Noticias de un informe

Autor:

Rosa Miriam Elizalde

La ONU acaba de publicar un voluminoso informe emboscado de tablas y gráficos, que evalúa el estado actual de la inseguridad alimentaria en el mundo. Dice que hoy existen 854 millones de personas desnutridas en el mundo, tres millones menos que hace diez años, cuando se celebró la Cumbre de la Alimentación en Roma. «La reducción del número de hambrientos es tan débil que puede ser una cifra dentro de los límites del error estadístico», escribió en el prólogo del documento Jacques Diouf, el director general de la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura).

Seguramente aparecerá hoy la noticia en muchos diarios del mundo, colgada de las siglas de alguna agencia que despacha el importantísimo informe en 30 líneas y 300 palabras básicas, como dicta toda prosa de boletín que se respete. Algunos incluirán junto al texto la foto del niñito africano en puro hueso, escoltado por la mosca de siempre, que son parte indispensable de la cuota informativa aconsejada por el mercado de la información para lavar las conciencias y colgarlas en la percha de la objetividad.

¿Alguien se habrá detenido a leer el documento completo? ¿Quiénes realmente tendrán idea de lo que significa 854 millones de personas subalimentadas? ¿Se imaginan qué pasaría si la famosa foto del niño-esqueleto con su mosca de rigor se multiplicara por 854 millones y se imprimiera cada en una afiche de un metro de altura? Se podría, por ejemplo, empatar las láminas y dar 627 vueltas a la Tierra por el eje ecuatorial. O armar 20 tendederas de aquí a la Luna. Por supuesto, no alcanzarían las plazas para exhibirlas, ni los edificios de dónde colgarlas, ni los árboles para trocarlos en papel.

Si trasciendes la prosa de boletín y lees los concienzudos análisis sobre desnutrición, entonces tropezarás más con el término «mercado» que con las palabras «alimentación» y «agricultura». En las 43 páginas del informe de la FAO, el mercado aparece decenas de veces. ¿Por qué? Porque la desnutrición está en manos de economistas del ala neoliberal, según los cuales el hambre que padecen tantas personas terminará cuando el mercado funcione, de una vez por todas, en África, en América del Sur y en Asia, de donde son los reportes incluidos en esta investigación. La experiencia, sin embargo, no dice eso. La experiencia dice que la subalimentación, pese a la intervención del mercado, no ha tenido mejorías significativas en los últimos diez años, y este informe admite con amargura que la FAO incluso ha renunciado prácticamente al objetivo (¡fijado para el 2015!) de reducir a la mitad el hambre en los niños, mujeres y hombres que la padecen.

No sabemos qué significa reducir a la mitad el hambre: ¿que se morirá un niño cada dos minutos (ahora se muere uno cada sesenta segundos)? ¿Que se extenderá la desnutrición hasta lugares donde la gente ni siquiera tiene lo mínimo para revestir sus huesos? Vaya usted a saber. En varios pueblos del llamado Cuerno de África hay presencias fantasmales que corresponden, en efecto, a personas que flotan, invisibles, porque están ya casi muertas. «Cuerpos de campos de concentración. Son los Auschwitz del hambre», diría Eduardo Galeano.

Es fácil imaginar un mundo sin 854 millones de personas, sin niños incluso, pero no un mundo sin mercado y sin armas para defenderlo. El año pasado, en Níger —según la FAO, con un 41 por ciento de hambrientos crónicos—, la gente se moría a unos metros de los puestos de venta en los que se exponían cereales y hortalizas. Pero los organismos internacionales aconsejaron que no se bajaran los precios para no romper las reglas del mercado. Como esa realidad le parece inamovible, la FAO hizo en 1996 planes para reducir el hambre a la mitad en 20 años, que es como si a usted, frente a un infarto, le dieran un turno médico para el año que viene: la lentitud en la atención constituye el modo más eficaz de eternizar el problema.

Esta historia, por supuesto, no aparecerá en la nota de las 30 líneas y 300 palabras básicas que divulgarán hoy las agencias y leerán los lectores que todavía se conmueven con el ejército de hambrientos que habita este mundo. Apuesto que tampoco se enterarán del único hecho diferente, noticia de la noticia de hoy en este informe de la FAO: el país de América Latina que más ha avanzado en el cumplimiento de los objetivos de la Cumbre del Milenio para la Alimentación es Cuba.

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