El imperio secuestra, los medios callan

Autor:

Juventud Rebelde

El pasado 15 de junio, los magistrados del Tribunal Supremo de EE.UU. escribieron otra vergonzosa página en la historia, al decir NO al llamado de una decena de premios Nobel, parlamentarios, académicos y miles de personalidades de todo el mundo para que a los cinco cubanos presos en EE.UU. se les sometiera a un nuevo y justo juicio fuera de Miami, con todas las garantías procesales.

Entre las personalidades españolas se encontraban los ex presidentes del Parlamento Europeo, José Borrell Fontelles y Enrique Barón Crespo, los vicepresidentes Ángel Martínez y Willy Meyer, los eurodiputados Teresa Riera, Carlos Carnero, sin olvidar al prestigioso ex Director General de la UNESCO, Federico Mayor Zaragoza, todos ellos nada sospechosos de ser extremistas o colaboradores del terrorismo sino todo lo contrario.

Día a día son más las personas en el mundo que a pesar del silencio y la complicidad impuestos por la gran mayoría de los grandes medios de difusión, especialmente de EE.UU., y de la presión de las administraciones demócratas o republicanas —los mismos perros con diferentes collares—, saben o conocen, que el 12 de septiembre de 1998 el FBI, dirigido por la extrema derecha de EE.UU. e influenciado por la mafia terrorista cubanoamericana de Miami, detuvo a cinco jóvenes profesionales cubanos, cuyo único y exclusivo «delito» fue denunciar y evitar actos terroristas contra su país, con la acusación falsa y sin la más mínima prueba de que espiaban en contra de EE.UU.

Hasta tal punto llega la manipulación, y falta total de escrúpulos en la forma de cómo se ha desarrollado a lo largo de estos más de diez años esta farsa e inmoralidad judicial, por parte del «todopoderoso» imperio, en cuyas entrañas empieza a cundir el pánico a que la opinión pública, en especial la estadounidense, conozca la realidad de este triste episodio: quiénes son los Cinco y cuáles los motivos de su injusta e inmoral detención, lo que puede convertírsele a Washington en otro bumerán, como el que en su día fue el caso del secuestro del niño Elián, por parte de esta misma mafia.

En la medida que la opinión pública fue informándose y conociendo la verdad, fue la misma presión del pueblo estadounidense y de la gran mayoría de los cubanos residentes en la Florida, la que obligó al gobierno de EE.UU. a devolverlo a Cuba.

Lo preocupante, indignante e inmoral de esta triste historia, es que tanto el FBI como los gobiernos de Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama —en el cual, dicho sea de paso en el cual se habían depositado no pocas esperanzas— sabían y saben que toda esta tragicomedia es un repugnante montaje por parte de la extrema derecha estadounidense, y que estos cinco patriotas cubanos partieron hacia EE.UU. para obtener información sobre los planes de las organizaciones terroristas que tienen su base de operaciones desde hace muchos años en Miami, a saber la Fundación Nacional Cubano-Americana, Alfa 66, el Consejo para la Libertad de Cuba, Hermanos al Rescate, etc., todas ellas de reconocida trayectoria delictiva.

Recordemos que estos grupos han causado, a través de muchos sabotajes y agresiones contra Cuba, miles de muertos, heridos y grandes pérdidas económicas, y han incurrido en el contrabando de armas, drogas y personas. En el mejor de los casos, el gobierno de los EE.UU. se ha hecho el de la vista gorda ante estas acciones, y en ocasiones, las ha apoyado descarada y públicamente. Esto se llama, y de ello hay pruebas irrefutables, ¡terrorismo de estado!

No es casual que la mismísima ONU dictaminara que el juicio en Miami fue arbitrario y totalmente parcializado. Y que el 9 de agosto de 2005, nada menos que el Tribunal de Apelaciones de Atlanta, integrado por tres magistrados, nada sospechosos de ser castristas, pero con ética profesional, por unanimidad descalificaran el proceso y decretaran la realización de un nuevo proceso en otra ciudad, por considerar que en Miami se cometieron numerosas violaciones de procedimiento legal, las cuales están incluidas en la apelación de la defensa, como la manipulación de jurados, testigos y pruebas.

¿Por qué prevalece entonces tanta mentira? ¿Por qué tanto pánico a la verdad?

*Periodista español

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