Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Trump, un monstruo de la contemporaneidad perdido en el bosque

El mundo se estremece. El jefe de la Casa Blanca abrió las rejas a una posible guerra en el Medio Oriente, sin embargo la catástrofe puede detenerse

Autor:

Juana Carrasco Martín

En la literatura anglosajona el bosque suele ser un protagonista donde reina la incertidumbre, el espacio de un mundo autónomo que se rige de acuerdo a reglas diferentes, sin vacilaciones. Es la alteridad, y un viaje hasta lo desconocido.  Donald Trump ha irrumpido en el bosque del Medio Oriente por su propia cuenta, no el heredado, sino el que quiere destruir por sus medios, sembrando un nuevo caos, en lugar de remediar las tensiones y los horrores acumulados durante 17 años de invasiones y ocupaciones desde el Occidente, organizadas también en Washington.

El Presidente de Estados Unidos produjo ahora un estruendo enteramente nuevo al comenzar 2020, dejando muerte y estupor, como elementos primarios, y tras ello lo desconocido…

Bajo su orden un prestigioso general iraní, Qassem Soleimani, un hombre venerado en el país persa —considerado como el segundo funcionario más poderoso detrás solo del líder supremo Alí Jamenei—, y el iraquí Abu Mahdi al Muhandis, quien dirigía el grupo Kataib Hezbolá, del que se dice era apoyado por Irán, fueron asesinados al ser impactada la caravana de autos en que viajaban, junto al aeropuerto internacional de Bagdad, el 2 de enero.

Por más que la maquinaria de propaganda de la Casa Blanca intente razonar los irracionales motivos —el secretario de Estado, Mike Pompeo afirmó el viernes en entrevistas en CNN y Fox News que Soleimani representaba «una amenaza inminente»—, nada justifica esa acción militar que horada en las múltiples problemáticas de la humanidad para sacar a flote la más temida por todos: la guerra y sus bestiarios, el desborde de lo antinatural y el descontrol, el reino de la angustia y del temor, de los sufrimientos y del peligro permanente e inminente.

Vivimos en un mundo real, y Donald Trump debe ser detenido antes de que se abran las puertas del averno. Los intentos no faltan, pero la indagación estremece: ¿Serán suficientes?

Este lunes, la Cámara de Representantes votaría una resolución para limitar las acciones militares de Trump hacia Irán luego del golpe con drones que mató al comandante iraní. La Speaker Nancy Pelosi lo anunció el domingo en una carta a los representantes demócratas en la cual llamó a la decisión trumpiana como un «ataque aéreo militar provocador y desproporcionado» que ponía en peligro a los militares y diplomáticos estadounidenses, y agregó su preocupación porque la Administración haya tomado esta medida sin la consulta del Congreso y sin respeto por los poderes de guerra del Congreso que le otorga la Constitución».

Pero es tan ralentizada la respuesta que no puede creerse en esa «Resolución de Poderes de Guerra», la cual solo ordenaría que las hostilidades militares cesaran dentro de los 30 días si no se toman nuevas medidas del Congreso.

Por si les dice algo, esa resolución será presentada por la representante demócrata por Michigan, Elissa Slotkin, ex analista de la CIA y del Departamento de Defensa especializada en milicias chiítas. Mientras que el demócrata por Virginia, Tim Kaine, ha introducido una legislación similar en el Senado.

Trump, por su parte, advirtió en Twitter de nuevos ataques contra Irán y que sus «Media Posts» servirían como notificación al Congreso, es decir el nada ortodoxo método de administrar el imperio desde sus tuits.

Mientras, miles de estadounidenses salían a las calles el sábado en un urgente intento de dejar oír sus voces multiplicadas en las redes sociales: #NoALaGuerraContraIran; pero el intercambio verbal, capaz de convertirse en hechos terribles en cualquier instante, continuaba.

La nueva amenaza daba escalofríos. Dijo que Estados Unidos estaba listo para atacar —«muy rápido y muy duro»—, sitios «importantes para Irán y para la cultura iraní», si Teherán atacaba bases o soldados estadounidenses en venganza por la muerte de Qasem Soleimani. «Tenemos en la mira 52 objetivos iraníes», advertía con total desfachatez e irresponsabilidad. Un propósito al que el mandatario debió darle marcha atrás ante el rechazo interno e internacional, incluido la urgente alerta de la Unesco.

