El abrazo de Chávez y Fidel

Autor:

Wilmer Rodríguez Fernández

CARACAS, Venezuela.— Transcurría el primer año del siglo XXI, y cursaba el onceno grado en el único preuniversitario de Nueva Paz, entonces provincia de La Habana, hoy Mayabeque. Aún recuerdo la noche del 30 de octubre, cuando la Televisión Cubana informaba sobre la firma de un convenio de cooperación entre el Comandante en Jefe Fidel Castro y el recién electo presidente de Venezuela Hugo Chávez Frías. Vi la noticia como muchos en el mundo, pero jamás imaginé en aquellos tiempos en que vestía de azul que 15 años después, ya como periodista, apreciaría en tierras bolivarianas los frutos de aquel acuerdo estratégico firmado en Caracas.

En los trazos de Chávez y Fidel sobre el documento, millones de cubanos vimos una luz esperanzadora después de las oscuridades económicas de los años 90. Se decía que 53 000  barriles de petróleo venezolano llegarían diariamente a nuestro país, y que Cuba enviaría a Venezuela a miles de profesionales para curar enfermos muy pobres que no podían pagar por su salud en clínicas privadas, y enseñar a leer y escribir a los casi dos millones de analfabetos. Era la primera gran ayuda que recibíamos desde otro Gobierno después del deshielo soviético.

En 15 años, los 53 000 barriles diarios se han convertido en 97 000, y más de 200 000 profesionales cubanos, en su mayoría médicos, han llegado a las comunidades más intrincadas de Venezuela. Pero más allá de los números y el canje de bienes y servicios, el convenio entre Chávez y Fidel ha logrado un intercambio de costumbres y sentimientos de dos pueblos de América.

Aunque a Cuba y Venezuela las unen el Caribe, la cultura y la historia, fue después de 1999 que los cubanos conocimos más de Bolívar, aprendimos por vez primera estrofas del himno que honra la gloria del bravo pueblo y vimos la llegada a nuestro país de cientos de venezolanos que la Misión Milagro llevaba a recuperar la visión. Cada visita de Chávez a la Isla era para nosotros una alegría, como esa que se siente cuando llega un buen amigo.

Ahora somos como hijos de dos naciones que desde 1999 viven juntos en estas tierras de joropo, arpa y cuatro, donde los que llegamos de la Isla desayunamos arepas de maíz y los venezolanos cenan arroz congrí.

En no pocos lugares de la geografía venezolana se escucha la música de Silvio, Buena Fe, Gente de Zona, Polo Montañés y un día en un cerro de Caracas me sorprendió la voz inconfundible de Celina; y es porque esas canciones las han traído los cubanos, esos seres que siempre llevamos la Isla en el alma. En Venezuela vemos a Cuba desde las colinas de Táchira, Mérida y Trujillo, hasta los cerros de Caracas, los llanos y la costa caribeña.

Después del convenio, los dos pueblos se han unido aún más. Ya es común escuchar en un barrio pobre de Valencia a un instructor de arte cantar ¡Cuba, qué linda es Cuba!, acompañado por un cuatro venezolano, o ver cómo la experiencia del habanero grupo de teatro infantil La Colmenita nace en una comunidad pobre muy cerca del Cuartel de la Montaña, donde vive eternamente el líder venezolano.

Cuba estará por siempre en la memoria de agradecidos como Cruz Vizcaíno, una enfermera de la Isla de Coche, muy cerca de la turística Margarita, quien no olvida los nombres de los doctores Pino, Edel y Francisco, los tres primeros médicos cubanos que llegaron a esa tierra en 2003. Ellos hace muchos años que se despidieron del pueblo de pescadores, pero allí se les recuerda con cariño.

El convenio lo vi una y otra vez en el cerro de Morrocoy en Vargas, cuando Ana, Mireya y decenas de venezolanos compartían hayacas, canciones y risas con Yaniluz, Antonio, Omarito y Yovalis, cuatro instructores de arte de aquellos que nacieron hace ya algunos años en las escuelas fundadas por Fidel.

Después de la rúbrica de los Comandantes, los cubanos nos sentimos más latinoamericanos y el pueblo de Venezuela más cubano, porque era aquel un convenio diferente, un intercambio que iba más allá de compensar servicios y mercancías; era la hermandad de dos pueblos. Quince años más tarde Cuba y Venezuela, Raúl y Maduro, siguen juntos desafiando peligros y maldades del destino. Los hijos de Guaicaipuro y Hatuey, de Bolívar y Martí se quisieron más después de aquel día de octubre, en que aún no imaginaba ser periodista cuando vi por televisión, al finalizar la firma del convenio, el abrazo de Chávez y Fidel.

*Corresponsal de la Televisión Cubana en Venezuela

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