Los cangrejos de Stormont

Autor:

Luis Luque Álvarez

Agentes de seguridad detienen a un paramilitar pro-británico por arrojar artefactos explosivos en la sede de la Asamblea norirlandesa. Foto: AP De todo hubo este viernes en Irlanda del Norte, lo mismo sorpresas que sucesos esperados. Como para no aburrirnos.

Primero la sorpresa: un oscuro paramilitar pro-británico, Michael Stone, irrumpió en la sede de la Asamblea legislativa y lanzó una bolsa con seis artefactos explosivos, al grito de «¡nunca nos rendiremos!», antes de ser reducido por la seguridad. Por fortuna, las bombas fueron desactivadas y no hubo que lamentar víctimas.

Y ahora lo que esperábamos: mientras que el líder del partido republicano Sinn Fein, Gerry Adams, nominó a su correligionario Martin McGuinnes para el puesto de viceministro principal del gobierno autonómico, el reverendo extremista Ian Paisley, líder del Partido Democrático Unionista (DUP), y cuya frase preferida es, coincidentemente, «¡nunca nos rendiremos!», dijo nones a la posibilidad de nominarse como ministro principal.

Seis bombas reales y una bomba política. Otra más de parte de Paisley.

El 24 de noviembre era el día tope para que los dos partidos —independentista el primero, pro-británico el segundo— dieran a conocer tales nominaciones. Era también la fecha en que, si ello no se lograba, la Asamblea de poderes compartidos entre republicanos-católicos y unionistas-protestantes quedaría disuelta, y los legisladores se irían a casa sin sus salarios. Para que el bolsillo se quejara...

Pese a la advertencia, Paisley se negó a ser nombrado, aduciendo que «cuando el Sinn Fein haya cumplido con sus obligaciones en relación con la policía, los tribunales y la ley, finalice completamente la actividad criminal y se desmantelen las estructuras terroristas, entonces y solo entonces podrá haber un progreso».

¿Olvidó acaso Paisley que, según una comisión internacional y otra británica, lo que él llama «actividad criminal» —en alusión a la lucha armada del Ejército Republicano Irlandés (IRA)— ya no existe? Cabría preguntarle, en cambio, cuál es el signo político del extremista que lanzó las bombas este viernes en el Palacio de Stormont, la sede de la Asamblea.

Ahora bien, curiosamente, la negativa del jefe unionista a integrar gobierno fue interpretada en sentido contrario por Londres. Para el primer ministro Tony Blair, una cosa estuvo «clara»: «Si el Sinn Fein acepta de forma completa la responsabilidad de la Policía del Ulster en el control de la seguridad en Irlanda del Norte y el imperio de la ley, entonces el DUP compartirá el poder con ellos».

O sea, la condición de «todo o nada» fue puesta a un lado, y la caprichosa manía de Paisley de rechazar frontalmente cualquier normalidad con los republicanos, fue tomada al revés. Incluso el secretario de Estado británico para Irlanda del Norte, Peter Hain, quien había alertado contra el descarrilamiento del proceso de paz, ya convocó para el lunes a una sesión de la Asamblea norirlandesa.

Al parecer, se calibró más adecuadamente la relevancia de que se nominara a dos funcionarios que, en definitiva, no tendrán ningún poder. La cuestión es que según el Acuerdo de St. Andrews, auspiciado por el Reino Unido y la República de Irlanda, la autonomía —suspendida en 2002— solo le será devuelta a la provincia el próximo 26 de marzo, pero el 30 de enero se disolverá la Asamblea y el 7 de marzo se efectuarán nuevamente elecciones legislativas, de las que saldrá el nuevo gobierno norirlandés.

De modo que, aunque Paisley dio hoy la perreta, en realidad, si hubiera aceptado la nominación, no hubiera empuñado el cetro verdaderamente.

Pero el incidente servirá, quizá, para demostrarle al electorado quiénes quieren dar pasos hacia adelante, hacia la paz, y quiénes desean hacerle compañía al cangrejo. Tal vez de un modo menos violento que el hombrecillo de las bombas en Stormont, pero como cangrejos al fin y al cabo.

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