Otros republicanos del ala más halcónica, como el senador por Carolina del Sur, Lindsey Graham, huésped por estos días en el resort trumpiano de Mar-a-Lago, en Florida, abogaba para que los blancos fueran la economía y la infraestructura petrolera iraní.

Por su parte, el nuevo comandante de la fuerza de elite Guardia Revolucionaria de Irán —sucesor del general Sulemaine—, el brigadier general Esmail Ghaani, dijo que su objetivo era expulsar a Estados Unidos de Oriente Medio, y «13 escenarios» estaban en la mira.

Los sucesos subieron a la espiral del peligro bélico el martes 7 de enero en la noche. Esto no podía ser ya una sorpresa: misiles tierra-tierra iraníes alcanzaban dos bases militares en Irak puestas en máxima alerta, donde están estacionadas tropas de Estados Unidos y otras fuerzas occidentales aliadas.

«Recen» fue la palabra inmediata empleada por la Speaker Nancy Pelosi al comunicársele la situación mientras estaba reunida con un grupo de representantes demócratas, precisamente para analizar los graves acontecimientos a los cuales había llevado Trump con el asesinato del líder militar iraní, y cuando ocho millones de personas acompañaban el féretro del mártir islámico en Teherán al grito de ¡Muerte a Estados Unidos!

Irán envió su mensaje a través de un tuit del ministro de exteriores Mohammad Javad Zarif, donde se llamó a los ataques-respuesta a la base aérea estadounidense de Al Asad y otra ubicada en la provincia de Irbil, «medidas proporcionadas de autodefensa»: «No vemos una escalada de la guerra, pero nos defenderemos contra cualquier agresión». 

Que ha dicho Trump

Acostumbrado a amenazar y responder desde tuit, lo extraño fue que solo uno salió de la cuenta @realDonaldTrump el martes de la bofetada misilística dada por la República Islámica, y sorprendentemente, aseguraba: «todo está bien», después de que Irán atacara con misiles dos bases militares estadounidenses en Irak. «La evaluación de víctimas y daños se está dando ahora. Por ahora, todo bien», y continuaba «Tenemos el ejército más poderoso y mejor equipado del mundo, ¡por mucho!».

Funcionarios de la Casa Blanca indicaron en la noche del martes que por el momento no había constancia de que esos ataques produjeran heridos o víctimas mortales… lo que ratificó Trump en su discurso en la mañana del miércoles: solo hubo daño mínimo, dijo. Reiteró que Estados Unidos había eliminado al «peor terrorista del mundo», refiriéndose al general Soleimani y justificó otra vez el asesinato a sangre fría que había ordenado. «Debimos haberlo acabado hace mucho», subrayó Trump.

Continuamos evaluando respuestas a este ataque, vamos a continuar imponiendo sanciones a Irán, agregaba el mandatario, cuyas palabras siempre jactanciosas tergiversaban acontecimientos, valoraban con engaños la situación del acuerdo nuclear con Teherán que el propio Trump desechó hace un par de años, tensando posiciones, y pidió a la OTAN un involucramiento mayor en los posibles acontecimientos.

Le escoltaban militares cuando tasaba el poderío bélico de su país; pero frente a la Casa Blanca ciudadanos estadounidenses levantaban carteles «No a la guerra con Irán» y las preocupaciones se extendían entre la clase política del patio y, por supuesto, en el mundo entero.

Sin embargo, el discurso de Trump tenía sordina; aunque la pregunta es válida: ¿Cómo confiar en las palabras con tono disminuido que el Presidente deslizaba al mundo? ¿Acaso denotaban inseguridad por parte del representante del imperio? ¿Le faltaban consejos de su equipo de crisis?

