Creciendo abajo y adentro

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Si uno apuesta al proceso de refundación que encabeza Evo Morales, las noticias que llegan desde Bolivia las ve bien por cualquier flanco.

Los primeros conteos después de las elecciones regionales del domingo le dieron a su partido seis de nueve gobernaciones entre las que se incluyen tres arrebatadas a la oposición: Chuquisaca, Cochabamba y Pando —que restaría una cuenta a la que en su momento fue beligerante Media Luna. Aunque la votación fue cerrada y con escarceos que anoche pusieron en duda el conteo. A ello se suma la repetición de gobernadores de su partido en la muy importante plaza que es La Paz y en los departamentos de Oruro y Potosí, sin duda incondicionales defensores del cambio, donde resultó amplia y descansada la victoria de los candidatos del Movimiento al Socialismo.

Sin embargo, será el conteo en los municipios y asambleas locales el que dé la última pincelada para que podamos apreciar cómo quedó dibujado, en verdad, el mapa político boliviano. Es menester valorarlo porque poco tiene el poder arriba si no está asegurado abajo. Ese es el razonamiento que vale para aquilatar lo que estos comicios significan a la refundación, luego del aplastante 64 por ciento que ratificó la refundación otorgándole la reelección a Evo en diciembre.

Tampoco puede perderse de vista la importancia que tendrá la conformación de las asambleas legislativas regionales y municipales. Su instauración pone, precisamente, sobre la mesa, lo más relevante de este proceso: la puesta en vigor de la autonomía recogida en la nueva Constitución boliviana, que se estrena otorgándole a departamentos y municipios la capacidad de legislar. Se pone en marcha así la descentralización que debe hacer aún más eficiente una gestión gubernamental a nivel de nación, ya fructífera. Desde 2006, en que llegó a la presidencia, el gobierno de Morales no solo ha emprendido programas sociales que elevaron sustancialmente la calidad de vida de la gente. Además, engordó sus otrora raquíticas reservas, y ha registrado un sólido desempeño económico que presenta hoy a Bolivia como el país que más crecerá en América Latina al concluir 2010, con pronósticos que elevan la cifra hasta un sólido 4,5 por ciento… a pesar de la crisis.

Ello, gracias a la recuperación de los recursos naturales, la primera medida del gobierno del MAS cuando decretó la nacionalización de los hidrocarburos, y desde luego, porque existe esa voluntad política.

Como se puede ver, nada de esto tiene que ver con los proyectos «autonómicos» con que hace dos años, los prefectos representantes de la oligarquía en Pando, Tarija, Beni y Santa Cruz, quisieron fraccionar a Bolivia.

Cosas tan objetivas seguro han estado en la subjetividad de los votantes y pesaron a la hora de ejercer el sufragio. Sin embargo, puede que, como en el referendo revocatorio, se haya dado en más de un lugar el llamado «voto cruzado», según se adelanta. Ello será piedra en el zapato en algunos sitios, pero punto a favor de los humildes allí donde no logró desbancar a los oligarcas, como en la rica Santa Cruz, donde repite el racista ex prefecto Rubén Costa —igual que Mario Cossío en Tarija—, en tanto la cosa quedaba bien cerrada en Beni, quién sabe si por la composición poblacional allí o por cierto caudillismo…

Seguro son muchos los conteos que faltan. Por ahora, se adelanta que el Movimiento al Socialismo obtuvo el triunfo en siete de diez de las principales ciudades y que está presente de alguna manera en 200 de los 327 municipios del país. Motivos de sobra para que el MAS se felicite, aunque todavía queden detalles por saber, que serán los que estampen en el lienzo todos los tintes y matices.

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