Con muchos que se quieran… mucho

Autor:

José Alejandro Rodríguez

Amaury Pérez Vidal anda por su segunda «redada» en la saga de entrevistas a personalidades de la vida cubana, bajo el amoroso título de Con dos que se quieran; un programa que, con sus altas, medias y bajas, ha enriquecido espiritualmente a los telespectadores, entre tanta cursilería y frivolidad que nos rodea en este mundo y en el propio país. Un programa marcado por la inteligencia y la sensibilidad de entrevistador y entrevistados.

El acierto esencial de Con dos… es hurgar en la vida y el alma de personas notorias, no para chismear como la vecina del barrio —aunque a veces irrumpe cierto cotilleo—, sino para extraer de esos seres insólitos, en amena conversación, destellos de virtud y valores humanos que nos alumbren y nos ayuden a ser mejores.

El guión, la dirección y la conducción auténtica de Amaury, junto a un equipo muy profesional que todo lo pone en función de esa «descarga» sustanciosa y sentimental, han logrado que Con dos… levante la autoestima y el orgullo de ser cubano, en tiempos en que ciertos serviles se postran y deslumbran ante la arremetida global.

Otro acierto que entrevera el «descubridor» en cada uno de sus sondeos es mostrar en los rompecabezas de esas vidas, sin didactismos ni melosas moralinas, las piezas claves de la felicidad que se siente al servir al prójimo y dignificarlo desde diversos menesteres, disciplinas y ópticas.

La conversación, que se muestra elegante pero no encartonada, tampoco elude la problematización y las referencias a las sombras del mal que han acechado y acechan a seres que se crecen por sobre sus propios sufrimientos, reveses y desgracias. Seres iluminados por el coraje y la valentía de vivir.

La entrevista es uno de los géneros periodísticos más difíciles y riesgosos. Y Amaury, que ni mucho menos es un periodista, intuitivamente o quizá bien asesorado, sale airoso en aquello de investigar anticipadamente en claves del entrevistado, y lograr una dramaturgia creciente en el toma y daca, con preguntas bien balanceadas y verdaderamente indagatorias, que sorprendan, hagan pensar al personaje invitado y desaten su autenticidad.

La atmósfera cognoscitiva y afectiva del programa no elude la conflictualidad, el criterio muy personal y la valentía de esgrimir las propias verdades, tanto por el entrevistador como por quienes responden. Al final, quedan gravitando interrogantes, dudas, y lo que inquieta sin una respuesta definitiva.

Precisamente por su valía y audacia, a Con Dos… le señalaría como fiel televidente —no crítico especializado— algún que otro lunar, como que el entrevistador, quien no debe ser el personaje principal, se regodea demasiado en las interioridades de su amistad con los invitados. Hace falta también entrevistar a distancia, y que el cariño y la admiración se sugieran más y no se expliciten tanto.

Y en cuanto a la escogencia de los invitados, todavía llevan el mayor peso figuras del espectáculo, los medios de comunicación y la cultura en general. Sería muy enriquecedor que el programa se abriera mucho más a cubanos notorios e insólitos en otras esferas de la vida, que han contribuido a dignificar este país.  En Cuba levantas una piedra y hay un personaje fuera de serie donde menos te lo imaginas.

Al final, habrá que agradecerle siempre a Amaury Pérez Vidal ese visor agudo y entrañable con que nos acerca a tantas vidas humanas que sazonan nuestra identidad nacional. Con muchos que se quieran mucho, Cuba seguirá engrandeciéndose de corazón y de inteligencia.

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