La impronta del profesor Alemañy

Autor:

Julio César Hernández Perera

Una noticia mostrada a través de la red de salud de Cuba (Infomed), del Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas, hizo que la Medicina cubana se vistiera de luto: el pasado 20 de septiembre falleció a la edad de 92 años el profesor Dr. Jaime Alemañy Martorell.

Para algunos pudiera tratarse de un desconocido. Para los profesionales de la salud, sin embargo, no lo es. El querido profesor se ganó el cariño y el respeto por su gran bondad, por su determinación de estar del lado de los más necesitados, y por contribuir a hacer grande la Oftalmología cubana.

Fue especialista de segundo grado en esa especialidad, profesor de Mérito de la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana, Profesor titular y Doctor en Ciencias. A través de Infomed se nos comunicó que entre las ofrendas florales que acompañaron la ceremonia de su despedida se encontraba la de Fidel.

Para los médicos que hemos sido formados por la Revolución sería obvio relacionar la presencia de Alemañy con la rotación de Oftalmología durante la carrera: aprendimos a través de sus libros, los cuales constituyen obra de referencia para la enseñanza universitaria.

Pero ese no es el único mérito del prestigioso profesional nacido el 20 de julio de 1922, hijo de una familia pequeño-burguesa y graduado como médico en 1951.

Su origen no ahogó su anhelo de identificarse con los pobres y con las ideas revolucionarias: durante la dictadura batistiana colaboró con el Movimiento 26 de Julio y con el Directorio Revolucionario.

Desde el año 1955 comenzó a trabajar como oftalmólogo en varias instituciones, y a partir de 1959 su labor alcanzó verdaderos bríos.

Al triunfo de la Revolución, cerca del 90 por ciento de los oftalmólogos ejercían en consultorios privados de la capital, sobre todo en el Vedado y Centro Habana. Así era mientras escaseaban en otros lugares del país: en Camagüey había dos oftalmólogos; y en Pinar del Río, solo uno.

Entre 1959 y 1965 abandonaron el país casi la mitad de los 6 511 médicos que Cuba tenía. De los oftalmólogos solo quedaron 34; y de los optometristas, menos de un centenar.

El Dr. Jaime Alemañy Martorell fue uno de aquellos que decidieron permanecer en el país a pesar de las enormes coacciones imperiales que pretendían privarnos de los médicos: en 1962, por ejemplo, después de que Cuba fuera expulsada de la Organización de Estados Americanos (OEA), los oftalmólogos que habían quedado en Cuba fueron relegados de la Organización Panamericana de Oftalmología —entre ellos se encontraba Jaime Alemañy—; e ignominiosamente fueron acogidos, en representación de Cuba, los especialistas que habían abandonado la isla. La mayoría de estos vivían en Estados Unidos.

Alemañy asumió desde los primeros años de la Revolución tareas de coordinación nacional relacionadas con el desarrollo de la Oftalmología, y otros asuntos en la administración de salud, como la de delegado del entonces  ministro de Salud Pública, Dr. José Ramón Machado Ventura. Asumió la dirección del Hospital General Calixto García en 1968. Fue jefe del Grupo Nacional de Oftalmología, estuvo al frente del Servicio de Oftalmología del Hospital Comandante Manuel Fajardo, y después del Servicio de Oftalmología del Hospital Hermanos Ameijeiras.

Algunas veces solo miramos como referencia la gigantesca obra, la ayuda que brinda Cuba a otros países del orbe en el campo de la Oftalmología, como la Operación Milagro. Pero no debemos soslayar otras gestas: en la actualidad Cuba cuenta con algo más de 2 000 médicos dedicados a la Oftalmología, extendidos a lo largo del país (el 74 por ciento son mujeres). Cada año ellos realizan cerca de 1 800 000 consultas de Oftalmología (unas 16 por cada cien habitantes).

Podríamos decir entonces que el profesor Alemañy no será olvidado: gracias a su ejemplo y dedicación, muchos profesionales —sobre todo de la Oftalmología— crecieron como prueba de una impronta, de un humanismo que será difícil ocultar o extinguir.

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