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Los apuros del «mejor» gobernante

Autor:

Luis Luque Álvarez

«Creo que, de lejos, he sido el mejor Primer Ministro que haya podido tener Italia en 150 años de historia».

Lo dijo sin sonrojarse. Fue en 2009, en una cumbre bilateral con España. En aquellos días, le imputaban el haber pagado a prostitutas de lujo para sus fiestas. Las pruebas saltaban una tras otra, sin embargo, él resistía.

Pero todo parece estar cambiando para el «mejor primer ministro» Silvio Berlusconi. Hoy los cargos son un poco más graves, y la sociedad italiana —que no la durmiente oposición de «centroizquierda»— está diciendo a las claras estar harta de los excesos de un personaje creído de que todo puede comprarse. El domingo, cientos de miles de mujeres salieron a las calles para preguntarse: «Si no es ahora, ¿cuándo?», en alusión a que llegó el momento de pararle los pies al Cavaliere.

El último escándalo es de película: en las fiestas de sexo en su villa milanesa de Arcore, Berlusconi contaba con una menor de edad, una joven marroquí que se hacía llamar Ruby Rubacuore (robacorazones). Esta, interrogada por los fiscales, dijo haberle confesado al jefe de Gobierno que tenía realmente 17 años, no 24. Como su falta de documentos eran un problema para que el «don Juan» pusiera a su nombre un apartamento, él mismo le indicó que mintiera, que dijera que ella era sobrina o nieta del entonces presidente egipcio Hosni Mubarak, ¡y todo arreglado!

Pero aquí no acaba la cosa: cuando, meses después, Ruby se vio envuelta en un problema policial, Berlusconi llamó personalmente a la comisaría, con todo su peso de Primer Ministro, para decir que la muchacha era pariente de Mubarak y que debían «confiársela» —palabra que delata que sabía era menor de edad— a una funcionaria que él enviaría.

Abuso de poder y prostitución de menores. Unos 12 años de cárcel por lo primero y tres por lo segundo es lo que predicen los conocedores de la ley. Las pruebas están en poder de la policía, y un tribunal milanés, conformado por tres juezas, ya lo ha citado a declarar para el 6 de abril.

Sinceramente, no imagino en ese trance a un político como Alcide de Gasperi, un hombre que se enfrentó a Mussolini, y que pagó con la cárcel el precio de su rectitud moral. Elegido Primer Ministro en la Italia de la posguerra, guió la reconstrucción nacional y promovió la recuperación económica. «Hay hombres de rapiña, hombres de poder y hombres de fe. Yo quisiera ser recordado entre estos últimos», apuntaba desde la humildad del que sirve. Y sin embargo, el que hoy gobierna a Italia, afirma de sí mismo ser ¡«el mejor en 150 años»!

Ah, pero la capacidad de Berlusconi para que tutto le resbale, es proverbial. Ha dicho que terminará la legislatura —o sea, que aguantará hasta 2013—, y ya prepara a sus abogados para que intenten sacar el caso del tribunal de Milán y lo pongan en manos de una corte de ministros, pues entre su partido (Pueblo de la Libertad) y la xenófoba Liga Norte lo pueden engavetar sin mucho lío.

Mientras, el lector no italiano asiste asombrado al espectáculo de cómo el Primer Ministro de una típica democracia occidental duerme tranquilo con una ristra de escándalos como almohada.

Y es que Berlusconi, con una fortuna de 6 000 millones de euros, se ha convertido en el empresario «indispensable»; en aquel del que se dice que, al terminar el día, todo italiano ha sido en algún momento cliente suyo, pues ha leído alguno de sus periódicos, se ha enamorado de la bien formada heroína de una telenovela transmitida por uno de sus canales, o vive sencillamente en uno de los apartamentos levantados por sus empresas. Él es el hombre de éxito, y muchos se le han querido parecer, por eso le han perdonado sus «pequeñeces».

Hasta ahora, que tres juezas —y las mujeres cosificadas, y los intelectuales…—  toman en sus manos el martillo.

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