La pregunta del siglo

Autor:

Ricardo Ronquillo Bello

La interrogante salta como las liebres de los sombreros mágicos. Se la hacen lo mismo medios internacionales de derecha que amigos de izquierda. También se instala en no escasos corrillos internos.

La enardece cualquier detalle, por insignificante que parezca. Cada movimiento entre las mangas socioeconómicas isleñas invita a brincar el inquieto animalito: ¿Hacia dónde va Cuba? ¿Se actualiza hacia un socialismo más completo, racional y pleno, o en su intento  puede derivar hacia el capitalismo?

En las últimas semanas tuve un sensible y enriquecedor intercambio con un jurista estudioso de nuestra economía, a propósito de una columna en este espacio bajo el título Recampesinar.

Sus inquietudes expresan el peso esclarecedor que deben tener la confrontación de las ideas —sin importar cuán profundas puedan ser las susceptibilidades o las diferencias, como ha subrayado Raúl— en la concepción democrática y socialista del futuro del país, al que nos invita el debate del Proyecto de Lineamientos Económicos y Sociales del VI Congreso del Partido.

El profesor se manifestó preocupado por el contenido que ofrecí al término «recampesinar», y la importancia que le adjudiqué al Decreto Ley 259, que no es poca en su opinión, tendente al minifundio, al trabajo individual.

Desde su consideración, la agricultura, como el resto de las actividades humanas no prospera, ni consolida la economía de un país, menos en el socialismo, a través del trabajo individual.

«Este ahora solo es paliativo circunstancial y transitorio y puede generar valores, vicios y otras lacras de una sociedad en transición hacia el capitalismo, nunca al socialismo, por más que se empeñe la apologética… en destacar a los nuevos “empresarios” nacionales rurales, y quién sabe si pronto también los urbanos con la ampliación del trabajo por cuenta propia, ya capaces de contratar —de manera restringida— fuerza de trabajo, que encierra la explotación del hombre por el hombre.

Para este analista —y seguramente no pocos compartimos esta particular apreciación— el socialismo se construye con trabajo socializado libre y responsable, y a él contribuye de forma decisiva la sociedad cooperativa, que no es tampoco la cooperativa que tenemos hoy en Cuba.

Si esta última idea no estuviera acompañada del prejuicio, o las suspicacias contra la existencia de un tradicional sector campesino en la nación, incluso contra su fomento con las decisiones renovadoras de la economía, nada habría que confrontar con este analista.

Solo que su valoración ignora que la Revolución corrige ahora algunos de sus errores de idealismo y de voluntarismo, esos reconocidos transparentemente por Fidel en su diálogo con Ignacio Ramonet.

No deberían estimularse aprensiones contra ese sector en un país donde los campesinos individuales dan un uso eficiente al 68 por ciento de sus tierras, mientras en manos estatales solo lo están al 29 por ciento, en las UBPC al 48, y en las cooperativas de producción agropecuaria al 58. Más en las circunstancias de una economía que deberá existir en las condiciones de bajos recursos.

Con los barbudos —importante número de ellos campesinos—, su lucha y su victoria, el anhelo por la tierra alcanzó en el archipiélago su justa dimensión revolucionaria, que en nada se contrapone a formas más amplias y abarcadoras de propiedad social como el cooperativismo en el campo y otros sectores, incluido también entre las propuestas de lineamientos económicos del VI Congreso del Partido.

En esos lineamientos se establece adecuar la legislación vigente, en correspondencia con las transformaciones en la base productiva, además de independizar las distintas formas cooperativas de la intermediación de las empresas estatales, e introducir de forma gradual las cooperativas integrales de servicios en la actividad agroindustrial a escala local.

Los lineamientos revindican en su enunciado la vocación leninista, socialista de la actualización, al incluir el estímulo al cooperativismo más allá del sector agrario, y manifestar la voluntad de liberarlo de todas las absurdas tutelas y amarras. Lenin, se ha subrayado mucho en los últimos tiempos, apuntó que el régimen de los cooperativistas cultos es el socialismo.

El mismo pensador nos recuerda que Fidel, en sus cien horas de diálogo con Ramonet, sostuvo que en el socialismo pueden y deben coexistir tantas formas económicas y tantas modalidades de percibir los ingresos personales como procedan y garanticen el desarrollo ético, moral, ideológico y socioeconómico de la sociedad socialista.

Por tanto recampesinar, cooperativizar, socializar, nada de ello debería hacer saltar la liebre del sombrero.

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