos que no abrió ni una hendija a una salida pacífica al conflicto y, por el contrario, echó los pestillos luego de cerrar todas las puertas.

Quienes le siguen apuestan por el No en la consulta de este domingo; pero se espera que venza el espíritu de los que, junto al Gobierno y a las FARC-EP, se congratulan de la ceremonia efectuada este lunes en Cartagena de Indias y claman, satisfechos, como lo hicieran los líderes de ambas partes: ¡Se acabó la guerra!

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