La caverna pierde su ídolo

Autor:

Lázaro Fariñas

Después de 18 años de estar haciéndole daño a Cuba en el Congreso de Estados Unidos, el representante federal de origen cubano, ahijado del tristemente célebre Fulgencio Batista y Zaldívar, Lincoln Díaz Balart, hace unos días anunció sorpresivamente que no volvería a aspirar al cargo y que, por lo tanto, se retiraría cuando acabe su período, en enero próximo.

En verdad, no hay quien se crea las razones que alegó para no aspirar a la reelección. Mirando al cielo y con la voz melodramática, como es su estilo, el personaje anunció que necesitaba cambiar de rumbo, que volvía a su carrera de abogado y que de ahora en adelante también se dedicaría a recoger la bandera de la Rosa Blanca y con ella seguir luchando por la «libertad de Cuba». Para los lectores que no saben qué es la Rosa Blanca, fue una organización batistiana que fundó en Nueva York el padre de Lincoln a principios de 1959.

En primer lugar, creo que para retomar su carrera de abogado tendría que volver a la escuela de Derecho, ya que hace mucho más de dos décadas que no ejerce como tal; y para revivir la Rosa Blanca, le haría falta ir a los cementerios de Miami a resucitar a los viejos batistianos que la integraban.

Lincoln explica que de ninguna manera deja de ser «combatiente vertical y patriota» y que, por lo tanto, va a seguir en la batalla por la «liberación de Cuba». Si no fuera por el daño que este hombre le ha hecho al pueblo cubano, estas declaraciones moverían a risa. Quien se vanagloria de haber sido el promotor de codificar el bloqueo norteamericano al pueblo cubano, es el mismo que alega que va a seguir en la batalla por su «liberación». Durante los años que lleva en el Congreso federal, este hombre se ha dedicado a buscar fondos para Radio y Televisión Martí, para mantener a una serie de descarados que aquí viven del cuento anticomunista y para promover leyes anticubanas en el Congreso.

Junto con cubanoamericanos que ocupan puestos de congresistas y senadores, Lincoln se ha dedicado a hacer alianzas con otros legisladores. Les promete ayudarlos con sus legislaciones a cambio de su apoyo para la causa anticubana. Así ha ocurrido durante estos años en los que ha permanecido en su cargo. Además, ha ayudado a los cabilderos de la industria anticubana de Miami a identificar a aquellos congresistas que se venden por unos cuantos dólares. Muchísimos demócratas han pactado con Lincoln y compañía, recibiendo dinero de los millonarios cubanoamericanos de Miami. Los ejemplos sobran y además son públicos. Hace poco, salió un informe en el cual se relataban nombres y cantidades recibidas.

Es muy sospechosa la retirada de este hombre en este momento. En la actualidad, ocupa una alta posición en el poderoso Comité de Reglamentos de la Cámara de Representantes, el cual pudiera muy bien llegar a presidir en caso de que los republicanos obtengan la mayoría en las elecciones legislativas del próximo noviembre. ¿Cómo es posible creerle que con su retiro estará en mejor posición para defender su anticubana causa? ¿Difundiendo las

ideas de la Rosa Blanca? En algún momento nos enteraremos de las verdaderas causas para su decisión.

Se ha especulado que padece de alguna grave enfermedad que no le permite continuar en su cargo, o que lo agarraron «fuera de base» y llegó a algún acuerdo con la justicia. Cualquier cosa es posible. Pero lo único que no parece lógico es que se retire por las razones que ha alegado.

Ahora, con Lincoln fuera del juego, su distrito se abre a un nuevo candidato y su hermano, Mario Díaz Balart, ya declaró que aspirará por el mismo. Mario deja su comarca para buscar una victoria más segura en la que deja su hermano. Él ganó por un estrecho margen en las últimas elecciones, mientras Lincoln ganó por un amplio margen.

Sea quien sea el ganador, va a importar muy poco. Lo que sí importa es que el hombre que tanto ha hecho por evitar una buena y normal relación entre Estados Unidos y Cuba, por las razones que sea, este noviembre próximo estará fuera de la contienda.

*Periodista cubano radicado en Miami.

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