¿Usted no sabe quién soy yo? - Opinión

¿Usted no sabe quién soy yo?

Autor:

Osviel Castro Medel

Tal vez sea un campanazo interno o un criterio sustentado en la intuición primera, pero la frase la he sentido crecer hasta volverse peñasco; la he percibido multiplicada en diferentes escenarios, especialmente en aquellos vinculados a la reclamación de mejores servicios.

El «¿Usted no sabe quién soy yo?» se ha convertido para ciertos coterráneos en un ultimátum de urgencia con el que pretenden abrir portones, hacer bajar cabezas y recibir una alfombra roja.

Lo mejor (o peor) es que después de esa interrogante sobreviene la presentación amplificada: «Yo soy Jactancia Ventolera, reina de las hormigas de tres patas», o «yo soy Engreído Ego Magno, administrador de la tienda Las Vanidades Hinchadas».

Pudieron haber ganado una medalla en una latitud lejana, haber escrito episodios honrosos en el pretérito, poseer un carné (o solapín) del tamaño de la Luna... lo cierto es que al pasar del anonimato a la revelación de su «celebridad y categoría» dan por válida la tesis de la superioridad y del privilegio, que supone una obediencia veloz a sus demandas.

Y así echan por tierra la máxima que predica esta sociedad de iguales (no de igualitarismo), en la que ningún ser humano debería tener mayorazgo por sus méritos, premios, cargos, descubrimientos, títulos o historias.

De modo que no se trata de una simple frase lanzada como cuchillo intimidante, sino de una conducta ante las circunstancias diarias, que lleva a creerse cima antes que ciudadano común.

Incluso, algunos van más allá cuando, para exigir derechos, invocan lazos sanguíneos y descendencias cercanas o lejanas. El propio Engreído Ego Magno, citado anteriormente, pudo haber dicho, en cualquier discusión, que era primo quincuagésimo de Alejandro Magno con la idea de recibir un potro como galardón.

Mas no hay nada como la sencillez curadora de blasfemias, protectora contra creencias de nubes y soles; nada como la humildad que desinfla los globos del carácter y la vida.

Adelaida Artigado, escritora española —autodidacta, por cierto—, señalaba que «la humildad no permite hacer alardes de lo que se sabe o se tiene» y que no hace vanaglorias de sus triunfos.

A esa sencillez habrá que acudir siempre, en ejercicio de cobija, para decir mejor: «¿Usted no sabe quién soy yo?, un ser humano» antes que «¿Usted no sabe quién soy yo? Soy Luz Perfecta Estrella y lo voy a cegar con mi nombre y mi llama».

A esa humildad acudió incontables veces y sin miramientos el Che en su quijotesca existencia, al punto que cuando alguien de apellido Guevara le escribió con intención de reconocerlo como un posible familiar, él le contestó con sinceridad como piedra: «No creo que seamos parientes muy cercanos, pero si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros, que es más importante».

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.