Contribución a la verdad

Autor:

Juventud Rebelde

El reciente escándalo protagonizado por el ex directivo de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), José Antonio Toñín Llama, al acusar a varios de sus «cúmbilas» terroristas de esa tenebrosa organización de haberlo estafado y arrojado a la ruina económica, pone sobre el tapete nuevamente las permanentes acusaciones de Cuba sobre el involucramiento de ese grupo de terroristas en una criminal y solapada guerra sucia contra el pueblo cubano.

En su arrebato actual, Toñín acusó a varios «prominentes hombres del exilio» de haberse involucrado junto a él en diversos planes extremistas contra Cuba, entre los que se destacaban atentados contra Fidel Castro y otros dirigentes de la Revolución; la voladura de hoteles, termoeléctricas, refinerías, hospitales y otros objetivos sensibles de la vida nacional cubana; así como agresiones por medio de explosivos contra aeronaves y oficinas diplomáticas y representaciones de Cuba en el exterior. Este macabro y secreto complot, a través del cual se desarrollarían sus planes terroristas contra Cuba, fue organizado a partir de la creación de un brazo militar armado por directivos de la FNCA. Varios nombres dieron a este engendro de la maldad y el odio irracional contra los cubanos: Comisión Militar, Frente Nacional Cubano y otros, tratando de enmascarar sus actividades.

Los nombres de Jorge Mas Canosa, Francisco José Hernández Calvo, Arnaldo Monzón Plasencia, Luis Zúñiga Rey, Horacio Salvador García y otros directivos de la FNCA salieron a la luz en sus ataques. De inmediato, tal como están acostumbrados a hacer, los directivos de la Fundación y algunos de los acusados, de manera personal, se apresuraron a negar las afirmaciones de Llama.

En una cínica declaración, emitida por la Fundación el 23 de junio pasado, se declaró de manera hipócrita y falsaria: «La FNCA reafirma que las acciones de los hombres y mujeres de esta institución han sido siempre el de servir con todo el corazón al pueblo cubano y trabajar arduamente por su libertad. La FNCA está comprometida con una transición pacífica y no violenta hacia la democracia en Cuba».

Parecen haberse olvidado estos señores de que, en noviembre de 1993, y apenas unos meses después de fundado este grupo paramilitar secreto de la FNCA, fue el propio Luis Zúñiga Rey quien puso en mi conocimiento la existencia del mismo, al que autodenominó Frente Nacional Cubano. En ese entonces se iniciaba mi trabajo de penetración en el brazo armado de la FNCA como agente de la Seguridad Cubana. Sin ambigüedades, Zúñiga me reclutó como agente terrorista de la Fundación para ejecutar acciones violentas contra Cuba, explicándome que pasaría a trabajar con un grupo de directivos de esta organización implicados en desarrollar acciones violentas contra el gobierno cubano. A partir de ese momento pasaría a ser el agente 44 del grupo militar secreto de la Fundación.

Tiempo después, y durante los meses subsiguientes, iría informando a la Seguridad Cubana de diferentes planes de atentado contra instalaciones de la vida económica, política y social cubanas. De la misma manera, iría conociendo a personajes de la calaña de Pepe Hernández, Alfredo Domingo Otero, Arnaldo Monzón Plasencia, Horacio García, Luis Posada Carriles, Gaspar Jiménez Escobedo y el propio Zúñiga Rey. Todos ellos me dirigieron y me encargaron la realización de acciones violentas contra objetivos económicos y políticos cubanos, me abastecieron de medios para ejecutar estas criminales acciones, así como me orientaron la búsqueda de información sobre los sistemas de protección de termoeléctricas, refinerías, presas y micropresas, hospitales, oficinas gubernamentales y otros objetivos.

