La adarga de los siervos - Opinión

La adarga de los siervos

Autor:

Juventud Rebelde
Cuando el siglo XXI abrió sus puertas muchos creyeron en el fin de los ideales emancipatorios y la victoria absoluta del «rey». Los impactos de la globalización neoliberal en las sociedades latinoamericanas llenaron de desconcierto, desilusión y desesperanza los espacios cotidianos de la vida humana. Los siervos parecían haber cedido ante la jauría fáctica del capitalismo real. Pero, en el 2003 persistía la Revolución Cubana y el Sudcomandante Marcos les decía a los participantes en el Encuentro Internacional en Defensa de la Humanidad: «no es cierto que perdimos nosotros, y sobre todo, no es cierto que ganaron ellos».

A contracorriente, los siervos del mundo se negaban, con sus prácticas y visiones alternativas, a aceptar la peor de todas las utopías: la utopía de no tener utopías. Bajo la consigna «Otro mundo es posible» emergen, desde cualquier lugar del planeta, movimientos, organizaciones, redes y campañas contestatarias que en acciones coordinadas intentan unirse para desmontar la cultura del poder del capital y construir nuevas alternativas de vida que tributen a una verdadera emancipación humana.

Esta nueva fuerza, «ha dicho basta» a la globalización capitalista y «ha echado a andar» creando conciencia acerca de las consecuencias fatales que la civilización capitalista: explotadora, excluyente, patriarcal y depredadora, tiene sobre toda la humanidad y su futuro. Esta fuerza que emerge desde la cotidiana desesperanza manifiesta una recuperación de los significados y sentidos de la esperanza, de la posibilidad de transformar el mundo solidariamente desde y con todas y todos.

«Sobre las ruinas de un sistema desmoronado, hay que construir el nuevo sistema que haga la felicidad absoluta del pueblo», dijo Che Guevara. Y hoy, cuando sus palabras suenan a eco, en lo que no se hizo, y a enseñanzas, en lo por hacer, la teoría y la práctica emancipatoria recupera los significados de su pensamiento y acción revolucionarios ante la necesidad de construir una unidad de acciones, sentidos políticos y éticos desde la diversidad de actores involucrados en proyectos alternativos de lucha revolucionaria. La sociedad socialista, como la pensó el Che, es mejor no solo porque la soñamos activamente, sino porque se piensa, comparte, construye y vive solidaria y colectivamente. Es un proceso multicolor de historias que nunca acaban. Por eso los esfuerzos inagotables de Che Guevara por reencantar los sentidos de vida de los sujetos sociales, por hacer que sientan propia la necesidad del cambio social.

«... lo que nosotros tenemos que practicar hoy es la solidaridad... Si usamos todos esa nueva arma que es la solidaridad, si conocemos las metas conocemos al enemigo. Y si conocemos el rumbo por donde tenemos que caminar, nos falta solamente conocer la parte diaria del camino a realizar. Y esa parte no se la puede enseñar nadie, esa parte es el camino propio de cada individuo, es lo que todos los días harán, lo que recogerá en su experiencia individual y lo que dará de sí en el ejercicio de su profesión, dedicado al bienestar del pueblo».

Hoy, las experiencias de luchas y resistencias de los nuevos movimientos y actores sociales plantean formas diferentes de pensar y hacer la emancipación, en términos de construcción, socialización y participación colectiva desde las prácticas cotidianas de vida. Sin embargo, la articulación en pensamientos y acciones de las luchas por la emancipación humana sigue siendo el desafío mayor de nuestro tiempo, como hace 40 años.

Tal desafío exige una nueva actitud fundadora y reclama una conversión paradigmática que asuma las experiencias históricas y las posibilidades inagotadas de las alternativas anticapitalistas. La posibilidad histórica del socialismo está en la propia realidad de las sociedades globalizadas. Las fuerzas y pasiones que impulsan las revoluciones bullen sin cesar en las calientes lavas de los volcanes sociales que están entrando en erupción ante tanto desenfreno y desamor. Los siervos vuelven al camino con la adarga al brazo.

*Filósofas y ensayistas.

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