Una idea genial

Autor:

Roberto Díaz Martorell

Cuando los espacios faltan, generalmente es porque no se buscan, y cuando existen y se utilizan para hacer el bien, el esfuerzo siempre vale la pena.

La mayoría de las veces están ahí, frente a nuestros ojos, y culpamos entonces a la dinámica diaria por la falta de visión para percatarnos de que con pequeños detalles se puede generar alegría. Por ello es que se agradece doblemente el hecho de contar con artistas como Francisco Fonseca, escritor y director del grupo de teatro Tijo, en la Isla de la Juventud, a quien no le pareció suficiente con haber desandado senderos movilizando la curiosidad y el pensamiento desde las tablas. Cual si quisiera tocar las estrellas, pensó y pensó y luego se dijo: «Sambalajá». Nació así una Feria infantil.

Este proyecto cultural, nombrado con esa palabra mágica, demuestra que para resolver preocupaciones relativas a la falta de espacios para que los niños se recreen, no siempre hay que aguardar por un presupuesto ni por la aprobación de un plan económico a nivel central, pues en ocasiones solo se precisa de voluntad y espíritu.

El talento que hemos creado durante estos años está ahí, esperando… Fonseca reparó en ese capital y convocó no solo a artistas de las artes escénicas, sino también a todos aquellos que sienten la necesidad de aportar, desde su saber y experiencia, al empeño de brindar esparcimiento, pero con una asentada proyección cultural y educativa.

Los desvelos de este equipo se enfocaron en convertir el nuevo espacio en algo diferente a la programación chatarra que proporcionan ciertos audiovisuales y videojuegos; y hacerlo tan agradable como para sustituir un día de playa, y tan variado que mantuviera a los pequeños atentos y listos para protagonizar el entretenimiento, que comprende desde presentaciones teatrales y actuaciones de payasos hasta lecturas de poemas, venta de libros y expendio de golosinas.

Y ellos (los niños) y sus familiares lo agradecen, mucho más ante la falta de proyectos similares en la Isla de la Juventud.

Tal vez en otros territorios el problema de la recreación para los niños sea un tema resuelto, pero su solución aquí prácticamente tiene carácter de urgencia. Cuando en el 2008 el huracán Gustav «hizo trizas» Los Caballitos, único parque infantil con aparatos, muchos padres preguntaron: «Y ahora, ¿dónde jugarán los niños?».

En este territorio no se ha podido concretar el sueño de construir un parque de diversiones que ilusione a los pineros y genere de modo permanente una distracción orientada a las edades más tempranas. Espacios como esos llegan de manera puntual con la Feria del Libro, las semanas de la cultura y las fiestas populares, pero no es suficiente.

En la mayoría de las áreas destinadas a la recreación no queda mucho espacio para juegos infantiles —incluso se expenden bebidas alcohólicas—, y de los pocos miniparques infantiles ubicados en algunos consejos populares, varios no muestran su mejor cara y suscitan más tristeza que deseos de saltar por la canal.

Por eso hay que celebrar ideas como esta, en las que se apuesta por la inteligencia colectiva en aras de continuar cultivando la fantasía, la cultura y la participación. Especialmente porque se trata de una edad difícil de complacer y muy vulnerable a la seudocultura que inunda la producción audiovisual y los canales creados por las nuevas tecnologías de la comunicación.

Tal vez Sambalajá no sea la respuesta a esa necesidad pero, indudablemente, convertirá la Sala Polivalente de la sede local de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba en destino de la esperada salida de fin de semana, lugar donde papá, mamá, abuelito y nené jugarán a soñar cuentos, en los que usted, residente o visitante de esta Isla, si tiene algo que aportar, es también bienvenido.

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