Egipto entre el islamismo y la herencia de Mubarak

Autor:

Jorge L. Rodríguez González

Frustación, desesperanza, y rebeldía se palpan en las calles de ,  y en cada rincón de la tierra de los faraones. Atrapado en estos sentimientos y estados de ánimo, el pueblo egipcio deberá tomar una difícil decisión.

Este fin de de semana tendrá que elegir a su presidente. Pero el contenido de la cesta en la que los ciudadanos deben escoger, no parece apetecible para todos. Hay dos opciones: un heredero del depuesto Hosni Mubarak y un islamista. Ninguna de las dos satisface a la mayoría de un pueblo que desde el 25 de enero de 2011 exige profundas transformaciones políticas, económicas y sociales, y obligó a dimitir al rais, tan empotrado en el poder como cualquiera de los reyes de la antigua historia de esa tierra.

Mohamed Morsi, el candidato de los Hermanos Musulmanes, y Ahmed Shafiq, el último primer ministro de Mubarak, se enfrentarán en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, que se celebrará los días 16 y 17 de junio.

En la primera ronda, el margen entre Morsi y Shafiq fue irrisorio. El candidato islámico conquistó el 24,3 por ciento de los sufragios, y el colaborador de Mubarak el 23,3 por ciento, lo que representa una diferencia de solo 260 000 sufragios entre más de 23 millones de electores. Fuera de la lid quedaron el nasserista Hamdin Sabahi; Amr Musa, ex secretario general de la Liga Árabe, y Abdel Moneim Abulfutú, un islamista moderado.

No pudieron contra los millones de dólares gringos o las sumas procedentes de recursos públicos que se supone gastó el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA) —al frente del país desde la caída de Mubarak— para lanzar al general Shafiq como su candidato. Tampoco contra la alteración del registro de votantes, a favor, por supuesto,

de él.

A fin de cuentas, el ejército egipcio ha dominado la vida política, y Estados Unidos e Israel no van a permitir que la situación se les escape de las manos. Ellos también quieren a su Presidente en El Cairo.

En ese resultado también pesó la ausencia de unidad y coordinación entre las diferentes fuerzas con respaldo en el movimiento popular de la Plaza Tahrir. Si Morsi, Sabahi, Abulfutú y otras fuerzas políticas contrarias al mubarakismo, hubiesen presentado un candidato común, podrían haber ganado casi las dos terceras partes de los votos. Pero los Hermanos Musulmanes decidieron postular su propio aspirante, contrario a lo que dijo anteriormente. La desconfianza impidió que las otras fuerzas se imbricaran, lo cual hubiese sido suficiente para barrer a Shafiq en la primera ronda, aun sin el apoyo de la Hermandad.

Las últimas esperanzas de muchos de los protagonistas de la rebelión popular contra Mubarak era que el CSFA inhabilitara a Shafiq, en virtud de la Ley de Aislamiento Político, que prohibía a los altos cargos del viejo régimen postularse. Sin embargo, el Tribunal Constitucional cerró esa puerta este jueves cuando declaró ilegal dicha legislación.

El establishment egipcio dio un segundo golpe a favor de Shafiq: la anulación, también hecha por este tribunal, de un tercio de los escaños del Parlamento, dominado por los islamistas, y que ahora deberá disolverse y ser elegido nuevamente. La medida, que despierta alertas sobre un posible fraude y pone en duda la independencia del poder judicial, abre el camino para que el ejército tome el poder legislativo que perdió en los comicios que se celebraron entre finales de 2011 e inicios de 2012.

El panorama se encuentra bastante polarizado. Morsi estrenaría un gobierno islamista, una opción totalmente desconocida para los egipcios y a la que temen los defensores de un Estado laico y los cristianos. En tanto, el reaccionario Shafiq personaliza el retorno al pasado: no ha titubeado para decir que Mubarak es un «modelo» y que una vez se haga del timón del país, acudirá al aparato de seguridad y el ejército para frenar las protestas y restaurar el orden.

La incógnita es hacia dónde se moverán los electores que en la primera vuelta prefirieron otros candidatos. Pero lo seguro es que quien resulte presidente deberá atemperarse a un ejército muy fuerte que nunca ha querido soltar el poder.

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