Juego sucio

Autor:

Marina Menéndez Quintero

«Balotaje, no sabotaje». El llamado, que publica en una de sus páginas el diario uruguayo La República, tiene sabor de reivindicación, y parece justo. A menos de 20 días de la ronda del desempate para que el electorado escoja al presidente de Uruguay, una virulenta campaña de la derecha trata de confundir a la ciudadanía liando al aspirante del Frente Amplio, José Mujica, con el hallazgo de un arsenal en la propiedad campestre de un empresario que, se presume hasta hoy, era un comprador y traficante de armas viejas.

El alegado pasado guerrillero del hombre en posesión del armamento —quien pereció en un tiroteo durante la incautación policial, después de un incendio—, y los vínculos que se le achacan con el movimiento Tupamaro al que perteneció Mujica hace más de tres décadas, son los anzuelos envenenados que lanza la opositora derecha; la llave oxidada con que quieren abrir las puertas a la duda para desatar sus demonios.

La falta absoluta de pruebas caracteriza la «denuncia», que debió quedar invalidada por la misma irresponsabilidad y total carencia de sustancia con que fue echada al ruedo. Ello denota su afán tendencioso y soliviantador, si no bastara la identidad del que lanzó la primera piedra: el ex presidente Jorge Batlle, con un comentario malicioso y «despreocupado» a tenor del armamento, que volvió a poner de relieve su poca credibilidad e hizo recordar las durezas de su mandato, proveedor de pobrezas materiales y espirituales a los uruguayos.

Pero, más allá de los acontecimientos puntuales en torno a este escándalo de enrevesamientos que tanto tiene de thriller —y que las autoridades han prometido investigar hasta las últimas consecuencias—, el hecho trasluce realidades más firmes que seguro serán bien vistas y sopesadas por el electorado. Por ejemplo, la esencia egoísta de los líderes de esa derecha que vuelven a aliarse ahora, incluso para mentir, en el propósito de desbancar del gobierno al izquierdista Frente Amplio.

Para ello tratan a toda costa de obstaculizar el paso al posible sucesor de Tabaré Vázquez —José Mujica—, ganador por amplio margen de la primera ronda, pero sin la mayoría absoluta para ser proclamado mandatario por lo que su nombre deberá concurrir otra vez a las urnas el día 29 frente al de Alberto Lacalle, del opositor Partido Nacional, la segunda mejor cifra en la primera vuelta, aunque bien distante del puntero.

Así, a la sumatoria de esfuerzos que se esperaba propondría el candidato del Partido Colorado, Pedro Bordaberry, para que los suyos voten por Lacalle en el balotaje, se añade ahora el mismo juego sucio empleado en otros países latinoamericanos para manipular las votaciones, sobre todo cuando la izquierda puntea. En la cuerda de la campaña del miedo suena el alboroto creado alrededor de las armas.

Por demás, los sucesos remarcan una polarización que la misma actitud de la derecha proclama. En el balotaje, dos modelos de país —como han dicho dirigentes de la izquierda— estarán cara a cara.

En medio de las bien recibidas invitaciones del Frente Amplio a gobernar con la participación de todos si Mujica mantiene la presidencia, malos ardides como el del arsenal de armas desentonan, y anuncian el giro que vivirá Uruguay si esa derecha gana.

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