Wolfowitz se fue: a la busca de otro «lobo»

Autor:

Juana Carrasco Martín

Se especula a diestra y siniestra sobre quién podrá ser el sucesor de Paul Wolfowitz, renunciante obligado a la presidencia del Banco Mundial (BM) cuando se le enfilaron los cañones por haber dado una promoción con suculento aumento salarial a su compañera sentimental.

Así que a rey muerto, rey puesto, y el estira-encoge tiene ahora como escenario público los reportes de prensa, aunque la olla se cuece en la Casa Blanca, que desde 1940 determina qué estadounidense se sentará a regir los destinos económicos del mundo, según el compromiso entre poderosos «caballeros» del dinero: el Fondo Monetario Internacional lo dirige un europeo y el BM siempre está en manos yanquis.

Hablan de Robert Zoellick, quien fue subsecretario de Estado y también representante de Washington para los asuntos de comercio; se mencionan tanto el secretario del Tesoro Henry Paulson, como su vice Robert Kimmit; también a Stanley Fischer, quien estuvo en el Fondo Monetario Internacional y ahora es ejecutivo del Banco de Israel; a otros dos republicanos, el ex representante Jim Leach y el senador Richard Lugar; y hasta se rumorea de una posible excepción de la regla que no disgustaría para nada a George W. Bush: su fuerte socio de aventuras halcónicas Anthony Blair, saliente primer ministro de la Gran Bretaña.

Bush no pudo mantener al «lobo», como era su deseo, así que tuvo que conformarse con un: «Lamento lo ocurrido», luego de haberlo intentado por todos los medios posibles; pero, como le está sucediendo con demasiada frecuencia, sus hombres y mujeres de confianza están perdiendo credibilidad, son sometidos a duras críticas, tienen que tomar las de Villadiego y se llevan consigo un pedazo de la confianza que los socios asociados en sociedad, alguna vez se la tuvieron a Estados Unidos.

Son tantas las mañas y marañas de esa administración que falta poco para que Nixon esté a punto de cederles el título muy bien ganado de Tricky Dicky durante el tortuoso proceso del Watergate, que lo llevó a la dimisión como presidente de EE.UU. ¿Se abrirá la posibilidad del impeachment para Bush?

Paul Wolfowitz. En el caso de Wolfowitz hay que aplicar aquello de que el amor ciega, y de esa forma una de las inteligencias del equipo bushiano, Doctor en ciencias políticas y gran pensador estratégico, perdió el control y cayó en bancarrota. Aunque ciertamente, este se le puede endosar como su segundo gran fracaso, puesto que el primero todavía no se atreven a reconocerlo, pero es evidente para todo el mundo, y abre cada vez más los ojos de los estadounidenses: Wolfowitz desde su cargo anterior, vice del Departamento de Defensa, fue el arquitecto principal de la guerra contra Iraq.

Y si abrieron un campo de batalla por la fuerza, utilizando como metodología política el unilateralismo, y haciendo uso de la arrogancia y el desprecio a la forma de pensar de millones en el mundo que se oponían a esa guerra, esa misma impronta parece ser la que empleó Wolfowitz para dirigir el Banco e imponer sus criterios y privilegios.

Estos fueron expuestos con el caso de su amiga Shaha Ali Riza, pero se hicieron presentes también cuando llevó como sus consultores de confianza a esa institución mundial, a funcionarios de origen republicano sin experiencia en desarrollo internacional. Mientras, presionaba a otros con una política «anticorrupción» que condujo a suspender la ayuda a varios países, en decisiones inconsultas con los 24 miembros de la junta directiva del Banco Mundial, los representantes de los mayores países donantes.

A Wolfowitz se le escapan ahora de entre las manos un salario anual de 302 470 dólares, más 141 290 dólares para gastos —y no hay seguridad de que le paguen pensión después de este escandalito—, y por supuesto la novia ya se quedó también sin empleo. Pero siempre encontrarán un alma gemela que les abra paso a tanta inteligencia y habilidades, sin preocuparse mucho por los asuntos de la ética si de capital se trata.

A la larga, Wolfowitz, o Zutano o Mengano —a partir del 30 de junio— harán lo mismo de lo mismo, un Banco Mundial de los poderosos, por ellos y para su provecho.

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