Robert Gates dice las verdades, pero...

Autor:

Juana Carrasco Martín

¿El traspaso de bandera y mando será también del fracaso? Foto: AP Si bien el gobierno de George W. Bush se caracteriza por mentir a diestra y siniestra —y en esos timos ha sido cogido in fraganti en no pocos casos—, de vez en cuando alguno de sus hombres asume el papel de decir una verdad. Este ha sido ahora el caso de Robert Gates, espía de carrera devenido secretario de Defensa, quien hablando este viernes en Tampa, Florida, durante el traspaso del mando del Comando Central del Pentágono, afirmó categóricamente que Estados Unidos tiene intención de quedarse en el Medio Oriente «durante las próximas décadas».

Por supuesto que corresponde a una exaltación de su prepotencia imperial, y ello les conduce a ni siquiera sonrojarse para dejar claro el proceder hegemónico. Así que por la puerta ancha de la injerencia entró el almirante William Fallon, al asumir el mando del cuerpo armado estadounidense que se enseñorea desde el Cuerno de África hasta Asia Central; por tanto, dirigirá las guerras de Iraq y Afganistán con el concepto de «por los siglos de los siglos»...

Pero Fallon toma la papa ardiente dejada por el general John Abizaid, que está a la candela desde hace más de cinco años en el caso de Afganistán y ya cumple cuatro en Iraq, dos conflictos bélicos muy lejos de la victoria o de la «misión cumplida» cacareada en su momento por el W, pese al poderío militar desplegado en la zona. «La situación en Iraq es crítica y el tiempo es fundamental», tuvo que reconocer el nuevo comandante.

Sin embargo, se impone la bravata de Gates, quien como es costumbre del equipo bushiano, tiró la carnada de los «compromisos», reconoció que todo es cuestión de defender sus intereses y juró que harían «todo lo que esté a nuestro alcance para proteger y defender nuestra tierra», aunque ni con una lupa, ni con el telescopio Hubble, se hayan encontrado signos de amenazas militares directas contra Estados Unidos desde los países de aquella distante región.

Gates confía en Fallon, de quien dijo «usted es uno de los mejores estrategas militares de la actualidad. Usted es la persona correcta para este puesto».

No son pocos los que ponen en duda esta aseveración, puesto que Fallon es un almirante, un hombre de la Armada, que bien poco sabe del combate en tierra, donde miles de hombres y mujeres desesperan frente a tácticas irregulares... ¿O estará destinado al bombardeo a distancia de Irán?

Su misión coincide con una nueva escalada de los efectivos de EE.UU. en Iraq, mientras continúa el baño de sangre ilegal, inmoral y desastroso —que se extiende también a Afganistán—, a pesar del crecimiento diario del número de norteamericanos que considera la necesidad imperiosa de detener esas guerras y demandan el regreso de las tropas.

Por eso la pregunta queda en el aire: ¿Quién será el reemplazo de Fallon cuando la «nueva» estrategia de Bush también falle?

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