¡Y que Israel no se larga!

Autor:

Luis Luque Álvarez

Un soldado francés conversa con dos militares israelíes en la aldea libanesa de Marwajin. Foto: AFP

Ya casi no se habla del Líbano. ¿Acaso quedó todo resuelto? ¿Se aplicó finalmente la resolución 1701 de la ONU? ¿Israel lió sus bártulos y se largó del sur del país árabe?

Por supuesto que no. Primero se podrán pescar cachalotes en el Sahara antes de que Tel Aviv acceda a cumplir llanamente lo que el Consejo de Seguridad le exige. Ahí están todavía sus tropas, en al menos diez posiciones a lo largo de la frontera, y cada día con un pretextito a la mano para extender su ilegal permanencia allí.

Ahora el fracasado jefe de Estado Mayor sionista, Dan Halutz —el mismo que vendió sus acciones en la bolsa de Tel Aviv antes de que la guerra desplomara su valor—, alega que «aplazamos nuestra retirada hasta que logremos un acuerdo» sobre cómo controlar a la milicia libanesa de Hizbolá, la que hasta el 14 de agosto, sin merma en sus capacidades combativas, estuvo respondiendo a cohetazos contra el norte israelí la agresión aérea sionista.

Pero, ¿a qué «acuerdos» hay que llegar ahora? ¿«Que no galgos, que podencos»? Ah, claro, la voluntad de Israel es que las tropas internacionales de la ONU (UNIFIL) se impliquen en la búsqueda de arsenales de Hizbolá, en desarmar a sus militantes y, en fin, en todo lo que los militares sionistas no pudieron hacer.

Solo hay un problema: la resolución 1701 no autoriza a la UNIFIL a involucrarse en esas tareas, sino solamente a desplegarse en el sur libanés, junto a 15 000 soldados del País de los Cedros, para evitar enfrentamientos entre Israel y Hizbolá. Es simplemente interponerse, asegurar que haya calma en la zona. ¿A qué vienen los nuevos reclamos del gabinete de Ehud Olmert? ¿O quizá, alargando la presencia de sus militares en el Líbano, pretenden acabar con la paciencia de Hizbolá y provocar un incidente, que dé oportunidad a la revancha deseada por algunos halcones?

Además, si nos atenemos a los dichos del viceprimer ministro Shimon Peres en Londres ayer mismo, los militares israelíes «ni pinchan ni cortan» en el sur libanés. El veterano político —muy docto en hablar eternamente de paz y muy torpe en hacer algo por ella— expresó que «no tenemos un ejército entrenado y equipado para luchar contra terroristas», que es como denomina a los guerrilleros de Hizbolá. Entonces, ¿para qué tener todavía en ese territorio a efectivos que, llegado el caso, serían realmente «inefectivos»?

La resolución 1701 es bastante directa: «Después de la cesación total de las hostilidades, exhorta al gobierno del Líbano y a la FINUL a que, conforme con lo autorizado en el párrafo 11, desplieguen en conjunto sus fuerzas en toda la región meridional, y exhorta al gobierno de Israel a que, una vez iniciado ese despliegue, retire todas sus fuerzas del Líbano meridional en forma paralela».

Y bien, ya la marina alemana patrulla la costa libanesa. Desde hace semanas, miles de soldados franceses e italianos están en el país árabe; el miércoles llegaron unas 140 tropas belgas; este jueves arribaron 170 ingenieros militares españoles, para unirse a los más de 600 efectivos ibéricos ya presentes allí.

¿Y qué están esperando los jerarcas militares de Israel? Nada. Simplemente, les es imposible concebir que «se acabó», «chao», «good bye!», «adieu!». «¿Cómo es posible vivir sin matar a nadie?», sollozarán algunos.

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