Para que no falte ni sobre nada

Autor:

Heriberto Cardoso Milanés

Hace algún tiempo escuché la historia de Pancho Cartucho, un gallego dueño de una tienda a quien sus clientes apodaban de tal manera porque tenía el curioso hábito de anotarlo todo en hojas del papel que empleaba para envolver sus mercancías.

Cierto o no, el cuento no termina ahí. El caso es que el peninsular lo registraba todo: pasaba una raya al centro y a un lado de esta, el izquierdo, colocaba lo que recibía; mientras que, al derecho, todo lo que salía de su negocio.

—¡Vaya costumbre! —dirá usted. Pero el tema es que al gaito nunca le faltaba ni sobraba nada… Fin del cuento.

La moraleja vale para pasar revista a un asunto tan actual como los faltantes y sobrantes que sacuden la contabilidad de algunas de nuestras empresas, como reflejo de la poca salud de sus sistemas de control y registro de las operaciones.

¿Por qué faltan o sobran medios básicos, materias primas, insumos o productos? ¿O el efectivo en caja? ¿Por qué algo que según los libros debiera estar en un almacén o instalación, no se encuentra allí; mientras que otro objeto aparece en algún lugar y no se halla debidamente registrado?

Las respuestas pueden ser variadas; pero hay una que lo sintetiza todo: porque el control y registro de lo que se mueve en determinada entidad no es adecuado. Es decir: porque su contabilidad no es confiable.

Se dice rápido, pero las implicaciones que se derivan de ello son muy serias: pérdidas por problemas organizativos, robos, desvíos de recursos, mal manejo de fondos, descuido en el control de movimiento de medios, excesos por deficiencias en el registro de las operaciones, por solo enumerar algunas.

No por casualidad el Decreto Ley 281 de 2007, Sobre la continuidad y el fortalecimiento del Sistema de Dirección y Gestión Empresarial Cubano, establece que uno de los requisitos para iniciar la confección del expediente de cualquier empresa que aspira al Perfeccionamiento Empresarial es demostrar la eficiencia de su sistema contable, para lo cual exige la aplicación de auditorías que certifiquen la calidad del mismo. Si al hacer estas, los resultados no son satisfactorios, lo indicado es precisar un plan que defina fechas concretas en que han de ser eliminadas las deficiencias detectadas.

Uno de los artículos del citado documento resulta revelador de la importancia de este tema. El mismo señala: «La condición de tener una contabilidad que refleje los hechos económicos y un sistema de control interno que asegure el cumplimiento de los objetivos y metas de la empresa y la salvaguarda de sus medios, es un requisito permanente para la empresa que transita por los diferentes pasos del proceso de Perfeccionamiento Empresarial».

No solo para tales empresas —agregaríamos nosotros—, sino para toda aquella entidad socialista cuyos problemas contables pongan en entredicho la ética y nivel profesional de su gestión organizacional en todos los órdenes. Otro día quizá mencionemos algunas de ellas. Pero por hoy vale el alerta.

Quizá sea suficiente para que algunos aparatos contables de nuestras empresas actúen con el concepto ético de dueños colectivos y logren la eficiencia con que controlaba y manejaba sus bienes el comerciante Pancho Cartucho.

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