Un analista en Bloomberg News —el consorcio comunicacional de Michael Bloomberg, quien ahora es uno de los aspirantes a la candidatura presidencial demócrata—, reafirmaba sus dudas y pesimismo sobre el actual proceso de implementación de la política de Trump: «Estados Unidos entra en esta crisis con un equipo lamentablemente escuálido e inexperto»… «El propio Trump, por supuesto, no es un experto», enfatizaba.

Aludía el comentario a una administración que está insuficientemente completada en su personal, según había llamado la atención Elizabeth Saunders, una profesora asociada en la Escuela de Relaciones Exteriores y miembro del Programa de Estudios de Seguridad de la Universidad Georgetown, así como ex profesora en el Departamento de Ciencias Políticas de la George Washington University.

La politóloga cuyo foco de estudio y de enseñanza es esencialmente el papel de los líderes, la presidencia y las políticas del uso de la fuerza, ha expuesto sus tesis en un libro titulado Leaders at War: How Presidents Shape Military Interventions, publicado por Cornell University Press en 2011, y reconocido en 2012 con el Premio al Mejor Libro por la sección de Historia Internacional de Políticas de la American Political Science Association (APSA), dio su visión a través de Twitter, revelando que algo que una administración quisiera ahora mismo, sería «una robusta operación comunicativa que atraviese a todo su Gobierno, incluida la Casa Blanca, un cuerpo diplomático con personal completo y una fuerza civil en el Pentágono; y relaciones fuertes con los aliados».

A continuación Saunders arrojaba el cubo de agua fría sobre el mandatario y aumentaba las preocupaciones al recordar que si esta crisis escalaba «no tenemos Director Nacional de Inteligencia, ni subdirector, no hay secretario de Seguridad Nacional, ni subsecretario, ni jefe de CBP o ICE (cuerpo de patrulla  fronteriza), ningún Departamento estatal bajo secretaría de control de armas, ningún secretario asistente para Europa, y ningún secretario de la Marina». Aunque por supuesto hay autoridades en funciones en esos cargos, pero para nadie es un secreto que no es lo mismo un sustituto temporal que una autoridad nombrada e incluso avalada por el Congreso, como se requiere en algunos de esos casos.

La debilidad expuesta es, además, un mal de esta inestable administración. Es casi imposible seguirle el rastro o decir el número exacto de altos funcionarios cesanteados o dimitentes tras encontronazos con el presidente Trump. De ahí que sea casi un juego de azar prevenir cuales pueden ser los pasos a seguir en esta crisis realmente seria, que pone en riesgo la paz del mundo.

Fijos o temporales, la intención del imperio es la misma, imponer su control de la región meso-oriental rica en petróleo, ese tan necesario para mover no solo sus autos, sino toda su industria, incluida la bélica y sus carros de guerra. Inmediatamente que estalló la actual crisis, los negocios comenzaron a ganar, subieron los precios del oro y del petróleo. Un punto anotado por el magnate-presidente.

Otro de sus «logros» ha sido la distracción pública de sus problemas de impeachment, un proceso que por demás está en el limbo, ni va al infierno ni al cielo, o lo que es lo mismo lo aprobado por la Cámara de Representantes no ha pasado al Senado, probablemente por una maniobra de dilación de los demócratas para acercar el debate senatorial a nuevas circunstancias y testimonios que avalen el delito presidencial y aunque no sea condenado intenten mellar sus hasta ahora afiladas posibilidades de reelección.

Tanto para frenar la guerra, como para detener la permanencia trumpiana en la Casa Blanca, la emergencia para «America», como se autodenominan para dejar claro de quién es el hemisferio, habría que responder proactivamente desde la ciudadanía preocupada y responsable del país. «Necesitamos a cada uno en las calles», ha convocado una coalición de organizaciones para este jueves, y ya existe el compromiso de al menos 180 eventos a lo largo y ancho de Estados Unidos para protestar contra la guerra.  

La mayoría que está por la paz debe hacerse visible para que la extrema derecha hambrienta de poder mundial no empuje a una nueva y devastadora confrontación. También su voto sería más necesario aun en noviembre para no enfrentar cuatro años más de incertidumbre y desasosiegos, desmanes xenófobos, sanciones a diestra y siniestra, e incluso violaciones a sus derechos constitucionales. 

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.