Pensamiento, dile a Fragancia

Autor:

Lisandra Gómez Guerra

A la finca La Anita, en el poblado espirituano de Guasimal, arribaron en junio de 1915 cerca de un centenar de hijos de las más ilustres familias de la sociedad yayabera de la época. Escasos carros, junto a carretones llegados desde la villa, se cobijaron bajo la sombra de la frondosa arboleda que ofrecía la bienvenida en la casona de Don Juan Ordaz, un reconocido hacendado de la localidad.

El espíritu festivo delataba a cada uno de los intrusos del tranquilo paraje. Nadie pretendía perderse una celebración que prometía ser todo un suceso. La hija del acaudalado Don, Rosa María, festejaba sus 16 primaveras.

Como todo cumpleaños, la comida y bebida corrían de una punta a la otra de la suntuosa vivienda, donde también se le dio abrigo a lo mejor de la música espirituana. Mujeres y hombres, jóvenes en su mayoría, se deleitaban en aquel ambiente seductor.

La mayoría de la villa espirituana asistió al encumbrado suceso y como parte de esa generación, el trovador Rafael Gómez Mayea, Teofilito, tampoco se quiso perder la fiesta. Recorrió los más de 20 kilómetros que separaban a la urbe de la tan pintoresca hacienda. Pero curiosamente, su llegada no pasó inadvertida. No solo debido a que ya era un bardo reconocido por robarle el suspiro a más de una dama en noches de serenatas, sino porque desde que puso pie en el salón la homenajeada mostró mucho interés por él.

Tan así fue que en reiteradas ocasiones Rosa María se le acercó para pedirle que le cantara alguna melodía, pero él se hizo el desinteresado. El resto de los invitados no perdía de vista la insistencia de la jovencita hacia el humilde músico, domador del clarinete, la flauta y la guitarra.

Ante tanta indiferencia, cuando el sol se puso, muchos escucharon el desafío lanzado por la cumpleañera a Teofilito: «Piense en mí», dijo entregándole un racimo de uvas.

Justo a tiempo para que uno de los invitados propusiera realizar un juego de moda en las fiestas juveniles, en el que las muchachas llevaban nombres de flores y los hombres debían descubrir quiénes los portaban. Rosa María recibió discretamente el de Fragancia y una amiga de Rafael Gómez adoptó el sobrenombre de Pensamiento.

Cuando le tocó participar al bardo espirituano le dijeron que debía buscar y bailar con la muchacha a la que se le había adjudicado el seudónimo de Fragancia. Pero Rosa María, ansiosa de ser descubierta por el trovador, le hizo una seña. Él, sin poder resistir una insinuación más, jugó seguro, y ahí surgió la verdadera historia de una criolla que ha identificado desde entonces a Sancti Spíritus.

Teofilito inmediatamente, sin demostrar mucho esfuerzo, compuso en pocos minutos un tema para declararle su amor a la cumpleañera:

Pensamiento dile a Fragancia/ Que yo la quiero y no la puedo olvidar/ que ella vive en mi alma/ anda y dile así…

Y aunque desde la misma invitación de los anfitriones todos conocían que la fiesta atraparía los titulares de la crónica social, quizá nadie previó que justo delante de tantos testigos había nacido un himno musical de factura yayabera.

A Teofilito se le conocen más de 200 composiciones; incluso, a su juicio, de superior factura que Pensamiento, pero justo esta desde su grabación en 1928, por Rita Montaner a dúo con Eusebio Delfín, lo catapultó a la fama mundial.

Probablemente porque esa melodía criolla ha sabido trascender en el tiempo como sello de una época, sus grabaciones, ya en un total de 23, continuarán y estarán siempre presentes por intérpretes de nuevas generaciones que la reconocen como símbolo de un siglo de vida y espriritualidad.

Comparte esta noticia



Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.