¿A la basura el respeto?

Autor:

Si alguien quiere constatar la veneración y el cariño que profesan muchos habaneros por su ciudad, que merodee por los contenedores de basura y se sumerja en esos festivales de fealdad y desaliño que los rodean.

Ausentes durante años de nuestros barrios, agónicos en cantidades, los pobres contenedores cargaron con la culpa de tanto atropello al ornato y la higiene: No hay cesto, qué voy a hacer, decían los displicentes de siempre, lanzando al aire, en cualquier sitio los detritus.

En los días más agónicos del período especial aparecieron los contenedores de Sevilla, Euskadi o Valencia, frutos de la solidaridad de los pueblos y alcaldías. Y no faltaron los depredadores que, pisoteando la nobleza de los amigos, comenzaron a eviscerar aquellos depósitos: se llevaban —se llevan aún— las tapas y las ruedas. Sobre todo las ruedas, para armar carretillas, muy demandadas en los negocios callejeros.

A puro esfuerzo, en estos años el país ha ido adquiriendo contenedores, sin que aún se satisfagan todas las necesidades de Servicios Comunales. Por eso duele más aún que los vándalos se ceben sobre estos, hasta inutilizarlos.

Pobres depósitos... si sintieran. Falta poco para que cambie el refrán, y en vez del merengue en la puerta de un colegio, haya que decir: Dura menos que un contenedor en la esquina.

Pero la burla mayor, el escarnio sin límites, es ver cómo pululan los vertederos a la sombra de los tanques. Algo así como un reto a la decencia y la urbanidad. ¿No estarán vaciando el respeto allí, hasta enterrarlo para siempre?

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.