Hay que darles mandinga

Autor:

Julio Martínez Molina

Cultura, educación, conocimiento, ética constituyen blasones del cubano medio, gracias al perseverante empeño de un sistema social sabedor de la relación martiana entre saber y libertad, preocupado siempre de engendrar tales virtudes entre los habitantes de nuestro país.

Pero la naturaleza humana, compleja, heterodoxa, da cabida a formas individuales de expresión de la personalidad que no actúan conforme a plausibles intenciones sociales, ni con arreglo a los comunes modos de pensar u obrar.

Dichas expresiones, más bien, rechazan esos beneficios culturales, tergiversan la realidad… y hallan su fuente en influencias estéticas otras, que en última instancia dan lugar a la creación de peculiares universos morales signados por lo ilusorio y evanescente.

Surgen así esos comportamientos marcados por la impostura, la falsía, la réplica de actitudes extrañas, costumbres foráneas, modulaciones vocales ajenas a nuestra idiosincrasia u otras conductas «singulares» apreciables en la calle, lo que va en franca disonancia con la sencillez del criollo y sus reforzadas señas identitarias.

Ahí comulga desde el cubano que, tras solo media hora de conversación, pierde de cuajo su identidad lingüística y te pasa de español a argentino con tranquilidad pasmosa en sus cambios de acento y giros.

O, igual, la «nena bien», de boutique, satélite y cabaret caro que «ni sabe» que el Noticiero existe. Semejante a aquellas «chicas plásticas» de la canción de Rubén Blades, a las que sin embargo «les duele como ampollas que por más que se peinen no pueden ocultar su cara criolla», parafraseando a Calle 13.

También entra en el ruedo el tipo «culto» que sabe muchísimo de Kundera pero no se acuerda de Bonifacio Byrne; el que te saca el sello de Tusquets o Mondadori por arriba del bolso para que veas la procedencia del libro que lee; o el otro que al menor chance desbarra contra la producción cultural nacional… Ni idea de nada que tenga que ver con «la aldea».

Aunque no son trigo que degrade pan —o sea, resultan apreciables solo en una escala reducida—, los hallas a diario, mostrándose en circuitos de exhibición donde siempre encontrarán un mentecato adorador.

No hay mucho que decirles. Cada quien elige su rumbo. Sí sería bueno ponerles, donde estén, el tema ya mencionado de Calle 13: Gringo Latin Funk.

«Ella quiere mandinga pa´ que se le vaya lo de gringa, hay que darle un Habano pa´ que camine como hispano, hay que mancharle los zapatos con fango de la Sierra, para arrancarle la postura de “chiskei” de Inglaterra».

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