Ordenar no es prohibir

Autor:

Nelson García Santos

La afirmación de que las rejas empotradas en viviendas, balcones y portales son imprescindibles a fin de prevenir un posible robo fue el alegato más recurrente de los internautas colgados al comentario de este redactor ¿Rejas? Solavayaaaaa! (15 de julio).

Argumentaba, en esencia, lo incorrecto de colocar verjas que abrieran hacia la calle, lo toscas que resultan muchas y el posible riesgo de aquellas por las tormentas eléctricas. Expuse que para abrir hacia afuera tenían que tener dos piezas con bisagras para poder pegarlas a la pared exterior, a la usanza de las antiguas. Antes estaba vedado hacerlo de la otra manera.

También dije que cada cual puede decidir si vive o no tras aquellas, pero sugerí implementar reglamentaciones con el fin de evitar afectaciones en el entorno o, incluso, a los vecinos, según argumentó una de las internautas.

De hecho abogué, clarísimamente, por el ordenamiento y no escribí ni una línea para promover la prohibición, como interpretaron algunos enrejados, a partir, al parecer, de una lectura más ofuscada que razonada.

Bien, usted tiene el derecho a cercarse entre barrotes, es su decisión. Ahora, deben existir normas para impedir que cada cual haga lo que mejor le plazca, a costa de invadir el espacio público, afear el entorno e, incluso, perjudicar a sus vecinos.

Claro, cuando la tranquilidad ciudadana de la que gozamos se ve resquebrajada, más frecuentemente, muchos, que tampoco significan mayoría, asumen por su cuenta las medidas de protección.

La decisión personal de poner o no barrotes merece respeto, pero debe concretarse sin perjudicar a nadie. Y ahí están las reiteradas quejas, porque abundan quienes las mantienen abiertas e interrumpen el paso por la acera y, además, hasta las abren, de súbito, sin cerciorarse si va pasando algún transeúnte.

Ordenar, el término que utilicé, nada tiene que ver con prohibir, ni tampoco propuse, como alegaron determinados internautas, que les desmontaran las rejas. ¡No! Simplemente se trata, por elemental sentido común, de establecer pautas para una acción individual con repercusión en el paisaje urbanístico, reflejo de la imagen de ciudades que puede enaltecer o desdecir.

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