Para nadie resulta extraño hoy que este grupo terrorista integrado por directivos de la FNCA intentó utilizar los diez aviones ultralivianos con control remoto, a los que se refiere José Antonio Llama, para volar diversas instalaciones cubanas de importante valor estratégico. Durante los meses de febrero de 1994 hasta el año 1996, fui orientado por Pepe Hernández, Alfredo Domingo Otero, Arnaldo Monzón Plasencia y Horacio Salvador García, todos miembros y dirigentes de la FNCA, para realizar marcajes con diversos aparatos GPS en la zona portuaria de Matanzas, entre cuyos objetivos se encontraban la termoeléctrica Antonio Guiteras, la terminal de azúcar a granel y la base de supertanqueros. Estos marcajes por el Sistema de Posicionamiento Global se realizaron en otras instalaciones del país, entre las que se encontraban la termoeléctrica y la refinería de Cienfuegos; la termoeléctrica de Santa Cruz del Norte; la refinería de Mariel y la fábrica de cemento René Arcay de esa ciudad; la termoeléctrica de Tallapiedra, la refinería Ñico López, la sede del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, la sede del Ministerio del Interior, las instalaciones de Villa Marista, el Hospital CIMEQ, el Palacio de Convenciones, una supuesta casa de Fidel en la zona de Siboney y la Clínica Internacional Cira García, todas en Ciudad de La Habana.

En uno de mis encuentros con Pepe Hernández, presidente de la Fundación, este me sugirió realizar estudios para atacar mediante una embarcación, o empleando hombres rana, la termoeléctrica Antonio Guiteras de Matanzas, uno de sus más obcecados objetivos. Una de las siete embarcaciones que pretendía adquirir la FNCA para ejecutar acciones terroristas en la Isla, se emplearía para esos fines.

En la segunda decena de diciembre de 1993 se me abastecería por alta mar, en la zona norte de Ciudad de La Habana, específicamente entre Santa Fe y Jaimanitas, con diferentes medios explosivos e incendiarios, armas, dinero y propaganda, para ejecutar la voladura de cuatro instalaciones turísticas de la capital y Varadero, así como la quema de varios cines y teatros de Ciudad de La Habana. Tal acción se efectuaría el 23 de diciembre de ese mismo año. No me cabe duda de que dichas acciones fueron planificadas por el grupo de directivos de la FNCA de los que se aparta hoy, resentido y estafado, Toñín Llama.

En noviembre de 1994 me fueron entregados en Ciudad de Guatemala cerca de 900 gramos de explosivo plástico C-4 por Luis Posada Carriles y Gaspar Jiménez Escobedo, quienes me entrenaron en su empleo, para realizar la voladura del Cabaret Tropicana. Estos explosivos, así como los empleados en las ulteriores acciones contra instalaciones turísticas del país en la década del 90, fueron adquiridos con dinero de la FNCA.

Al rememorar estos criminales actos terroristas en los que se vieron envueltos los directivos de la FNCA, a los que precisamente acusa hoy uno de sus cómplices de tropelías, no puedo negar que las acusaciones de Llama contra ellos son enteramente ciertas. Lo bochornoso de la aparente sorpresa del Nuevo Herald y de otros en Miami, es que nunca creyeron en las reiteradas acusaciones de Cuba.

Habría entonces que preguntarse, sin el menor sonrojo y con apego a la verdad: ¿Por qué el gobierno norteamericano aún los protege, cuando son sus propios ahijados los que sacan a flote una criminal verdad a voces? ¿Por qué aún no se ha tomado acción legal contra estos reiterados violadores de la Ley Logan? ¿Por qué la campaña antiterrorista norteamericana los excluye y los santifica? ¿Por qué aún se debe creer en la cínica afirmación de que la FNCA está solo «comprometida con una transición pacífica y no violenta hacia la democracia en Cuba», cuando las manos de sus dirigentes están manchadas de inocente sangre cubana? ¿Por qué no se reconoce la justa y heroica labor de los Cinco Héroes cubanos, cuyo único delito fue defender su Patria a ultranza de estos asesinos y terroristas? Como acertadamente señaló mi colega Reinaldo Taladrid en la edición de Granma: este es el momento de la verdad.

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