La ultraderecha Cubanoamericana

Autor:

Lázaro Fariñas

La ultraderecha cubanoamericana de Miami, aparte de ser intransigente, mitómana alucinante y troglodita, es cuentista, alardosa e irracional. Por las propiedades que posee, los que la componen bien pudieran trabajar en circos o ferias de pueblo, ya que se pasan el tiempo haciendo payasadas o funcionando como ilusionistas. Quienes como yo viven en esta ciudad saben muy bien porqué me refiero de esa forma a este grupo de personas de origen cubano.

Las payasadas que han hecho sus líderes durante décadas son innumerables y matarían de risa a cualquier ser normal a quien se las contara. Uno de ellos afirmó, en una ocasión, tener listos cohetes de tierra a tierra para atacar a Cuba; otro de ellos dio a la publicidad una batalla naval en una bahía cubana, entre sus tropas y la marina revolucionaria, presentó fotografías e hizo un parte de guerra, para inmediatamente descubrirse que los barquitos que participaron en el encontronazo habían sido comprados en una juguetería local, y que la batalla naval había ocurrido en la bañadera de su residencia localizada en el sudoeste de Miami.

Cuando se cayó el Muro de Berlín y se derrumbó el campo socialista, los trogloditas de Miami empezaron a hacer las maletas. El regreso, según ellos, era inminente. Todo era cuestión de días. Una cantautora escribió una canción que tituló «360 meses», en alusión a los 30 años desde el triunfo de la Revolución Cubana que, según ellos, ya llegaba a su fin. Me imagino que sería bueno que modernizara el título y lo fuera adecuando a la realidad, que ya son más de 620 meses.

Pero porque hayan hecho infinidad de payasadas no se pueden catalogar de inofensivos. Al contrario, tienen dinero, poder, saben moverse y además, tienen el apoyo, tanto del Gobierno de Estados Unidos, como de otros Gobiernos de América Latina y Europa. Cuentan también con el apoyo de los grandes medios de comunicación y son aliados de los periódicos más influyentes del mundo occidental.

Tienen en sus manos los medios para desarrollar campañas anticubanas que cruzan el Atlántico a la velocidad de la luz. Con la fuerza que poseen, saben muy bien distorsionar la realidad cubana y crear cosas que no existen, como por ejemplo, decir que un grupo de cubanos, de cuya existencia apenas se conoce, son los genuinos representantes de la sociedad civil. Por medio de ese poder, logran que se otorguen a sus acólitos en la Isla premios que vienen acompañados por miles de dólares; que se convierta un preso, que fue condenado por delito común, en preso político y que Amnistía Internacional lo nombre preso de conciencia; o que un infeliz alcohólico que forma un escándalo en el medio de un parque habanero se convierta en héroe en Miami por haber dado gritos de protesta por la supuesta falta de comida.

Para esta gente, nada que se haga o salga de Cuba es bueno; no sirven los deportistas, los músicos, los médicos ni los cuidados de salud. Según ellos, hay que brincar el Estrecho de la Florida para que algo cubano tenga valor. Esa porción de agua que existe entre las costas de la Florida y Cuba es casi como el Jordán; hay que cruzarlo para que lo malo se convierta en bueno. También saben cómo multiplicar los peces. Diez o doce personas salen a las calles cubanas e inmediatamente, desde Miami sale la voz de que una marcha multitudinaria de la gran oposición cubana fue realizada en contra del Gobierno revolucionario.

Si salen 10 o 15 ancianitos a participar en un acto de repudio en Miami contra cualquier artista proveniente de la Isla, los titulares al otro día dicen que el exilio protesta por la actuación de los mismos. Cuando convocan a una marcha en la Calle Ocho de Miami por la «libertad de Cuba» y marchan 1 500 o dos mil personas, afirman que más de cien mil fueron los participantes. Tanto  es así que, hasta la misma policía de Miami, hace tiempo que dejó de decir el cálculo de personas que participan en las mismas.

Estos personajes son profundamente anexionistas. Cuando han pensado sobre el regreso a Cuba, siempre lo han soñado detrás de los tanques del ejército norteamericano. Como lo piensan tanto, en lo que se deciden me imagino que, como los dinosaurios, poco a poco irán desapareciendo de la faz de Miami.

 

*Periodista cubano radicado en Miami

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