Pistorius, entre la gloria y la pistola

Autor:

José Luis López

Era sábado 4 de agosto de 2012. En el estadio de Londres, se alistaban las semifinales de los 400 metros planos. Y en un carril irradiaba el corredor sudafricano Óscar Pistorius, primer doble amputado en competir en Juegos Olímpicos. Para nadie era un secreto: no avanzaría a la gran final. Sus rivales, sin limitaciones físicas, no se lo permitirían.

Entonces, sonó el disparo. Pistorius abandonó veloz el bloque de salida. Sus prótesis transtibiales, construidas con fibra de carbono, se flexionaron al máximo. El público lo vitoreó a lo largo de la carrera, en reconocimiento a su proeza. Mas no hubo cambio del guión competitivo.

Óscar no pudo subir al podio. Pero yo lo di vencedor. Con solo 11 meses, una malformación congénita llevó a que le amputaran sus piernas desde abajo de las rodillas. A pesar de todo, el osado joven se sobrepuso a las adversidades y lo incluí en mi «altar» deportivo. Pero actualmente lo he sacado y no tengo idea de adónde enviarlo.

Mi ídolo del 2012 me ha decepcionado en el 2014. Está acusado de asesinar, en el baño de su casa, a su novia Reeva Steenkamp, el 14 de febrero del 2013. El 3 de marzo se declaró inocente, al iniciarse el juicio, un año después de los hechos, y aseguró que la confundió con un intruso.

Sin embargo, emails, fotos, testigos... todo lo delata. En el juicio, el abogado defensor Barry Roux cuestionó al experto en telefonía móvil Francois Moller, quien reveló más de 1 700 mensajes intercambiados por la pareja. Moller calificó a Pistorius como un hombre celoso, al que Steenkamp temía. Sin embargo, Roux señaló que solo cuatro de los mensajes podían sostener esos argumentos. Hay otros muy sentidos, como en el que el corredor llama a Steenkamp con diminutivos cariñosos como «baba», «baby» y «ángel».

Una semana antes de ser asesinada, la joven modelo escribió: «No puedo ser atacada por gente de afuera por estar saliendo contigo y ser atacada también por ti, la única persona de la que merezco protección».

Inmediatamente después de dispararle, Óscar hizo varias llamadas, entre ellas a su amigo Justin Divaris. «Dios, llévame, maté a mi “baba”», aseguró Divaris que le dijo.

Mientras, una de las fotografías presentadas es del baño —el inodoro y el piso están ensangrentados— y en otra se muestra el bate que utilizó para romper la puerta, también manchado de sangre, al igual que sus prótesis.

Sin embargo, el mediático proceso aún no cierra. La jueza Thokozile Masipa indicó someter al atleta a una evaluación psiquiátrica en una institución estatal. Pistorius se presentó el martes para un examen médico de 30 días en el hospital psiquiátrico Weskoppies, en Pretoria.

Allí lo monitorea un equipo de psiquiatras y psicólogos, que luego deberá enviar sus informes a la abogada criminalística del tribunal, William Booth.

«Si se determina que (Pistorius) no está en condiciones de afrontar un juicio y que no puede comprender lo que está ocurriendo en el tribunal o en el momento del incidente, o no puede distinguir entre lo que está bien y está mal... entonces será derivado a una institución mental como un paciente estable. Podría estar allí el resto de su vida», dijo Booth.

En mi opinión, que no soy abogado, sobre Pistorius debe caer la más severa sanción. Pero salga absuelto o no, ha decepcionado a sus seguidores. Un campeón es un patrón de conducta a seguir, en el cual «se miran» todos los jóvenes del mundo. Y dispararle a otro ser humano no tiene perdón. ¿Qué me dicen?

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