Pensamiento y acción

Autor:

Graziella Pogolotti

Nacidos acá o allá, algunos personajes singulares modificaron con su conducta el tradicional cruce de miradas entre uno y otro lado del Atlántico. Fueron auténticos transgresores. Nacido en Santiago, yerno de Carlos Marx, Pablo Lafargue no se limitó a movilizar las nacientes fuerzas socialistas y a divulgar El Capital, la monumental obra que había visto crecer. A pesar de su formación europea, algo sobrevivió en él de su origen caribeño. En sus escritos, rozó el tema colonial y predicó la plena emancipación humana.

Nacida en Europa, hija natural de un oligarca peruano, Flora Tristán conoció en su primera infancia a los dos Simones —Bolívar y Rodríguez—. Huérfana, quedó en la miseria. Para sobrevivir malamente, le impusieron un matrimonio. Soportó las peores vejaciones. Escapó y fue perseguida por la justicia. Emprendió un interminable viaje desde Francia hasta Arequipa atravesando el estrecho de Magallanes, para reclamar la herencia de su padre. Nada recibió, pero la experiencia le deparó aprendizaje y le permitió diagnosticar las profundas injusticias sociales que subsistían, pese a la instauración formal de la república peruana.

De regreso a Francia recogió en un libro su vivencia americana. Se dedicó por completo a la causa de la mujer y el proletariado. Sin llegar al socialismo científico, comprendió las debilidades del utópico. Trató de organizar a los obreros, pero su tarea fue sobre todo didáctica, orientada a despertar a una masa embotada por el analfabetismo, el hambre y el alcohol. En su recorrido por ciudades industriales francesas, Flora Tristán, en diálogo abierto con los trabajadores, iba sembrando conciencia.

A comienzos de 1959, mi padre publicó un artículo en el periódico El Mundo, en el que destacaba las cualidades didácticas de los largos discursos del compañero Fidel. A pesar de la euforia del momento, se imponía el deber de abrir horizontes, explicar el porqué de las cosas sin ocultar las dificultades previsibles. La historia cobraba sentido en términos de experiencia acumulada. De la República Neocolonial emanaba un saber constituido sobre la realidad social y económica del país. Había contradicciones insalvables sustentadas en diferencias ideológicas, estratégicas algunas, tácticas otras. Pero representantes de intereses antagónicos coincidían en el diagnóstico. El amplio espectro incluía al conservador Ramiro Guerra, al marxista Rubén Martínez Villena y al fundador de la Joven Cuba, Antonio Guiteras. No habría nación verdadera mientras los cubanos no fueran los dueños de su patrimonio, la tierra, el subsuelo y los bienes fundamentales de la economía.

Sin embargo, mediado el siglo XX, el poderío del imperio se había acrecentado. Sobre la ruina de Europa y sobre la guerra librada en el Pacífico, el complejo militar industrial alcanzó fuerza inigualada en la historia, aparejado al poder del capital financiero. Los problemas de Cuba no podían entenderse al margen de una perspectiva internacional en la que se delineaba también un impulso descolonizador. La Isla, en voz de Fidel, tomó la palabra en nombre de los pobres de la Tierra. Se situó junto a las personalidades históricas del Movimiento de los No Alineados.

Similar visión estratégica nutrió la gran batalla librada en los años 80 para desenmascarar los peligros derivados de la impagable deuda externa. La situación más crítica aparecía en la América Latina, donde las dictaduras abrieron el camino al neoliberalismo. El estallido más espectacular se produjo en la Argentina. Afectó a millares de ahorristas que vieron esfumarse los recursos para el amparo a la vejez. Espontáneamente, los obreros tomaron el control de algunas fábricas, se articuló la solidaridad popular, surgieron los piqueteros y la caída de los Gobiernos fue expresión de la ingobernabilidad. Lo ocurrido en América Latina anunciaba lo que iba a suceder en Europa. La crisis inmobiliaria transformó la alarma en realidad concreta.

Sobre la implacable deuda, originada en alegres préstamos bancarios y acrecentada por la multiplicación de los intereses, se aplican las llamadas políticas de ajuste. En Europa se diluye la sociedad de bienestar. Los jubilados, los discapacitados, los más vulnerables, son las primeras víctimas. La salud y la educación pasan al sector privado. Los beneficios obreros, fruto de una lucha secular, se van perdiendo como consecuencia de la fragmentación de las organizaciones sindicales y por la renuncia a principios internacionalistas en una época de globalización del gran capital.

El caso griego ilustra dolorosamente este panorama. El pequeño país esquilmado se debate, solitario, ante el chantaje conjugado de sus acreedores. El FMI endurece sus posiciones, porque el dinero no tiene olor, y la sangre no lo contamina.

Hay dos maneras de afrontar la vida. Una de ellas consiste en evadir los problemas en el transcurso del día a día y, en ocasiones, dejarse encantar por el canto de las sirenas. La otra se manifiesta en la necesidad imperiosa de atender las coordenadas fundamentales del mundo que nos rodea. Los tanques pensantes han construido una conceptualización de la economía, de la historia y de las ciencias sociales. Corresponde a las víctimas potenciales edificar un pensamiento que desentrañe las contradicciones latentes en la realidad y elaborar los principios básicos de la resistencia. En este contexto dominado por principios utilitaristas de ganancia, se perfila la muerte del espíritu. De ocurrir así, será el fin de nuestra especie.

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