Golpes con guante de seda

Autor:

Marina Menéndez Quintero

De guerras no declaradas está plagado el camino a la desestabilización en América Latina. Y la Casa Blanca paga. La conclusión ha sido ratificada por las últimas revelaciones de la investigadora Eva Golinger, y es preciso que los regímenes decididos a desafiar a Washington estén alertas.

Cuando «descubrió» los más de 20 millones de dólares empleados por el gobierno norteamericano para promover la oposición a Hugo Chávez y financiar el golpe frustrado de 2002, Eva Golinger, una joven abogada de padres venezolanos, nacida y criada en Estados Unidos, supo que debía mostrar las pruebas al mundo, y buscó personalmente al mismísimo Presidente de Venezuela.

A tres años del libro donde compiló y analizó las revelaciones de importantes documentos desclasificados por la CIA y el Departamento de Estado norteamericano gracias a su insistencia, Golinger actualiza la denuncia escalofriante publicada entonces en El Código Chávez: Washington no solo continúa promoviendo hoy a la contrarrevolución en Venezuela; financia, además, los sentimientos separatistas que pretenden hacer pedazos a la nación boliviana.

El método se sigue aplicando, si bien la táctica imperial de fomentar y organizar a la oposición interna en los países regidos por gobiernos que le desobedezcan, es muy, pero muy vieja.

El balón de ensayo se probó en la Nicaragua sandinista de los 80. Adentro, la Casa Blanca aupó contra la Revolución un adversario «democrático» y unido hasta donde pudo unir, mientras acosaba la contra —también armada con su dinero—, desde afuera.

Aún más hipócritas ahora por solapadas, la USAID (Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional), la NED (National Endowment for Democracy) y entidades que pueden ser entendidas como sus sucursales, sirven otra vez de canales para bien dotar a quienes deben parar el proceso de Venezuela, y defenestrar la refundación de Evo Morales azuzando el regionalismo que irradia desde el rico departamento boliviano de Santa Cruz.

Presuntos talleres y seminarios en los que, supuestamente, se enseña a la población sobre democracia, derechos humanos o convivencia social, sirven para camuflar el ilegal y avieso propósito de Washington de soliviantar, generar la violencia, y gestar virtuales golpes de Estado... con guante de seda.

En su artículo reciente «AID en Bolivia y Venezuela: la subversión silenciosa», Golinger define este accionar de Washington como «un método de injerencia que logra penetrar e infiltrar todos los sectores de la sociedad civil».

Todo sea «para bien»

Hasta junio pasado, revela, Estados Unidos ha destinado más de once millones de dólares a 360 grupos y proyectos formados en Venezuela bajo un programa denominado «para la construcción de confianza». Pero, sospechosamente, entre los beneficiarios están organizaciones como Súmate, conocida por su filiación antibolivariana, y partidos opositores entre los que se encuentran Acción Democrática, Primero Justicia y COPEI.

Una maniobra similar estimula, peligrosamente, la desarticulación de Bolivia aunque, en los enunciados, el objetivo de los proyectos esté relacionado con la «convivencia pacífica» y la «participación».

Según Eva Golinger, más de 13 millones de dólares han sido destinados por la USAID a casi 400 organizaciones, partidos y proyectos en Bolivia para el entrenamiento de la población en asuntos tan puntuales y delicados como el «reforzamiento de los gobiernos regionales», la creación de estructuras «democráticas», la difusión de «información» o la formación de «líderes emergentes».

El dinero se maneja mediante Casals and Associates, una empresa estadounidense empleada por USAID que tiene grandes contratos con el Departamento de Defensa, el Ejército, la Armada, el Departamento de Estado y un larguísimo etcétera que no dejaría a Eva Golinger mentir.

Armas ayer, hoy métodos «pacíficos»... Hay escasa diferencia entre invadir y subvertir.

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